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viernes, 13 de marzo de 2026

Huellas: Reuniones, Decisiones y Liderazgo

Peter Drucker sostenía que una decisión eficaz no surge del consenso unánime, sino del disenso razonado. Creía que buscar el consenso rápido es una "trampa" que oculta verdades.

La verdadera toma de decisiones requiere perspectivas contrapuestas, debate y la comprensión de diferentes puntos de vista para evitar diagnósticos erróneos y errores costosos. 

  • La trampa del consenso: Drucker advertía que el consenso puede indicar falta de pensamiento crítico, donde la mayoría calla por comodidad, responsabilidad o prisa, en lugar de estar realmente de acuerdo.
  • El valor del disenso: Una decisión correcta surge de un conflicto de opiniones, no de la unanimidad. La disidencia permite entender el problema desde todas las perspectivas.
  • Proceso de decisión: Drucker subrayaba que la decisión es la "primera habilidad administrativa", enfocada en los resultados y la eficacia de la organización.
  • Componentes humanos: Drucker insistía en incorporar la conciencia y el elemento humano al análisis, evitando basarse únicamente en datos fríos. 

En resumen, según Drucker, se necesita un debate honesto y opiniones divergentes para llegar a la mejor decisión posible.

En este sentido, este artículo de Alejandro Lanuque publicado en Linkedin, me hizo rememoran el pensamiento de Peter Drucker, leemos en el mismo:

Si en tus reuniones nadie te contradice, no estás liderando: te están obedeciendo

En muchas organizaciones existe una señal que los líderes celebran con orgullo: “En este equipo no hay conflictos”. Cuando escucho esa frase en una reunión ejecutiva, no pienso en madurez profesional. Pienso en silencio estratégico. Pienso en gente extremadamente competente que decidió callarse.

Porque cuando en una mesa de decisión nadie cuestiona una propuesta, algo más profundo está ocurriendo. No es armonía. Es autopreservación. La neurociencia social lleva años mostrando algo incómodo: el cerebro humano interpreta la exposición negativa frente a otros como una amenaza real. Las mismas regiones neuronales que procesan el dolor físico se activan cuando una persona siente que su estatus dentro del grupo está en riesgo.

Por eso, en muchas reuniones corporativas ocurre una escena silenciosa y repetida: las personas detectan los problemas de una estrategia… pero calculan el costo emocional de decirlo en voz alta. Y entonces hacen lo que el cerebro les pide para protegerse: asienten.

El resultado es devastador y casi siempre invisible. Las organizaciones creen que están alineadas, cuando en realidad están anestesiadas. Las decisiones avanzan sin resistencia intelectual. Las ideas débiles sobreviven porque nadie quiere pagar el precio psicológico de desafiarlas.

Por eso los equipos realmente extraordinarios no buscan comodidad en la conversación. Buscan fricción inteligente. No celebran la unanimidad. Celebran la capacidad de cuestionar sin destruir a la persona que propone. Porque cuando en una organización nadie contradice al líder, no hay respeto. Hay miedo.

Y cuando el miedo entra a la sala de reuniones, la inteligencia sale por la puerta. 


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jueves, 21 de abril de 2022

Lógica de Diseño según Drucker

El “arquitecto de la organización” dispone de cinco principios de diseño –es decir, cinco estructuras organizacionales diferenciadas para distribuir las actividades y ordenar las relaciones.

El trabajo y la tarea son sin duda una dimensión genérica de la administración. Y dos de los principales diseños utilizables son: el principio funcional y el equipo.

Los resultados y el desempeño son una dimensión administrativa tan válida como la anterior. Son la descentralización federal y simulada dos diseños concentrados en los resultados. Estas tipologías estructurales no son complementarias.

Las relaciones constituyen también una dimensión genérica de la administración. Las relaciones son inevitablemente al mismo tiempo más numerosas y definibles más claramente que el trabajo y la tarea, o los resultados. Una estructura de este tipo; por lo tanto, sería más compleja y carecería de claridad.

 


 
Bibliografía:
Peter Drucker, La Gerencia, Tareas, Responsabilidades y Práctica, Editorial El Ateneo, Buenos Aires, 2001.

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¿Qué clases de Estructura?

El concepto “organización” no quiere significar lo mismo si lo dice un Gerente o si lo dice un Teórico de la Administración.

Para un Gerente el concepto “organización” expresa que tipo de estructura necesita para llevar a cabo su labor.

Para un Teórico de la Administración el concepto “organización” implica la forma en cómo debe construirse esa estructura.

Al definir la estructura de la organización, tenemos que preguntarnos:

q  ¿Qué clase de estructura se necesita?

q  ¿De qué manera debe construirse?

La organización no es un fin en sí misma, sino un medio para alcanzar ese fin, por lo tanto, una estructura equivocada dañara seriamente a un negocio y puede llegar a destruirlo.

El punto de partida de cualquier análisis de una organización no puede ser una discusión sobre su estructura, debe ser un análisis de su “negocio”.

La estructura debe tener un diseño tal que permita alcanzar los objetivos organizacionales para los próximos cinco, diez y/o quince años.

 

 

miércoles, 13 de abril de 2022

Síntomas comunes de la mala organización

Cuando abordamos el Análisis de las Relaciones, según Peter Drucker, el autor nos advertía de alguno de los problemas que podían surgir a partir de una definición errónea de una estructura organizacional:

Hay una serie de síntomas comunes de mala organización que generalmente no exigen un diagnóstico ulterior. Tenemos: el síntoma del número excesivo de reuniones a las que asiste un número muy elevado de personas. El ideal es la organización que pueda operar sin reuniones. La dinámica humana de las reuniones es tan compleja que ellas resultan una herramienta mediocre de ejecución de tareas. Un exceso de reuniones indica que los cargos no han sido definidos claramente, no fueron estructurados con la amplitud suficiente, no son realmente responsables. Hay que minimizar la necesidad de que la gente se reúna para realizar algo. (https://274sanievas.blogspot.com/2019/09/y-como-se-agrupan-peter-drucker.html)

En ese mismo sentido, el siguiente artículo nos muestra la preocupación que muchos directivos tiene a la multiplicación de reuniones ineficientes en el ámbito laboral; leemos en el artículo:

Un estudio de Harvard alerta de que 7 de 10 diez reuniones de trabajo "no sirven para nada"

La revista de la escuela de negocios de esta Universidad ha abordado esta cuestión a partir de una encuesta.

Las reuniones de trabajo pueden ser fundamentales para el correcto desempeño de la vida laboral, en la medida en que permiten integrar y coordinar tareas realizadas por distintos trabajadores o departamentos. Sin embargo, cada vez hay más estudios que cuestionan la incidencia que pueden tener las reuniones en aspectos clave como la productividad de los trabajadores.

La revista de la escuela de negocios de la Universidad de Harvard ha abordado esta cuestión a partir de una encuesta realizada entre cientos de ejecutivos y trabajadores. Las conclusiones que alcanzó esta investigación son reveladoras: hasta el 70% de las reuniones serían prescindibles, en la medida en que generan muchos más problemas que soluciones.

Así, el 65% de los directivos y empleados opinan que las reuniones les impiden completar tareas pendientes, otro 71% definió tales citas como actos improductivos e ineficientes que "no sirven para nada" y un 64% asoció estos encuentros con una menor posibilidad de pensar en profundidad sobre los retos que enfrenta su departamento o su empresa.

La revista Forbes ha informado de las conclusiones de dicho estudio, recogiendo el testimonio de diversos empresarios que han recogido el testigo e introducido modificaciones pensadas para reducir la incidencia negativa que pueden tener las reuniones. Entre las posibles soluciones aportadas están 1) la introducción de un límite de 20 minutos que actúa como tope a la duración de estas citas; 2) la aplicación de una cifra máxima de reuniones diarias o semanales; y 3) la regla de realizar las reuniones de pie, evitando sentarse y generando así un incentivo para que las conversaciones sean más ágiles.

Los investigadores hacen una distinción entre las reuniones "de negocios" y "de trabajo". Las primeras serían las que mantienen dos personas u organizaciones que están explorando la posibilidad de desarrollar proyectos de forma conjunta y, por tanto, se valoran de forma positiva. En cambio, las segundas son las que se dan dentro de una empresa o proyecto que está en marcha y, según el estudio, corren el peligro de reducir, en vez de aumentar, la productividad.

Estadísticas de la Oficina de Investigación Económica de Estados Unidos y de la división Workplace Insights de Microsoft han concluido que la pandemia ha contribuido a aumentar el número de reuniones, la cifra de participantes y la duración de los encuentros. De ahí la creciente atención que las escuelas de negocios están dedicando a este asunto, desde el convencimiento de que las reuniones de trabajo corren el peligro de volverse improductivas cuando se acumulan de forma excesiva, se celebran de manera poco expeditiva e incorporan a demasiados participantes.

En este sentido, un estudio realizado por Benjamin Laker ha encontrado que, con una reducción del 40% en el número y tiempo dedicado a reuniones de trabajo, se puede lograr una caída del 78% en la autonomía, una mejora del 57% en la comunicación intraempresarial, un repunte del 43% en la cooperación, un 32% de la cooperación entre trabajadores y departamentos, un salto del 71% en la productividad, un 52% en el grado de satisfacción en el trabajo y una caída del 43% en el nivel de estrés declarado por la plantilla.

 


 

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Conociendo a los autores: Peter Drucker (II)

 





 

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jueves, 26 de septiembre de 2019

Y como se agrupan - Peter Drucker


La identificación de las actividades fundamentales y el análisis de sus contribuciones definen los elementos constitutivos de la organización. Pero para situar a las unidades estructurales que forman la organización se requieren dos elementos suplementarios de trabajo: un análisis de las decisiones y un análisis de las relaciones.

Análisis de decisiones

Si bien es imposible anticipar que decisiones (contenido) se tomarán en el futuro, la clase y el tema al que ellas se refieren poseen un alto grado de previsibilidad. Para situar la autoridad y la responsabilidad de distintas clases de decisiones es necesario ante todo clasificarlas de acuerdo con el tipo y el carácter. Hay 4 características que determinan la naturaleza de las decisiones empresarias:

1) El grado de futurabilidad de la decisión:

¿Hasta qué momento futuro la misma compromete a la empresa? ¿Y con qué rapidez puede modificársela?

2) La influencia que una decisión ejerce sobre otras funciones, sobre otras áreas, sobre la totalidad de la empresa:

Si afecta a una sola función, ocupa el lugar más bajo. De lo contrario, debe adoptarse en un nivel superior, donde pueda contemplarse la influencia de todas las funciones afectadas. La “optimización” del proceso y el desempeño de una función o un área no debe obtenerse a costa de otras funciones o áreas, ello implica una “suboptimización” indeseable. La consideración de la influencia de una decisión y la necesidad de impedir la suboptimización pueden desplazar el eje de una decisión.

3) El número de factores cualitativos que participan de la misma:

Principios básicos de conducta, valores éticos, creencias sociales y políticas, etc. Tan pronto en necesario tener en cuenta consideraciones de valor, la decisión pasa a un orden superior, y requiere un proceso de determinación o de revisión en un nivel superior. Los seres humanos son los factores cualitativos más importantes y los más comunes.

4) Según que muestren una recurrencia periódica o que sean raras o incluso únicas:

La decisión recurrente exige el establecimiento de una regla general, pero la aplicación de una norma al caso específico, pude asignarse luego a un nivel mucho más bajo. Sin embargo, la decisión rara debe tratarse como un hecho diferenciado. Cuando ocurre, debe ser meditada detenidamente. Una decisión debe adoptarse en el nivel más bajo posible, y en la mayor proximidad de la escena de la acción; pero siempre en un nivel que garantice el examen integral de todas las actividades y los objetivos afectados.

Análisis de relaciones


El paso final en el diseño de los elementos constitutivos de una organización es un análisis de las relaciones. Nos indica adónde pertenece cierto componente.
La regla básica para situar una decisión dentro de la organización es imponerle el más reducido número de relaciones. Al mismo tiempo debe situársela de tal modo que las relaciones fundamentales sean fáciles y accesibles, y ocupen un lugar central en la unidad. La regla es reducir al mínimo las relaciones, pero de tal modo que cada una cuente.

Esta regla explica por qué las funciones no son un “manojo de actividades afines”, por ejemplo: el planeamiento de la producción es un componente de planeamiento en relación las habilidades necesarias para realizarlo, pero lo ubicamos en el área de Producción (Manufactura), junto a los supervisores de línea, en función de las relaciones.

A menudo se suscita un conflicto entre la distribución del personal de acuerdo con el análisis de la decisión y la distribución de acuerdo con el análisis de las relaciones. En general, uno debe de tratar de atenerse en todo lo posible a la lógica de las relaciones.

Si el diseño de organización debe ajustarse a la lógica de las decisiones con el fin de evitar la suboptimización, el trabajo mismo debe planearse de acuerdo con el análisis de las relaciones. La dirección del trabajo, la determinación de las reglas, de las normas, pero también el juicio y la evaluación del trabajo deben situarse de acuerdo con el análisis de decisión, en un componente central que pueda abarcar a toda la empresa y meditar las influencias.

Los cuatro análisis -de las actividades fundamentales, de las contribuciones, de las decisiones, de las relaciones- deben ser tan sencillos y breves como sea posible. Estos análisis nunca deben subestimarse u omitirse. Es necesario considerarlos una tarea indispensable y deben ejecutarse con eficacia en todas las organizaciones.



Síntomas de organización defectuosa

No existe la organización perfecta. A lo sumo puede pedirse que no genere problemas.

1. El síntoma más usual y más grave de organización defectuosa es la multiplicación del número de niveles administrativos. Una regla básica de la organización es estructurar el número mínimo posible de niveles administrativos, y forjar la cadena de mando lo más corta posible.

2. El segundo síntoma muy usual de organización defectuosa es la repetición de los problemas organización. Apenas se cree haber resuelto un problema, reaparece en una nueva forma. El problema organizativo recurrente indica la aplicación irreflexiva de principios organizativos tradicionales. La solución consiste en realizar los análisis apropiados.

Es igualmente común y peligrosa una estructura de la organización que concentra la atención de los individuos principales en los problemas equivocados, carentes de importancia y secundarios. La organización debe centrar la atención de la gente en las principales decisiones empresarias, en las actividades fundamentales, en el desempeño y los resultados.

Hay una serie de síntomas comunes de mala organización que generalmente no exigen un diagnóstico ulterior. Tenemos: el síntoma del número excesivo de reuniones a las que asiste un número muy elevado de personas. El ideal es la organización que pueda operar sin reuniones. La dinámica humana de las reuniones es tan compleja que ellas resultan una herramienta mediocre de ejecución de tareas. Un exceso de reuniones indica que los cargos no han sido definidos claramente, no fueron estructurados con la amplitud suficiente, no son realmente responsables. Hay que minimizar la necesidad de que la gente se reúna para realizar algo.

Las organizaciones que soportan malas o mediocres relaciones humanas, por ejemplo, una organización en la cual la gente se muestra contantemente preocupada por los sentimientos y por lo que otros mirarán con buenos o malos ojos. sin duda la misma posiblemente esté cargada de actividades, en lugar de concentrar la atención en las actividades fundamentales, las organizaciones sobrecargadas crean trabajo en lugar de rendimiento, pero también originan fricción, exceso de sensibilidad, irritación y preocupación por los sentimientos.

Un síntoma de la organización defectuosa es basarse en los “coordinadores”, los “ayudantes” y otras personas cuya tarea consiste en no tener una tarea. Ello indica que las actividades y los cargos han sido diseñados de un modo muy estrecho, o los mismos en lugar de diseñarse para un resultado definido, están orientados hacia muchas partes de tareas distintas. Ese diseño no fue pensado en relación a un proceso laboral, y luego necesita de un coordinador, para reunir los distintos elementos que desde el comienzo mismo no debieron separarse.

La “organicitis” como enfermedad crónica

Todos se preocupan por la organización. Hay un proceso permanente de reorganización. Ante el menor indicio de dificultad, se reclama la presencia de los “especialistas en organización”. Pero ninguna solución organización dura mucho tiempo. La organicitis se instalará si la estructura de organización no consigue contemplar las cuestiones fundamentales. Sobre todo, es el resultado de la incapacidad de repensar y reestructurar la organización cuando cambian fundamentalmente la magnitud y la complejidad de la empresa, o sus objetivos y su estrategia. También es frecuente la “organicitis” autoprovocada, como una forma de hipocondría.

Los cambios en una organización no deber realizarse a menudo, ni a la ligera, la reorganización, podríamos decir, es una forma de cirugía, y toda cirugía (aunque sea menor) implica riesgos.

Es necesario oponerse al reclamo de estudios de la organización, frente a problemas de una importancia secundaria. Ninguna organización será perfecta. Es inevitable cierta medida de fricción, de incongruencia o de confusión organizativa.




Bibliografía:

Peter Drucker, La Gerencia, Tareas, Responsabilidades y Práctica, Editorial El Ateneo, Buenos Aires, 2001.

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