jueves, 2 de julio de 2026

Telxínoe: Leticia Fenoglio de Franuí

Hoy presentamos un artículo publicado en el diario La Nación:

Llegan a 60 países y van por 190; planean una cuarta planta y sumar frutillas a las frambuesas

El snack argentino creado por la familia Fenoglio nació en Bariloche y ya se vende en los mercados más disímiles; Leticia lidera la estrategia internacional que incluye la ambición de una fábrica en EE.UU

Lo que comenzó como una idea en un campo de frambuesas y una fábrica de Bariloche se convirtió en uno de los fenómenos de consumo más exitosos que surgió en la Argentina en los últimos años. La historia se remonta a un secreto de familia que surgió en un momento eureka en el que la combinación de frambuesas y chocolate dio origen al Franuí. Un producto que hoy se vende en más de 60 países y que aspira a llegar a 190.

Detrás de esa expansión global está Leticia Fenoglio, tercera generación de una familia que lleva más de siete décadas vinculada al chocolate. Nieta de inmigrantes italianos que encontraron en Bariloche una oportunidad para empezar de nuevo, hija de Diego Fenoglio, creador de Rapanui y del propio Franuí, y responsable de liderar la globalización de la compañía, su historia combina tradición familiar, innovación permanente y una obsesión casi artesanal por construir marcas con identidad.

Desde Valencia, donde levantaron una fábrica para abastecer Europa, hasta mercados tan diversos como Rumania, Israel, Marruecos, Singapur o Suiza, Leticia Fenoglio derribó prejuicios y transformó un producto desconocido en una marca global. Lo hizo en medio de una pandemia, contra rechazos iniciales de compradores que no entendían qué era exactamente Franuí y con la firme apuesta por una estrategia que combina intuición, análisis y una fuerte cultura emprendedora.

Pero detrás de los números también hay una historia familiar. La de una empresa que pasó de generación en generación sin perder el espíritu fundador. La de una hija que creció reconociendo la llegada de su padre por el olor a chocolate que inundaba la casa. Y la de una ejecutiva que hoy pasa buena parte de su vida arriba de un avión mientras intenta equilibrar la expansión global con el tiempo que le dedica a su familia.

En esta nueva edición de Hacedores que inspiran, de LA NACION + EY, la estrategia, el camino y el futuro de una de las marcas favoritas de los argentinos. Una marca que por primera vez le será “infiel” a la frambuesa con la llegada del primer Franuí que tendrá a las frutillas como protagonistas.

-Llevar un apellido que es marca, ¿qué te genera?

-Bien. La verdad que es una responsabilidad. Son mis abuelos, la nonna y el nonno. A mi abuelo no llegué a conocerlo, falleció cuando mi padre tenía 19 años. Pero a la nona Inés sí. La conocí mucho. Era una persona muy metida en la cocina, esquiadora de las primeras de San Carlos de Bariloche. Siempre estuvo muy cerca de nosotros, de los nietos. Nos preguntaba qué nos pasaba, cómo nos sentíamos.

También estuvo muy cerca de la empresa. Siempre le decía a mi padre: “Me parece que esta receta la podés mejorar”, “a esto le podés poner más oporto”. Era una mujer que sufrió mucho durante su vida. Vivió la Segunda Guerra Mundial, pasó hambre y, aun así, pudo sobrepasar todas esas penas y construir la familia que hoy somos.

-Esa primera generación crea el chocolate en rama.

-Sí. Mi abuelo creó el chocolate en rama. Somos una casa de creadores. Estamos constantemente creando. Tenemos un lema que dice: “Innovar es nuestra más rica tradición”. Y me encanta porque están “innovación” y “tradición” en la misma oración.

Mi abuelo creó el chocolate en rama limpiando una mesada. Pasó la espátula para retirar el chocolate que había quedado y vio cómo se formaban esas capas tan características. No es lo mismo comerte una tableta que un chocolate en rama. Es el mismo chocolate, pero en el paladar es diferente.

-Segunda generación: tu padre.

-Mi padre, que crea Franuí. Aunque en ese momento no lo veíamos como Franuí y Rapanui. Cuando se creó, incluso esperamos para sacarlo al mercado porque no queríamos ponerle un nombre propio. Queríamos que marcara al producto. Hasta que salió Franuí: “Fra” de frambuesa y “nui” de Rapanui.

En ese momento Franuí pertenecía a la gama de productos de Rapanui. Mi padre es una persona sumamente creativa y estuvo muchos años buscando un producto como Franuí. Siempre que nos traía un producto nuevo decía: “Este es el producto. Fueron muchos. Y un día vino con Franuí. Bueno, lo había conseguido.

-¿Y cómo surge esa idea de mezclar la frambuesa con el chocolate y que además sea congelada?

-Un verano. Fue un febrero manejando desde el trabajo a su casa. Empezó a pensar qué podía hacer con las frambuesas y el chocolate. La frambuesa es una fruta típica de la Patagonia y ese año había habido muchísima cantidad de frambuesas.

Como buen chocolatero que es, empezó a pensar qué podía hacer. Al día siguiente llegó a la empresa y me dijo: “Tengo el producto”. Estuvo cinco días haciendo pruebas hasta que subió a la oficina con las manos detrás de la espalda. Me hizo cerrar los ojos y abrir la boca. Fue la primera vez que probé un Franuí.

-¿Y te diste cuenta en ese momento de que se estaba abriendo un mundo de oportunidades?

-No. Nos dimos cuenta de que el producto era una bomba y que iba a ser buenísimo. Pero en ese momento no pensamos que nos iba a llevar a más de 60 países. Pensá que teníamos una chocolatería en Bariloche. Lo que sí pensamos fue: “Este producto es excelente”. Por eso esperamos, buscamos el nombre y trabajamos el lanzamiento. No estuvo enseguida a la venta. Pero no sabíamos que nos iba a llevar a donde estamos hoy.

-Vos y el chocolate tienen una historia de toda la vida.

-Sí, desde que era muy chiquita. Había probado helado por primera vez porque me había dado mi padre. Y a raíz de eso tengo unas anécdotas muy lindas con él. Todas las Navidades íbamos a Puerto Madryn, a la familia de mi madre, y él me llevaba escondidas del resto. Venía y me decía: “Leti, vamos a comer helado”. Y yo me sentía lo más. Íbamos él y yo solos, compartíamos un momento y nos pedíamos helado de sambayón.

-¿Y tienen una relación muy buena? Porque cuando uno trabaja con un padre por ahí se mezclan los mundos.

-Nosotros dos creo que somos muy parecidos. Compartimos la pasión, la energía y somos bien tanos de sangre. Así que, obviamente, cuando diferimos somos muy apasionados. Pero siempre compartimos el mismo norte. Tenemos muchas decisiones que tomamos en conjunto y solemos opinar parecido. Y en las que no estamos tan de acuerdo, las dialogamos a lo italiano. Después salen buenas conclusiones.

-La tercera generación, que es la que liderás vos con tus dos hermanos. Vos principalmente tenés a cargo la internacionalización de la empresa. Hablabas de más de 60 países. ¿Cómo se elige cada mercado?

-Lo primero que hicimos para poder dar ese salto fue poner una segunda fábrica de Franuí en Valencia. Después hicimos muchos estudios de mercado para definir a qué países ir primero. Pero la realidad es que no seguimos exactamente todo lo que esos estudios indicaban. Hubo mucho instinto, mucho estómago.

Para nosotros fue muy complejo. Habíamos hecho todos esos estudios, pero pasó la pandemia. En octubre de 2020 mi padre me llama y me dice: “Encargate de vender estos 180 pallets”. Y en ese momento pensé que iba a ser fácil. Porque hasta ahí habíamos vendido Franuí en nuestros propios locales de Rapanui, ofreciéndolos nosotros mismos a los clientes, haciéndolos degustar en la temperatura justa. Todo había sido bastante orgánico, casi perfecto.

De repente, en octubre, empecé a contactar buyers de diferentes retailers y países. Y ahí caí en la cuenta de que esto iba a ser mucho más difícil de lo que creía. Empecé a explicar qué era Franuí y me di cuenta de que, si no lo probás, no lo entendés. Fue entonces cuando comprendimos que habíamos creado una categoría nueva de producto.

Yo lo explicaba y me decían: “¿Es un helado?”. No, no es un helado. “¿Es un chocolate?”. No del todo, porque tiene fruta. “¿Y cómo que lo tengo que esperar?”. Y así me cerraron muchas puertas al principio.

-Ustedes lo definen como un snack.

-Sí, como un snack. Es un snack dulce que podés comer en cualquier momento del día. Lo podés comer con la mano, no necesitás una cuchara como el helado.

Y lo que fue realmente difícil fue darles de probar a estos buyers que estaban en sus casas. La mayoría me atendía y yo veía correr a los nenes por atrás en ese contexto de pandemia.

-¿Cómo hiciste?

-Los primeros años fueron difíciles El 2020 y el 2021 fueron más difíciles. Recién en 2022 empezaron las ferias, pudimos ir a presentar el producto y darlo a degustar. Ahí fue cuando se abrieron las puertas de los diferentes mercados.

-Ahora, hablando de ese nuevo mundo que se empieza a expandir y abrir. Por ejemplo, el caso de Starbucks. Les tocás la puerta y les decís: “Mirá, tengo esto para presentarte”. Ustedes eran chiquititos. ¿Qué les dijeron?

-No. Hay que insistir. Hoy es totalmente diferente. Hoy todo el mundo conoce lo que es Franuí, o la mayoría del mundo. Entonces es distinto cuando uno golpea una puerta. En aquel entonces tenías que golpear siete veces para que te escucharan y te dieran una oportunidad.

-¿Y después te vinieron a buscar ellos?

-Cada año se hace un poco más fácil entrar a los diferentes mercados.

-Hablando del futuro y de esta idea de un producto argentino que conquista el mundo, también tenés que crecer en producción.

-Totalmente. Siempre intentamos crecer antes de la demanda. No siempre lo conseguimos, pero es mejor poder visualizar el futuro y tener la producción que vas a necesitar. ¿Cómo lo hicimos? Creciendo en capacidad productiva, capacidad tecnológica y sin parar de innovar.

-¿Hoy cuántas plantas tienen?

-Hoy producimos Franuí en tres plantas: una en Fátima, acá en Buenos Aires; una en Bariloche; y una en Valencia, en Alcácer.

-¿Y en qué momento notaste que se volvían virales? Porque una de las claves de la expansión fue el boca a boca de esta época, que son las redes sociales.

-La primera viralización fue en Rumania. El primer país en el que realmente fue un boom para Franuí fue Rumania. Israel también. Ellos tienen un viaje a la Patagonia después de la milicia y, cuando llegó Franuí a Israel, la misma semana teníamos reels y TikToks diciendo: “Por fin llegaron”. La gente los estaba esperando. Esto fue en 2023. Después fue Francia, después Alemania, Países Bajos e Italia.

-Y a nivel de innovación también está la historia de Pink, que tiene tu nombre y apellido. ¿Cómo surge?

-La idea de hacer un producto rosa se me ocurrió cuando fui a ver un recital con mi hijo. Veía a mi hijo y a todos los demás chicos vestidos de rosa.

-La “Messimanía”...

-Sí, pero eso vino después. Lo que veía era que el artista había pedido a sus seguidores que fueran vestidos con algo rosa.

-¿Te acordás qué artista era?

-Sí, Tini. Todos de rosa. Y yo estaba en el recital mirando eso y pensé: “Tenemos que hacer un producto para este target”, porque además es el target de Franuí.

Me volví a Bariloche pensando qué podíamos hacer y así surge Franuí Pink, que es como la versión de chocolate blanco, pero con un sabor a frambuesa mucho más intenso. Lo que hacemos es refinar polvo de frambuesa para que no se sienta en el paladar y creamos este producto tan coquette.

-¿Cómo cambia el consumidor? Porque tenés el más amargo, el de chocolate con leche, el Pink con chocolate blanco y también un packaging para veganos.

-Sí, tenemos el packaging para veganos y para alérgicos también. No tiene gluten, no tiene leche y no tiene azúcar.

-¿Ese se los pedía por redes sociales?

-Todo el tiempo. Lo pedían todo el tiempo.

-¿Y a partir de ahí lo investigaron?

-Sí. Mi hermano estuvo haciendo muchas pruebas y le pusimos leche de castañas de cajú, que le da un toque especial en sabor. Es más un nicho, pero era un nicho al que no llegábamos.

-Y ahora nos vamos a tirar literalmente a la pileta. ¿En qué momento de tu carrera sentís que te tiraste a la pileta?

-Yo creo que fueron dos veces. La primera, cuando le dije a mi viejo que me incorporaba a la empresa. Y la segunda, cuando me llamó desde Madrid y me dijo: “¿Te hacés cargo de Valencia?”.

-¿En qué contexto?

-Ya teníamos la fábrica. En 2008 empezamos a soñar con hacer de Franuí un producto global. Como Franuí es una creación de mi padre, él nos dijo a sus hijos: “De la internacionalización me voy a encargar yo. Ustedes no se metan”. Así que nosotros nos mantuvimos al margen.

Él tenía pasaje para viajar a Valencia el 20 de marzo de 2020. Pero cerraron todos los aeropuertos por la pandemia y no pudo viajar hasta agosto.

Valencia, a diferencia de Bariloche, en agosto tiene calor, humedad. La puesta en marcha de la fábrica no fue tan simple como él creía porque no estaba acostumbrado a esas temperaturas. Además, poner en marcha una fábrica como la nuestra es complejo. Fueron tres o cuatro meses de muchísimo trabajo y muchos problemas por resolver.

Cuando ya se estaba volviendo a la Argentina me llama desde Madrid y me dice: “Me vuelvo. Te hacés cargo”.

Se produjeron 180 pallets de Franuí. No sabía a quién vendérselos. No había mandado ninguna muestra..

-Hay algo en la historia de ustedes, tanto en Rapanui como en Franuí, que parece repetirse: en los momentos de adversidad aparecen las oportunidades.

-Sí, lo tomamos así. En mi caso, cada vez que encuentro un desafío o un obstáculo pienso: bueno, a ver cómo lo vamos a encarar, qué opciones tenemos. A mí me gustan los desafíos.

-¿Y en qué momento sentís que el agua te tapa?

-Te diría que a diario. Todo el tiempo.

-¿Más en lo laboral o en lo personal?

-Más en lo laboral. Aunque últimamente, con tantos viajes, también me pasa en lo personal. Tengo que equilibrar la vida familiar. Todo el mundo me dice: “Qué bueno que viajás”. Y sí, pero tiene un costo. Tiene un costo alto con mi hijo y con mi familia. A veces siento que me sacan doble tarjeta amarilla y digo: bueno, ahora hay que bajar un poco.

-Mito o realidad: ¿después de la frambuesa viene la frutilla?

-Es realidad. Estoy muy contenta y muy orgullosa. Estamos a nada de lanzar Franuí Gold, un producto creado íntegramente en nuestra planta de Valencia. Eso nos demuestra que la planta ya está madura, que ya crea, que ya tiene la tecnología necesaria para innovar.

Lo lanzamos en Italia, que para mí es muy importante porque es la tierra de donde vinieron mis abuelos. Es un producto con frutilla, chocolate blanco y chocolate caramel.

-¿Caramel? Que además es una tendencia de consumo muy fuerte. ¿Va a llegar a la Argentina?

-Sí, por supuesto. Lo vamos a producir en la planta de Fátima. Va a ser un producto con la misma marca: Franuí Gold. En lugar de Pink, es Gold. Frutillas en lugar de frambuesas.

-¿Y vos creés que va a tener aceptación? ¿A quién apunta?

-Para mí va a ser un complemento. Hay mucha gente que ama la frutilla y este chocolate, que tiene la leche caramelizada, tiene un sabor parecido al dulce de leche. A nosotros, los argentinos, que nos gusta tanto, creo que nos va a encantar.

-¿Para cuándo lo estás viendo?

-Para fin de año.

-¿Fin de año ya en el país?

-Sí.

-¿Y qué los llevó a tomar esa decisión? ¿Por qué frutillas?

-Porque vamos a seguir innovando. Nosotros ya tenemos diseñada toda una gama de productos que iremos lanzando a medida que podamos producirlos.

Franuí va a crecer en cantidad de productos como ya lo está haciendo. Hoy en Argentina hay cuatro variedades, va a venir una quinta, después una sexta y hasta aproximadamente doce productos no vamos a parar.

-Empresa argentina, empresa familiar, tercera generación. Muchas veces les deben haber tocado la puerta para comprar la compañía. ¿Por qué deciden seguir pasando de generación en generación?

-No se me ocurriría jamás. Hoy también pienso que mi hijo va a terminar involucrado.

-¿Creés que esa generación también va a tener su refundación?

-Sí, yo creo que sí. Es parte de nuestro ADN. Creo que somos muy buenos transmitiendo la pasión, no solo a nuestros equipos sino también dentro de la familia.

Mi abuelo era un apasionado del chocolate. Mi padre también. Y nosotros ahora estamos transmitiendo a nuestros hijos ese mismo amor por lo que hacemos.

-¿Por qué creés que hay tan pocas mujeres líderes?

-Creo que son menos, pero también creo que cada vez somos más. A veces las mujeres no nos animamos o nos cuesta más exponernos a determinadas situaciones.

Pero soy optimista. Cada vez somos más. Muchas mujeres me escriben y me agradecen. Todo lo que comparto en LinkedIn busca justamente animarlas a dar ese paso. Las cosas se hacen paso a paso. Muchas veces el miedo o las inseguridades no te dejan avanzar.

Por eso creo que cuando alguien comparte esos miedos, que a mí también me pasan, genera algo positivo. Mostrarte vulnerable, seas hombre o mujer, ayuda a otros. No creo que la vulnerabilidad tenga que ver con ser hombre o mujer. Creo que las mujeres nos animamos menos, pero vulnerables somos todos.

-Vamos al mapa. ¿Cuál fue el país más difícil para ingresar?

-Hoy el país que nos está costando un poco más de lo esperado es España.

-¿Y eso que tienen base ahí?

-Claro. Además producimos en España. Pero el español tiene hábitos de consumo muy particulares: come mucho jamón, tapea mucho. Cuesta más. En cambio, otros países me sorprendieron muchísimo. Por ejemplo, Suiza. Cuando empezamos a vender en en 2023 yo no apostaba por ese mercado. Es un país pequeño, con poca población y lleno de marcas históricas de chocolate. Pensé que íbamos a ser un producto más. Pero la aceptación fue increíble. Me tomé un avión y me fui a Suiza porque necesitaba entender qué estaba pasando.

-¿Y qué descubriste?

-Que el suizo adora el chocolate. Recorrí supermercados y me impresionó la cantidad de góndolas dedicadas al chocolate. Además, les encanta probar cosas nuevas.

-¿Y África?

-Estamos en Marruecos y recientemente entramos en Egipto y Etiopía.

-¿Por qué esos mercados?

-Porque nuestro objetivo es llegar a los 190 países del mundo.

-¿Y Asia?

-Recientemente empezamos a trabajar con Singapur.

-¿Y qué pasa con gigantes como India o China?

-Todavía no. Son mercados enormes y, si el producto funciona, hay que poder abastecerlos. Por eso también pensamos mucho en la capacidad productiva antes de entrar.

-¿Hay un plan de expansión de fábricas?

-Sí, por supuesto. Estamos pensando en Estados Unidos.

-¿Hoy ya están allí?

-Tenemos presencia en algunos puntos de venta, pero todavía no ingresamos como me gustaría. La idea es hacerlo de la forma más competitiva posible, con una fábrica.

-¿Cuál es el sueño más grande?

-Llegar a los 190 países del mundo, manteniendo la empresa familiar. La próxima generación también tendrá un gran desafío. Pero el sueño es crecer como empresa familiar, sosteniendo la calidad, la autenticidad de la marca y llegando a cada país del mundo. Llevando nuestros orígenes, pero adaptándonos a cada mercado como una marca local.

-¿Tenés nostalgia del pasado?

-No. Yo miro para adelante.

-¿Cuál es el techo de Franuí?

-No hay techo para Franuí. Es una marca cuyo ADN es innovar. No vamos a parar de innovar, de lanzar productos nuevos y de sorprender. El techo podría ser llegar a los 190 países del mundo. Pero incluso después de eso, vamos a seguir creando.

-Estamos en pleno Mundial. ¿Qué sentís cuando juega Argentina?

-Me estremezco como todos los argentinos. Veo los partidos nerviosa, me pongo la camiseta, grito todo.

-¿Y qué significa que tu empresa sea argentina?

-Para mí es una enorme responsabilidad. Cada pote de Franuí dice Patagonia. Y es un orgullo llevar eso hoy a más de 60 países del mundo.

 


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miércoles, 1 de julio de 2026

Huellas: Planificar a Largo Plazo - artículo

Interesante intercambio de opiniones respecto del Planeamiento que realizan las empresas de cara al desarrollo de nuevos negocios, de los distintos CEOs que se presentaron en el evento Forbes CEO Summit 2026, leemos en el artículo.

Planificar a largo plazo y elevar la competitividad, los ejes de la nueva hoja de ruta corporativa

En el Forbes CEO Summit 2026, cuatro líderes empresariales coincidieron en que la estabilización macroeconómica permite abandonar la gestión de la urgencia para proyectar inversiones de mediano y largo plazo. El foco de las grandes corporaciones se centra en la eficiencia, la competencia genuina y la expansión internacional.

El despliegue de estrategias corporativas en un entorno que deja atrás la administración de las urgencias macroeconómicas para enfocarse de lleno en la expansión internacional constituye el denominador común del empresariado actual. Ante un horizonte que abandona el estado de crisis permanente, las principales compañías proyectan inversiones estructurales bajo la premisa de que la eficiencia operativa y la disputa global por los mercados definirán el éxito en este nuevo escenario de negocios.

Durante el Forbes CEO Summit 2026, bajo la temática central "El desafío del crecimiento 3.0: de la estabilización a la expansión", destacados líderes de la industria debatieron sobre sus planes de inversión frente a la nueva realidad de la Argentina. Del panel formaron parte Juan Pablo Fasanella, presidente y Director General de AUSA; Elisa Frías, Gerente General de Uber para la Argentina, Paraguay y Uruguay: Christian Otero, Fundador de Lucciano's; y Pablo Sibilla, Presidente y Director General de Renault Argentina, quienes coincidieron en que la estabilidad permite levantar la mirada estratégica hacia los próximos años.

La búsqueda de previsibilidad y la consolidación del capital humano emergieron como los pilares compartidos para apalancar los procesos de innovación y desarrollo tecnológico. Los ejecutivos coincidieron de manera unánime en que la competencia genuina actúa como un catalizador indispensable que eleva los estándares de calidad, dinamiza los tiempos del mercado y beneficia de forma directa a los usuarios y consumidores mediante soluciones eficientes y sustentables.

El máximo referente AUSA destacó que las actuales condiciones macroeconómicas abren una ventana inédita para el desarrollo corporativo, permitiendo desvincular la toma de decisiones de la volatilidad diaria. Según su perspectiva, la previsibilidad y la disminución de las distorsiones inflacionarias operan como cimientos indispensables para diseñar políticas de mediano plazo que involucren activamente el entrenamiento del capital humano y la adopción tecnológica en los servicios de infraestructura pública.

En este sentido, el directivo puntualizó de manera categórica las posibilidades actuales de proyección estratégica que posee el sector empresarial: “Llegó un momento en la Argentina que podemos empezar a planificar algo que venía siendo muy difícil, obviamente por cuestiones macroeconómicas, por cuestiones empresariales. Llegó el momento de que nosotros podemos levantar un poco la cabeza y mirar a 5, 10 años”.

Bajo esa misma línea de acción, Fasanella detalló la magnitud de las inversiones orientadas a consolidar la digitalización integral de los accesos viales en la región. “Invertimos mucho en ser referentes de movilidad urbana en Latinoamérica, en nuestras autopistas ya no hay una cabina manual, y vamos a invertir US$ 300 millones al 2027 para seguir desarrollando soluciones mas sustentables”.

Por su parte, la máxima ejecutiva de Uber analizó el vigoroso desempeño de la firma y el rol estratégico que ocupa la plaza local dentro de la estructura corporativa global. La madurez del mercado y las nuevas alternativas orientadas al segmento corporativo y logístico sustentan una visión fuertemente optimista, donde la velocidad de adopción por parte de los usuarios locales empuja de forma constante a la organización a ampliar su capacidad operativa y su presencia geográfica en el país.

Al evaluar los pilares del crecimiento y las metas financieras proyectadas para el mediano plazo, Frías describió el escenario como “un momento de expansión, de inversión y de consolidar nuestro compromiso con Argentina. Anunciamos una inversión de US$ 500 millones y eso tiene dos patas, una la performance que viene teniendo el negocio hasta este momento, estamos en todas las provincias, en todas las capitales y con una expansión que ha sido muy buena en los últimos últimos años, pero también con un potencial que tiene Argentina de futuro enorme”.

Asimismo, la directiva remarcó que la interacción con la competencia local funciona como un dinamizador clave para reconfigurar permanentemente los servicios tecnológicos: “Somos una empresa de tecnología y para competir hay que saber tomar lo que nos sirve del mercado global, pero teniendo en cuenta lo local para transformar eso en soluciones que sirva al cliente”.

El fundador de Lucciano´s, a su turno, repasó la trayectoria de constante evolución y reafirmó la premisa de mantener una política de expansión territorial agresiva en el mercado interno, combinada con la conquista de góndolas en el exterior. La apuesta por diversificar la matriz de productos e integrar cadenas de valor regionales demuestra que la adaptabilidad y el conocimiento detallado de las exigencias del consumidor constituyen los motores esenciales para sostener la competitividad de la firma.

Respecto al compromiso de inversión de la compañía y el agresivo plan de aperturas comerciales previstos para el período corriente, Otero manifestó que “Lucciano's es una empresa que viene creciendo todos estos años. Realmente un poco sobre bases de la innovación, experiencias, pero el último año pusimos mucho foco en Argentina, independientemente de que estamos también apuntando a crecer en el exterior, y este año estamos pensando abrir 45 o 50 locales en el país”.

Al abordar las dinámicas competitivas globales y el posicionamiento de sus desarrollos tecnológicos frente a marcas internacionales, el empresario concluyó: “Siempre la competencia nos eleva, nos hace innovar y el que se beneficia es el cliente con más opciones, distintas calidades y rangos de precios. Nos preparamos para competir con mas líneas de productos e intentando ser globales”.

Finalmente, el presidente de Renault describió el profundo cambio de mentalidad que experimenta el sector manufacturero pesado tras superar etapas dominadas por severas restricciones operativas y logísticas. En la visión de la terminal fabril, el eje de gestión debe regresar con urgencia hacia la ingeniería de costos y la optimización de procesos internos, factores determinantes para asegurar la sustentabilidad y consolidar la inserción de las plataformas industriales locales en los mercados externos.

Al definir las prioridades inmediatas del entramado corporativo industrial para el desarrollo del comercio exterior, Sibilla precisó que “todas las compañías tienen que volver a centrarse en trabajar en la optimización de los procesos y la competitividad, ese es el nombre del juego para los próximos años y para seguir creciendo en los niveles de exportación”.

Finalmente, el directivo ponderó las variables estructurales necesarias para asegurar la radicación de proyectos de inversión en un contexto global complejo. “Para nosotros lo importante, mirando las próximas elecciones, es la claridad en las reglas del juego, en la estabilidad, la previsibilidad que es la variable principal para conjugar en una compañía que invierte en un mundo que es cada vez más volátil y cada vez más complejo geopolíticamente hablando.”

 


Páginas consultadas: 

1° Cuatrimestre 2026 (274 - 13) - Festejos Responsables

 


1° cuatrimestre 2026 (274 - 13) - Encuesta a los alumnos

Siempre al finalizar cada cuatrimestre, nos piden que les recuerde a los alumnos del curso, que la Facultad de Ciencias Económicas (UBA) ha dispuesto hace unos años la realización de la Encuesta de Satisfacción del Proceso Educativo, que tienen la característica de ser voluntarias y le permite a los alumnos acumular puntos adicionales a su ranking de inscripción.

La encuesta puede completarse en www.alumnos.econ.uba.ar, ingresando a la opción alumnos, con registro y clave, al ítem denominado Encuesta Académica.


Para reflexionar. Señales de un compañero tóxico

 


martes, 30 de junio de 2026

Huellas: Líderes tóxicos y culturas de ansiedad - artículo

Hoy presentamos un artículo de Alejandro Melamed, publicado en la Revista Forbes:

Líderes tóxicos y culturas de ansiedad: las lecciones que deja el paso de Marcelo Bielsa por la selección uruguaya

El colapso de la Celeste en el Mundial expone el fracaso de la gestión basada en el miedo y el control; una lección sobre los límites de la exigencia extrema frente al factor humano.

Triste, solitario y final, como la novela de Osvaldo Soriano.

Pocas veces en la historia del management deportivo un líder confesó con tanta claridad su propia disfunción. En noviembre de 2025, Marcelo Bielsa dijo ante las cámaras algo que debería estudiarse en cada escuela de liderazgo del mundo: "Yo soy tóxico. Relacionarse conmigo empeora al que se relaciona conmigo".

No fue una metáfora. No fue modestia mal ejecutada. Fue un diagnóstico clínico que él mismo validó con ejemplos: solo ve el error, corrige sin parar, demanda sin satisfacerse nunca, evita deliberadamente la conexión humana con quienes lo rodean, lleva un diario a la mesa de un café para no tener que hablar de nada que no sea trabajo. Y lo vive, según sus propias palabras, "como un karma".

El problema no es que Bielsa sea tóxico. El problema es que el mundo del fútbol —y muchos líderes fuera de él— lo celebraron durante décadas como si la toxicidad fuera sinónimo de genialidad.

El mismo final, 24 años después

Uruguay quedó eliminado en la fase de grupos del Mundial 2026. El mismo destino que Argentina bajo la conducción del propio Marcelo Bielsa en Corea-Japón 2002. Misma etapa. Mismo patrón. Diferente camiseta, idéntico colapso.

La Celeste empató ante Arabia Saudita y Cabo Verde y posteriormente perdió 1-0 contra España cuando necesitaba ganar. Tres partidos, cero victorias y afuera del Mundial. Y el técnico que llegó con la promesa de transformar el fútbol uruguayo se fue con una frase que resume todo: "Me dejaron solo".

Esa frase, pronunciada en la reunión íntima con el plantel luego de la eliminación, merece una segunda lectura. Un líder que al final del camino señala al resto como responsables de su fracaso no es un líder: es alguien que nunca entendió que liderar implica construir vínculos, no solo sistemas y procesos.

Cuando los jugadores dijeron basta

Lo que ocurrió horas antes del partido ante España ya trasciende el plano futbolístico y entra de lleno en el análisis organizacional. Sergio Rochet, Manuel Ugarte, Rodrigo Bentancur y Federico Valverde —cuatro de los jugadores más representativos del equipo— pidieron una reunión con Bielsa para decirle algo que ningún plantel debería necesitar decirle a su entrenador antes de un partido decisivo de un Mundial: "Esto ya no se aguanta más".

El mensaje era concreto: la metodología los agotaba física y mentalmente. Varios estaban con el cuerpo resentido por la carga acumulada y el nivel de exigencia había dejado de ser estimulante para convertirse en destructivo. 

La respuesta de Bielsa a esa reunión fue un monólogo. Les recordó conflictos pasados, mencionó la polémica por la exclusión de Luis Suárez, les dijo que él había construido la carrera de algunos de ellos dentro de la selección. Algunos jugadores se levantaron mientras él todavía hablaba. 

Ahí está el núcleo del problema de liderazgo: cuando la única respuesta ante una crisis de vínculo es hablar de uno mismo, el liderazgo ya se perdió mucho antes del partido.

El miedo como motor, la exigencia como método

En aquella confesión de noviembre de 2025, Bielsa también explicó el origen de su conducta con una honestidad brutal: “Esa obsesividad está en la búsqueda de recursos que te alejen de la derrota y que te acerquen a la victoria. No disfruto por ganar. Temo por perder mucho más de lo que disfruto por ganar.”

Esto no es liderazgo. Es gestión desde el miedo. Y los líderes que operan desde el miedo —propio o ajeno— construyen culturas de ansiedad, no de rendimiento. El enojo permanente de Bielsa en el banco de suplentes, las correcciones interminables, la insatisfacción crónica con cualquier desempeño no son señales de un estándar de excelencia: son síntomas de alguien que nunca aprendió a regular su propio estado emocional en función del impacto que genera en los demás.

La diferencia entre exigencia y exigencia desmedida no está en el nivel del estándar: está en si el otro puede alcanzarlo sin destruirse en el intento. Cuando los propios jugadores se lesionan por la carga de los entrenamientos, el método dejó de ser funcional hace rato. Y la exigencia desmedida se convierte en desalmada, genera heridas, duele. Jesse Marsch, quien reemplazó a Bielsa en el Leeds United, fue claro al respecto: encontró jugadores con niveles de estrés extremos, agotados por una metodología que los llevó al límite sin construir el rendimiento que prometía. El problema de las lesiones, sostuvo, tuvo mucho que ver con la metodología de trabajo. Estos jugadores estaban sobreentrenados y eso los llevó a estar física, mental, emocional y psicológicamente en un lugar difícil para recuperarse partido tras partido.

La brecha entre el mapa y el territorio

Bielsa es, sin dudas, uno de los pensadores más sofisticados que ha dado el fútbol mundial. Sus análisis tácticos, su capacidad para analizar rivales y dividir partidos en tramos y extraer patrones, su construcción conceptual del juego son genuinamente brillantes. El problema es lo que ocurre cuando esa brillantez teórica colisiona con la realidad de personas concretas, en contextos específicos, con historias y culturas propias.

En Uruguay, la Asociación Uruguaya de Fútbol apostó a que Bielsa traiga su ADN futbolístico para potenciar el modelo que ya existía y obtener una versión superadora: la historia de la Celeste más la “metodología bielsista”. No ocurrió nada de eso. Según el análisis de medios uruguayos, Bielsa destruyó la naturaleza del fútbol uruguayo sin poder inocular la suya propia. Borró la matriz sin reemplazarla.

Este es el síndrome del líder que confunde su mapa con el territorio. El que llega a una organización convencido de que su modelo es universalmente superior, sin entender qué hace funcionar a esa cultura particular, qué identidad los sostiene, qué valores movilizan a esas personas específicas.

La teoría sin adaptación al contexto no es sabiduría. Es dogma.

Lo que Menotti entendía y Bielsa no pudo aprender

En aquella misma entrevista de noviembre de 2025, Bielsa mencionó a César Luis Menotti como su contrario: "Menotti vivía todo lo contrario de lo que yo pienso, y yo quisiera vivir todo lo contrario de lo que vivo".

Es una de las frases más reveladoras que pronunció en su vida. Porque Menotti entendió algo que Bielsa declara querer entender, pero nunca pudo incorporar: que el fútbol, como toda organización humana, se juega fundamentalmente en el vínculo. Que la conexión emocional y humana con los jugadores no es un lujo o una concesión: es la condición de posibilidad de cualquier sistema de juego. Que liderar es, en última instancia, hacer que otros quieran dar lo mejor de sí mismos —no por temor al error, sino por el deseo genuino de lograr los mejores resultados.

El liderazgo que opera exclusivamente desde el control, la corrección y la exigencia desmedida sin contención emocional puede funcionar en el corto plazo, con ciertos perfiles de personas, bajo ciertas condiciones. Pero no escala. No perdura. Y, sobre todo, no construye nada que sobreviva al propio líder.

Un karma que se vuelve diagnóstico

Cuando Bielsa dice que vive su propia conducta "como un karma", está describiendo algo más profundo que una personalidad difícil: está describiendo la trampa de un líder aferrado a un patrón que reconoce como disfuncional pero no puede —o no quiere— modificar.

El karma, en su acepción popular, implica repetición. Y la historia de Bielsa es, exactamente, eso: Chile 2010 —que llegó hasta octavos— fue la excepción que confirmó la regla. Todo lo demás a nivel selecciones es un ciclo que colapsa cuando el entorno necesita algo que el método no puede dar: flexibilidad, vínculo, pertenencia, disfrute.

Bielsa reconoció en esa misma entrevista que quisiera ser diferente. Que admira a quienes son distintos. Eso habla de cierta conciencia, pero la conciencia sin cambio de conducta no es liderazgo. Es condición necesaria, mas no suficiente.

El mundo del management tiene una deuda pendiente con esta historia. La de dejar de romantizar la obsesión hasta el límite como virtud, la dureza extrema como profundidad y la distancia emocional como fortaleza. Un líder que destruye lo que toca —por brillante que sea su visión— no está construyendo nada. Está dejando escombros con buena estética. Y en la selección uruguaya, después de este Mundial, los escombros hablan por sí solos.

La pregunta, por lo tanto, no es qué le faltó a Bielsa. Es cuántos líderes, hoy mismo, están repitiendo su propio karma sin saberlo.

 


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Huellas: La IA en la FCE - artículo

Presentamos un artículo publicado en iProfesional

La determinación que tomó la UBA sobe el uso de IA en la universidad

La Universidad de Buenos Aires reguló el uso de inteligencia artificial en las aulas de Económicas con un sistema propio y pionero

La Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) aprobó una normativa institucional para regular la plataforma de Inteligencia Artificial (IA) que ya se está implementando en los procesos de enseñanza, aprendizaje y evaluación. Es una de las primeras unidades académicas del país en utilizar una herramienta de IA desarrollada íntegramente por la propia Facultad y en establecer un marco integral para su utilización en el ámbito universitario.

"La Inteligencia Artificial ya forma parte de la vida académica y profesional de los estudiantes, por lo que el desafío es enseñar a aplicarla de manera crítica, ética y responsable", comunicó la UBA.

Para ello, se incorporó el desarrollo de un agente de Inteligencia Artificial propio dentro de la plataforma institucional de la Facultad de Ciencias Económicas "Mi Econ". A diferencia de las herramientas abiertas, este sistema funciona en un entorno cerrado y seguro, utiliza exclusivamente materiales académicos seleccionados por las cátedras y permite garantizar la privacidad de los datos, la trazabilidad de las interacciones y la igualdad de acceso para todos los estudiantes.

"En esa misma plataforma desde donde ingresan al aula virtual, los alumnos también tienen acceso al chat de IA desarrollado por la Facultad, donde cada cátedra sube su propia bibliografía. Es decir, que los estudiantes consultan la bibliografía que usan los profesores en sus materias. De esa forma, los docentes se aseguran de que sus alumnos están utilizando el material de cátedra que está en el programa", explica Natalia Guidolin, secretaria académica de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.

Actualmente, la herramienta es utilizada por 2.000 alumnos en 40 materias y 184 cursos, que involucran a 44 cátedras. Es la primera facultad de la UBA en implementar una plataforma interna de IA y en darle un marco normativo propio para su regulación.

Autoría y responsabilidad

En ese contexto, la nueva normativa también establece criterios claros sobre el uso académico de la Inteligencia Artificial.

La responsabilidad sobre los trabajos académicos continúa siendo del estudiante, quien deberá responder por la calidad de los argumentos, la verificación de la información y la correcta atribución de las fuentes utilizadas.

La IA puede asistir en procesos parciales de producción académica, pero no traslada la autoría ni la responsabilidad. Quien presenta un trabajo es autor o autora de su contenido y responde por la validez de los argumentos y la evidencia; la atribución correcta de ideas, datos y materiales (incluida la mención del uso de IA cuando corresponda); y el cumplimiento de las políticas institucionales y de la política de curso definida por la cátedra.

Evaluación y trazabilidad del proceso

Uno de los aspectos más innovadores de la propuesta es el cambio de paradigma en la evaluación. La Facultad impulsará mecanismos que permitan valorar no solo el resultado final de los trabajos, sino también el proceso de elaboración, mediante borradores, registros de trabajo, defensas orales breves y evidencias que acrediten la autoría intelectual de los estudiantes.

Con este enfoque, la Facultad considera que la alfabetización en Inteligencia Artificial será una competencia indispensable para los futuros profesionales de las Ciencias Económicas y que la universidad debe asumir un rol activo en la formación de capacidades para utilizar estas tecnologías con criterio, responsabilidad y pensamiento crítico.


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