miércoles, 11 de mayo de 2016

Para Reflexionar: Lo importante "Leer antes de comenzar el parcial"


En estos últimos días circuló por las redes sociales un mensaje que una docente universitaria les entregaba a sus alumnos antes de un parcial. La verdad es que leer esa equela, me llevo a reflexionar en la importancia de estos mensajes; que permiten volver pensar el sentido que muchas personas le da a la educación universitaria, no como un proceso de aprendizaje y desarrollo personal, en sí mismo, enfocado en los gustos y la vocación del estudiante, sino en un medio para lograr otros objetivos, generalmente materiales. La primacía de ésta última construcción paradigmática irremediablemente logra una mayoría de estudiantes insatisfechos, que termina abandonado sus estudios universitarios, al no encontrarle sentido al sacrificio que implica el recibirse, o lo que es peor, egresando futuros profesionales frustrados, que trabajan en empleos que odian, haciendo tareas que no soportan.



Según tengo entendido, Andrea Tirra, docente de la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ), de la carrera de Relaciones del trabajo es la autora de este mensaje, en forma de esquela, que transcribo a continuación:

En lo posible haga letra clara, escriba tranquilo/a y pausado/a. TENEMOS TIEMPO DE SOBRA.

Las preguntas son teóricas, responden a lo que trabajamos en clase. SE PREGUNTA SÓLO LO TRABAJADO, CONFÍE EN SUS RECURSOS, UD. SABE.

Los exámenes son sólo fotos de su conocimiento al momento presente. USTED DARÁ LO MEJOR DE SÍ SIN NINGUNA DUDA. ESTÁ AQUÍ POR SU VOLUNTAD, NO SE PRESIONE. CONFÍE.

Y RECUERDE: Esto es un parcial, simplemente está escribiendo sobre lo que sabe de lo que ha elegido estudiar. Todo va a estar BIEN.

SONRIA HOY ES UN NUEVO Y HERMOSO DÍA

jueves, 5 de mayo de 2016

Sistema de Constelaciones de Trabajo: la gente "Desistemas"


En las oficinas conviven distintos tipos de personas y profesiones, todo ello de acuerdo a la dimensión de la organización y sus propósitos. Henry Mintzberg (1983) nos explica que la gente se agrupa con sus pares (no en relación con la jerarquía ni aun necesariamente con nuestras cinco partes) para hacer su trabajo. Cada grupo o constelación trata con distintas decisiones apropiadas a su propio nivel en la jerarquía, y está unido sólo flojamente con los otros, definiendo a la organización como un Sistema de Constelaciones de Trabajo, cuando nos explica su funcionamiento.

En el artículo publicado en el diario La Nación, Sistemas: un impenetrable mundo, su autor Diego Cabot, nos acerca algunas claves para entender y comprender las tareas que llevan a cabo estos profesionales dentro de una organización.

Leemos en el artículo:

Si hay un grupo de personas cuyo trabajo es absolutamente desconocido por el resto de la organización, pues esos son los de sistemas. Nadie sabe qué hacen y cómo llegan a sus objetivos; cómo se especializan y cómo resuelven los intríngulis más complejos de una empresa. Pero lo hacen.

"Nunca le pregunte nada a un integrante del equipo de sistemas. No están preparados psicológicamente para contestar. Ellos resuelven, en silencio. Sólo dialogan con las máquinas", dice, sombrío como nunca, el Gurú de la cortada de la calle Estomba.

Así son "los de sistemas", integrantes de una porción cada vez mayor de las compañías, tan imprescindibles para los negocios modernos como incomprendidos por sus compañeros de trabajo.

Lo primero que hay que saber es que en ese universo llamado "los desistemas" [sí, así, como se pronuncia sin espacio entre "de" y "sistemas"] conviven especies variadas. "Sólo ellos saben los límites entre las responsabilidades y los oficios de unos y otros. No se le vaya a ocurrir preguntar", advierte el Gurú.

Lo primero que hay que saber es que nos será posible conocer su arte. Desarrolladores Java, operadores SAP, programadores, otros consultores Oracle, soporte técnico, analista programador, analista funcional de aplicaciones o auditores de sistemas. Hay también analista funcional de aplicaciones, responsables de seguridad informática o programadores Linux, por no pensar en los responsables de la tecnología cloud o en los analistas de incidentes de los llamados help desks, más conocidas como mesas de ayuda.

La especificidad de sus artes los tornan únicos e irreplicables. Si una tarde un experimentado consultor SAP o un programador Java se resfría, pues nadie tomará su trabajo. Todo se hará a su regreso.

En lo que atañe a la relación con otros miembros de la organización, como bien dijo el Gurú, los desistemas nunca contestan cuestiones técnicas. O son sordos o prefieren callar, una de dos. Lo cierto es que se sientan en sus computadoras o en máquinas ajenas, lo mismo da, y allí empiezan el diálogo con el inanimado sistema. Sólo largan un par de frases relacionadas con las contraseñas. Nada más. Saben que cualquier explicación que den caerá en saco roto. Ni se molestan entonces.

Otra de las características que tienen es que son consultados por innumerable cantidad de nimiedades que generalmente no suelen importarles. Los desistemas andan por los pasillos de la compañía y, al paso, los otros empleados los aprovechan como para preguntarles por qué la computadora de su casa anda lenta o si tienen idea cómo bajar un antivirus para luchar contra piratas y enfermedades en las PC. Es imposible que una persona que no sabe nada del asunto -la gran mayoría de los mortales- pueda entender si un hombre desistemas que lo puede todo no sepa resolver un problema de PC doméstico.

"Se olvida de algo. Vaya a sus escritorios, hay muñequitos y robots. Y muchos de La guerra de las galaxias. Les encanta", dice el Gurú.






Para Reflexionar: "El nuevo desafío que enfrentamos como adultos no es aprender, es desaprender"

La presente es la reproducción de un artículo publicado en el diario La Nación; Santiago Bilinkis, nos comenta:


La necesidad de seguir actualizando nuestro saber a lo largo de toda la vida lleva a renunciar a la comodidad que ofrece el terreno conocido.
Através de la historia, la humanidad fue acumulando conocimiento de manera gradual y lenta. El ritmo al que el saber perdía vigencia era también lento y eso nos llevó a diseñar nuestra vida con una etapa inicial de aprendizaje que incluye unos 10 a 20 años de educación formal e informal, para luego dedicar el tiempo que nos quede a aplicar el saber adquirido en nuestra tarea profesional adulta. En esa segunda etapa, la mayoría dedicamos mucho menos tiempo a seguir estudiando, a actualizar lo que aprendimos, que en aquellos años formativos iniciales.

La aceleración del cambio de las últimas décadas está poniendo en jaque esta manera de encarar la vida. ¿En qué medida puede, por ejemplo, un médico formado hace 30 o 40 años ejercer su actividad de manera efectiva hoy? ¿Cuánto tiempo debería dedicar a ponerse (y luego mantenerse) al día al ritmo que se genera nuevo conocimiento? ¿Y cómo es posible compatibilizar esa gran inversión de horas con la alta demanda que ya implica su trabajo diario actual? La idea de estudiar una carrera durante 4 o 5 años de joven para adquirir el saber de nuestra profesión y luego trabajar de ella por el resto de nuestra vida empieza a resultar insostenible. Samuel Arbesman, en su libro La vida útil de los datos, estima que en la mayoría de las áreas la "fecha de expiración" del conocimiento no llega hoy a los 10 años.

Esta reciente necesidad de seguir actualizando nuestro saber a lo largo de toda la vida ha puesto en foco la atención de muchos investigadores en la dificultad creciente de aprender en la edad adulta. Sin embargo, para mí esta manera de ver el tema pasa por alto el aspecto más problemático. El nuevo desafío más difícil que enfrentamos como adultos no es aprender. Es desaprender.

Todo conocimiento nuevo que adquirimos debe integrarse conceptualmente con nuestros saberes previos. Algunas novedades encajan fácilmente con lo que ya sabíamos y nos resulta rápido y sencillo incorporarlas, porque refuerzan nuestras creencias. Pero otras novedades chocan con algunas de las certezas que el estudio y la experiencia previa nos llevaron a adquirir y entran en conflicto con nuestra manera de ver el mundo. En algún sentido, como niños éramos un recipiente vacío, listo para ser llenado. Como adultos, estamos ya llenos de convicciones y prejuicios. Agregar contenido implica en ocasiones desprendernos de lo previo, renunciar a la comodidad que ofrece el terreno conocido.

Es importante entender que en este proceso nuestras tendencias mentales no nos ayudan. El brillante psicólogo israelí Daniel Kahneman mostró con sus experimentos que la "resistencia al cambio" y la "preferencia por el statu quo" son dos sesgos cognitivos que están profundamente arraigados en el funcionamiento de nuestra mente. Una vez que sabemos algo, nos cuesta muchísimo revisarlo.

Si nos dejamos llevar por nuestras tendencias naturales será fácil disfrazar la resistencia al cambio con racionalizaciones que nos eviten el problema de desaprender. Pero como seres culturales que somos, tenemos el exclusivo privilegio de poder pelear contra nuestra naturaleza. Sólo a partir del esfuerzo consciente por volver a poner un signo de pregunta a nuestras certezas podemos encontrar el camino a desaprender y reaprender como modo de vida.

El desafío es grande, pero el premio también: en el plano social, la oportunidad de ser protagonistas del mundo que viene. En el plano personal, seguir creciendo y ampliando nuestros horizontes, cualquiera sea la edad que tengamos.

El autor es emprendedor y tecnólogo, autor del libro Pasaje al futuro (Sudamericana)