jueves, 11 de junio de 2026

CEOs y Gerentes Gabriel Fernández de FG Ingeniería

Hoy presentamos un artículo publicado en Cadena3:

De jardinero a CEO: la inspiradora historia de Gabriel Fernández

Motivado por los consejos de su tía sobre la importancia del estudio y el esfuerzo, Fernández financió su educación técnica y universitaria. En diálogo con Cadena 3, contó su historia.

Irigoyen, un pueblo santafesino de poco más de mil habitantes, vio nacer a Gabriel Fernández, un empresario de 45 años que hoy lidera tres compañías pujantes y que, desde los 12 años, no paró de trabajar para construir su futuro.

Fernández pasó de ser un joven jardinero a convertirse en el CEO de tres empresas tecnológicas e industriales. Motivado por los consejos de su tía sobre la importancia del estudio y el esfuerzo, Fernández financió su educación técnica y universitaria realizando diversos oficios manuales y manteniendo una estricta disciplina económica. 

Actualmente, lidera proyectos de ingeniería automotriz, robótica y biotecnología, destacándose por la creación de la primera planta de bioplástico biodegradable en Latinoamérica.

Fernández contó a Cadena 3 cómo empezó todo: "Ya en la primaria trabajaba en el campo con mi viejo, que era contratista rural. Los viejos de campo son duros y exigentes. Siempre terminábamos pobres: llovía mucho o llovía poco, pero la historia era la misma". 

La tía, directora de escuela, le repetía: "Vos estudiá, que te va a ir bien". Ella tenía auto nuevo, vacaciones y hasta brindaba con fresita en Navidad, algo impensado en Irigoyen. "Vi la diferencia y la única diferencia era que ella había estudiado. Dije: es una papa, hay que estudiar". 

El problema: en Irigoyen no había secundaria. Eligió la Escuela Técnica de Barrancas, la más difícil, porque "si te sacrificas, seguramente vas a tener un premio mayor". Iba a dedo, pagaba comedor y merienda con lo que ganaba cortando césped para los vecinos.  

"Fui el primero que se compró una bicicleta con 15 cambios y la primera moto en 10 cuotas. Ahí empecé a darme cuenta: mi tía tenía razón", aseguró.

A los 24 años, tras casi 10 años sin descanso, entró en relación de dependencia. Diez meses después dejó el empleo soñado y, con nueve materias pendientes, fundó FG Ingeniería. "Mi abuela me regaló una mesita de jardín de tres patas blancas. Vendí la moto, compré una computadora y empecé arriba de esa mesa", contó.

"Nunca dependí del gobierno ni de un aumento. Plantéate un proyecto personal y lógralo. Todos los días aprendo algo. El mundo sigue girando y las oportunidades son para los que están preparado", agregó.

"Hay una Argentina posible. Tenemos recursos y talento increíble. El problema es que no nos ponemos de acuerdo. Si nos ponemos de acuerdo, todo es posible", cerró.

 


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lunes, 8 de junio de 2026

Telxínoe: Indio Solari (1949 - 2026)

Hay un ruido de platos vacíos en la Argentina.

Un sonido áspero.

Como ascensores cayendo dentro de hospitales apagados.

Como tizas partidas sobre pizarrones gastados en escuelas que ya no llegan a fin de mes.

Y mientras desde arriba venden épica financiera con sonrisa televisiva, abajo la realidad mastica gente.

Los jubilados cuentan monedas como si fueran balas sobrevivientes de una guerra perdida.

Les licuaron la vida despacito.

Primero los remedios.

Después la comida.

Después la dignidad de tener que elegir entre calefacción o un paquete de arroz.

Y todavía aparecen predicadores del ajuste diciendo que el sufrimiento “era necesario”.

Como si el hambre fuese una materia universitaria.

Como si ver ancianos revolviendo descuentos fuera parte del equilibrio fiscal.

Los laburantes tampoco llegan.

El sueldo dura menos que un semáforo en verde.

El consumo se desplomó porque ya no se compra: se sobrevive.

La heladera parece un teatro abandonado después del saqueo.

Y en las calles hay persianas bajas como párpados cansados.

Construcciones detenidas.

Fábricas respirando por tubos.

Comercios vacíos donde antes había ruido de monedas y olor a pan caliente.

La recesión avanza como hollín pegado detrás de las paredes.

Silenciosa.

Espesa.

Entrando en las casas mientras algunos influencers del mercado festejan numeritos como si la economía fuera un videojuego sin cadáveres.

También le metieron motosierra a la educación y a la salud.

Universidades asfixiadas.

Hospitales universitarios peleando por insumos básicos.

Docentes agotados enseñando entre ruinas presupuestarias y techos que lloran goteras.

Pero en la televisión hablan de libertad.

Siempre libertad.

Aunque millones estén cada vez más presos del miedo, de las deudas, de la angustia de perder el trabajo.

Y entonces aparece el gran truco del circo:

hacerte creer que la crueldad es valentía.

Que insultar es gobernar.

Que destruir es sincerarse.

Que el ajuste sobre los cuerpos cansados del pueblo es una especie de purificación divina.

Hay fanáticos aplaudiendo el incendio mientras el humo les entra por debajo de la puerta.

Gente defendiendo verdugos porque aprendieron a odiar más de lo que aprendieron a pensar.

Y lo más oscuro no es el personaje delirante que grita desde el escenario.

Lo verdaderamente oscuro es una sociedad agotada, partida, furiosa…

que empezó a normalizar que le rompan el alma a los más débiles mientras le llaman “cambio” al derrumbe.

La Argentina no se está quedando sin plata solamente.

Se está quedando sin alma.

Sin paciencia.

Sin futuro.

Y cuidado…

porque cuando un pueblo ya no siente el dolor del otro,

el monstruo deja de gobernar desde arriba.

Empieza a vivir adentro de todos.

INDIO * (Su última carta)


El Indio Solari fue distinguido con el Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Buenos Aires (UBA) el 15 mayo de 2026, máximo reconocimiento académico, por su impacto cultural, trayectoria y lenguaje crítico en la música popular argentina.

Aprovecho para adjuntar Indio Poeta, una celebración a la obra poética del músico, en el 2do Festival Bonaerense de Poesía que se llevó a cabo en el Teatro Argentino de La Plata, en enero de 2025.