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martes, 25 de febrero de 2025

Huellas: Ni grados ni postgrados: microcredenciales - artículo

Hoy presentamos un posteo de Virginio Gallardo, sobre como encara la Unión Europea la formación de futuros profesionales. En dicho posteo comenta: Vamos hacia una nueva formación continua: ni grados ni postgrados: microcredenciales Las universidades preparan su oferta propia de cursos profesionalizadores de corta duración, homologables en la UE y que respondan a necesidades concretas de las empresas

Y nos presenta el siguiente artículo de Rafael Servent:

Ni grados ni postgrados: microcredenciales

Las universidades preparan su oferta propia de cursos profesionalizadores de corta duración, homologables en la UE y que respondan a necesidades concretas de las empresas

Las microcredenciales pueden revolucionar la formación universitaria que hemos conocido hasta ahora. Con la voluntad de ser accesibles a cualquier ciudadano sin importar su nivel formativo, estos cursos profesionalizadores de corta duración, homologables en Europa y que responden a necesidades concretas de las empresas, están en la agenda estratégica de todas las universidades de la Unión Europea.

Tras el apoyo de la Comisión Europea a la recomendación del Consejo de la Unión Europea, en junio de 2022, de impulsar «el desarrollo, la aplicación y el reconocimiento de las microcredenciales en todas las instituciones, empresas, sectores y fronteras» de la Unión Europea, en junio de 2023, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades creó el Plan Microcreds, un fondo de 50 millones de euros para el desarrollo de microcredenciales universitarias, que deberían desplegarse entre el segundo semestre de 2023 y el primer semestre de 2026.


En este tiempo, algunas universidades, como la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), ya han puesto a disposición de la ciudadanía amplios catálogos de microcredenciales (con 64 certificaciones a día de hoy en la UOC), mientras que otras universidades, finalizados sus planes piloto, se aprestan ahora a sacar al mercado sus propios catálogos.

Es el caso de la Universitat Rovira i Virgili (URV), que acaba de finalizar, con ocho alumnos inscritos, la prueba piloto de su primera microcredencial, un curso de 10 créditos que lleva por nombre Front End Web Developer, impartido por el Centre de Formació Permanent de la Fundació URV a partir de la primavera de 2025.

Esta microcredencial estará acompañada por otra docena más (con el objetivo de tener un primer catálogo de 14 microcredenciales), que buscarán desarrollarse en colaboración con empresas y sectores económicos, con la voluntad de ofrecer formaciones profesionalizadoras muy orientadas a las necesidades específicas del mercado laboral.

En el curso de Front End Web Developer, su desarrollo ha contado con la colaboración de CaixaBank Tech, Incapto y el Cluster TIC Catalunya Sud. El gerente de esta última organización empresarial, Sergi Novo, reflexiona sobre las oportunidades que se abren con las microcredenciales universitarias: «Vemos una oportunidad para cubrir gaps que la oferta reglada actual no puede cubrir suficientemente bien o con suficiente profundidad, atendiendo a las demandas del sector».

En su opinión, estas microcredenciales -que en un futuro podrían incorporar, en colaboración con el Cluster TIC Catalunya Sud, otras disciplinas como la Inteligencia Artificial, el Cloud Computing o la Ciberseguridad- permiten, por un lado, «generar especialización de talento TIC» con «una forma muy interesante de organizarnos, porque son una puerta para ser más ágiles y precisos, y potencian que pueda ser la propia gente del sector la que pueda formar».

Por otro lado, permiten, prosigue Sergi Novo, «la hibridación de perfiles no TIC, añadiendo a esos perfiles una capa TIC que les permite tener una ventaja competitiva». En este punto, el upskilling (adquirir nuevas competencias para mejorar el desempeño) y el reskilling (adquirir nuevas competencias para desempeñar un nuevo puesto de trabajo) son dos grandes beneficiarios de las microcredenciales.

Natàlia Rull, directora del Centre de Formació Permanent de la Fundació URV, destaca el hecho de que estas propuestas formativas estén «codiseñadas con las empresas de la zona, para identificar y atraer talento», y con la voluntad de «dar respuesta a la demanda del tejido productivo».

De cara a la publicación del nuevo catálogo de microcredenciales de la URV, previsto para el mes de abril de 2025 y que atenderá diversos sectores, entre ellos el turístico, Natàlia Rull adelanta que «esperamos que las colaboraciones con las empresas puedan ir a más y podamos diseñar con ellas estas microcredenciales».


 La agilidad para dar respuesta a estas demandas será crítica, puesto que una de las limitaciones más habituales en el mundo universitario es su pesada maquinaria administrativa, que no siempre se mueve a la velocidad que las empresas requieren. «Es necesaria esa agilidad dentro de la Universidad», admite Natàlia Rull, que añade que «ha de cumplir los requisitos y, evidentemente, buscar la manera más flexible y ágil, con formaciones cortas y de impacto, muy bien diseñadas».

Un plazo razonable para sacar al mercado una microcredencial, desde el momento en el que se empieza a trabajar en su diseño, y si la propuesta encaja con los estándares marcados desde la UE, sería, en opinión de Natàlia Rull, no más de seis meses.

 

Alicia Linares Roger, miembro de la Comissió Consultiva de la Fundació Factor Humà, pedagoga y profesora asociada de la Facultat d’Educació de la Universitat de Barcelona, celebra la llegada de las microcredenciales: «En estas propuestas formativas tan conectadas con las necesidades empresariales, la Universidad ha de tener un rol, porque es la cuna del conocimiento, pero también porque es una garantía».

«Al final -explica Alicia Linares- hay muchas instituciones y centros que hacen formación, que dicen que profesionalizan, pero realmente no sabemos cuál es la calidad educativa ni metodológica que están ofreciendo, ni lo fiable que es eso. Las universidades catalanas pueden ser un sello de garantía de este tipo de formaciones».

 

 

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miércoles, 22 de mayo de 2024

Huellas: La inteligencia artificial en la formación de los empleados públicos - artículo

Un nuevo aporte que Carles Ramió nos acerca desde su Blog, El Blog es público, que nos invita a reflexionar sobre la inteligencia artificial en la formación de los empleados públicos de cara a los desafíos de esta época. Leemos en el artículo:

Posibilidades de la inteligencia artificial en la formación de los empleados públicos

Hace unas semanas presenté una ponencia en una jornada sobre inteligencia artificial organizada por el Instituto Vasco de Administración Pública (IVAP) como acto conmemorativo para celebrar su 40 aniversario. Articulé mi breve intervención con cinco reflexiones.

En primer lugar, ponderar la necesidad que las administraciones públicas utilicen las tecnologías para la formación tanto las digitales como, también, la inteligencia artificial. Puse como ejemplo una Universidad a distancia de EE.UU. (la South New Hampshire University) que antes de la pandemia tenía solo 2.000 alumnos y después de la pandemia había alcanzado los 40.000 y tiene previsto llegar a 300.000 alumnos en los próximos tres años. ¿A que se debe este crecimiento exponencial? La respuesta es que utilizan la tecnología, en este caso la inteligencia artificial., para poder atender de manera personalizada a los alumnos. Antes, durante y después de cada curso entregan unos cuestionarios a los estudiantes y mediante unos algoritmos logran una atención personalizada para cada alumno en función de sus conocimientos, competencias y destrezas. Se trata de unos cuestionarios y algoritmos que han diseñado con la ayuda de Google. Aquí el elemento clave, que tiene grandes potencialidades en la formación de los empleados públicos, es que la tecnología puede atender a un publico masificado de manera totalmente personalizada. Antes la tecnología digital podía gestionar de manera fordista, pero con la inteligencia artificial lo puede hacer de manera enfocada para las necesidades en materia formativa de cada estudiante o empleado público. Otro elemento a destacar es que para incorporar esta tecnología van hacer falta alianzas de todo tipo ya que es muy difícil que una sola Administración tenga capacidad por si misma para poder incorporar estos requisitos técnicos: alianzas con otras administraciones y/o alianzas con el sector empresarial especializado en la materia.

Una segunda reflexión es que el elemento humano va a seguir presente con la implantación de la inteligencia artificial en la formación. Hace unos meses participé en unas jornadas donde un ponente austriaco explicaba una buena práctica que consistía en que cuando se producía un nacimiento los padres recibían a las pocas horas el certificado de alta del registro civil, el documento de identidad del bebé, su alta en la escolarización en un centro de educación infantil y la pre matricula de la educación primaria. Los asistentes exclamaron entusiasmados celebrando el elevado nivel de digitalización de la Administración austriaca pero el ponente discrepó y dijo que la Administración moderna es una “Administración a pata” ya que era un funcionario el que hacia los trámites y que se desplazaba hasta el hospital para entregar la documentación y obtener la firma de los noveles progenitores. Cuento esta anécdota ya que con la formación canalizada mediante la inteligencia artificial el componente humano también va a ser imprescindible. El éxito de la mencionada universidad no solo reside en la tecnología, sino que posee varios miles de tutores humanos que acompañan a los alumnos en su proceso de aprendizaje.

Un tercer tema es que la formación formal que imparten las administraciones públicas tiene un impacto muy limitado. Los especialistas en la materia aseguran que los empleados se forman en un 60% mediante la práctica en el ejercicio de sus actividades, en un 30% con conversaciones con su red de contactos profesionales y solo un residual 10% adquieren los conocimientos mediante la formación formal vía cursos. Por tanto, los centros públicos de formación deberían superar esta barrera y poder entrar en sistemas de aprendizaje más vinculados a la acción. En este sentido, puede ser interesante la inteligencia artificial. Pongamos dos ejemplos: el Chat GPT, que tanto está dando que hablar, parece que está renovando positivamente el aprendizaje de idiomas mediante nuevos sistemas de carácter interactivo. Por tanto, dispositivos de este tipo pueden tener una presencia relevante en la futura formación de los empleados públicos. Otro ejemplo es la utilización del metaverso en el ámbito de la formación. El Ayuntamiento de Seúl tiene replicada la ciudad en forma de metaverso y facilita la participación de ciudadanos y empleados públicos para que experimenten y propongan cambios y transformaciones urbanas, en servicios y políticas públicas. También está en el metaverso una réplica de la organización municipal en la que los empleados públicos pueden formarse e innovar mediante una experiencia inmersiva real (no un análisis de caso sino una simulación de la realidad en toda regla). Por tanto, mediante esta tecnología la formación institucional puede dar un salto cualitativo muy importante al poder introducirse en la práctica real y colaborativa.

Una cuarta reflexión es que para que este tipo de formación personalizada gracias a la tecnología puede alumbrarse hace falta mucha información sobre los empleados públicos (otra vez las oficinas del dato y la gobernanza de datos). Por ejemplo, si queremos formar bien y de manera individualizada a los nuevos empleados públicos debemos tener mucha información de los mismos (titulación, currículum profesional y personal, cuestionarios de competencias, etc.). Por ejemplo, no es lo mismo formar a un nuevo empleado público solo con conocimientos teóricos que formar a otro que ha gestionado de manera activa una asociación o ONG, etc. Por otra parte, los cuestionarios detectan fortalezas y debilidades que son imprescindibles para lograr una formación personalizada. Obvio que también hay que disponer de información amplia de los empleados públicos en general: los cursos que han asistido, los puestos que han ocupado y las competencias asociadas a los mismos, los resultados de las periódicas evaluaciones (esperemos que en un futuro podamos implementar la evaluación del desempeño), etc. Con esta información va a ser posible proponer e incentivar que cada empleado público reciba la formación específica que necesite en cada momento para su progresión profesional y aporte institucional.

Por último, la última reflexión es que la tecnología no resuelve nada por sí misma (no hay que poner el carro delante de los caballos) y que para que la formación de los empleados públicos sea útil y renovada es necesario transformar el modelo de gestión de recursos humanos: procesos selectivos no solo canalizados vía conocimientos sino también vía competencias, organización en ámbitos funcionales en los que se articula la carrera horizontal mediante la definición de las distintos niveles de competencias y, finalmente, sistemas de evaluación del desempeño.

 


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