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martes, 14 de octubre de 2025

El Método Myers-Briggs (MBTI)

El Método Myers-Briggs (MBTI) es una herramienta de evaluación psicológica muy popular, a menudo utilizada en entornos de administración y desarrollo personal para comprender las preferencias de personalidad.


 El Método Myers-Briggs (MBTI)

El Indicador de Tipo Myers-Briggs (MBTI) es un cuestionario de autoevaluación diseñado para indicar las diferentes preferencias psicológicas en cómo las personas perciben el mundo y toman decisiones. Fue desarrollado por Katharine Cook Briggs y su hija Isabel Briggs Myers a partir de la teoría de los tipos psicológicos de Carl Jung.

En el ámbito de la administración y la gestión, se utiliza para:

  1. Mejorar la comunicación y la dinámica de equipo.
  2. Facilitar el liderazgo y el desarrollo profesional.
  3. Comprender las diferencias en la toma de decisiones y la resolución de conflictos.

Las Cuatro Dicotomías Clave

El MBTI clasifica las preferencias de una persona en cuatro dicotomías principales, lo que resulta en 16 tipos de personalidad posibles (por ejemplo, ISTJ, ENFP, etc.). Cada tipo se forma al seleccionar una preferencia de cada par.

Dicotomía

Polo A (Preferencias)

Polo B (Preferencias)

Aplicación en la Administración

I. Orientación de la energía o Interacción Social

Extrovertido (E): Recarga energía interactuando con otros y el mundo exterior.

Introvetido (I): Recarga energía en la soledad y la reflexión interna.

Define cómo un líder o miembro de equipo participa en reuniones y gestiona la interacción social.

II. Manera de Percibir

Sensación (S): Se enfoca en la realidad actual, los hechos concretos y los detalles prácticos.

Intuición (N): Se enfoca en el panorama general, las posibilidades futuras, teorías y abstracciones.

Define el tipo de información y los detalles que prioriza una persona al planificar o analizar una situación.

III. Manera de Decidir

Pensamiento (T): Toma decisiones basándose en la lógica objetiva, la razón y el análisis impersonal.

Sentimiento (F): Toma decisiones basándose en los valores personales, el impacto en los demás y la armonía.

Define si la toma de decisiones se enfoca en la eficiencia (T) o en las relaciones y la moral (F).

IV. Estilo de Vida – Percepción del mundo

Juicio (J): Prefiere tener las cosas resueltas, ser organizado, estructurado y planificado.

Percepción (P): Prefiere ser flexible, espontáneo, abierto a opciones y adaptable.

Define cómo una persona gestiona el tiempo y la planificación de proyectos y plazos.

Los 16 Tipos y su Relevancia

Al combinar las cuatro preferencias (por ejemplo, Extrovertido (E), Intuición (N), Sentimiento (F), Percepción (P)= ENFP), se obtiene uno de los 16 tipos.

Ejemplo Práctico:

  • Un gerente ISTJ (Introvertido, Sentimiento, Pensador, Juzgador) probablemente destacará en la organización, la ejecución de procesos claros y la atención al detalle (contabilidad, auditoría).
  • Un gerente ENFJ (Extravertido, Intuitivo, Sentimiento, Juzgador) probablemente destacará en la motivación de equipos, la comunicación inspiradora y la gestión de personas (recursos humanos, coaching).

Es fundamental que se entienda que el MBTI describe preferencias, no habilidades, inteligencia o capacidad. Todas las preferencias son valiosas en el entorno laboral y un equipo equilibrado, que comprenda y respete las diferencias, es típicamente más efectivo.




 

En la web se puede encontrar una variedad de test que utilizan esta metodología para clasificar tu personalidad, que son gratuitos, a modo de ejemplo y sin ningún interés en particular, acá hay un link para realizar el test: https://www.16personalities.com/es/test-de-personalidad.

miércoles, 18 de junio de 2025

Huellas: Liderazgo en la era de la adaptación - artículo

Les presentamos un interesante artículo publicado en la Revista Forbes, sobre las características que tienen que tener los líderes en estos tiempos cambiantes. Leemos en el mismo:

Liderazgo en la era de la adaptación: las claves de los CEOs argentinos para el nuevo ciclo

En un escenario global de constante redefinición, el rol del líder corporativo atraviesa una transformación en distintos sentidos, pasando de ser un experto técnico a una figura que debe dominar el arte de la adaptación al cambio y la generación de confianza entre sus colaboradores al que se integra como equipo. Cómo lo logran.

Se trata de los nuevos líderes para la transición, cuya impronta como los número uno de cada organización es clave hacia adentro y también hacia fuera. Inspirar, motivar y comprometer, son las consignas que repasaron Martín Genesio, presidente y CEO de AES Argentina; Marcelo Ponte, director general del Grupo Merck Argentina, y Rodrigo Stefanini, CEO Latam de Stefanini Group, en la nueva edición del Forbes CEO Summit.

Esta transformación es, para muchos, la piedra clave del éxito empresarial en la actualidad. Genesio resumió esta metamorfosis con claridad: "El rol del CEO o del líder pasó de ser representado por alguien experto técnicamente en algo a una persona que hoy tiene que ser experta en adaptarse a los cambios". Esta nueva perspectiva no solo desafía las estructuras tradicionales, sino que también redefine lo que significa ser un líder efectivo.

Este profundo cambio en la visión del liderazgo es uno de los temas centrales sobre el debate por la gobernanza corporativa en un contexto de nuevo ciclo, nuevas reglas, en las cuales estas figuras están también navegando las complejidades del panorama económico y social actual.

Genesio enfatizó que, aunque el objetivo fundamental de una compañía puede permanecer inalterable, "la forma de alcanzarlo es lo que cambia constantemente". En este entorno dinámico y a menudo impredecible, la clave no es la rigidez, sino la flexibilidad y la construcción de un ecosistema de soporte. 

La base de este ecosistema, según Genesio, reside en "generar confianza en el equipo, como parte de un aprendizaje continuo". Para él, un equipo solo funciona mejor en un ambiente de plena confianza, donde la transparencia y el apoyo mutuo son la norma. Esta visión desafía frontalmente la noción del "líder omnipotente", una figura que, según Genesio, "dejó de existir por completo", para transformarse en un "creador de confianza". 

En un mundo hiperconectado y dominado por las redes sociales, donde la exposición personal y profesional es constante, la confianza se vuelve fundamental, especialmente para las nuevas generaciones que entienden que el camino hacia el objetivo es dinámico y en constante evolución.

Pero la Argentina, en particular, ofrece el valor intrínseco de una verdadera "escuela de cambio", un país que, por su propia historia económica y social, vive en constante adaptación, ofreciendo un laboratorio único para el aprendizaje y la innovación en liderazgo.

Ponte añadió una capa de complejidad al análisis, aludiendo no solo a la inestabilidad inherente a la Argentina, sino también a un contexto global que redefine las reglas del juego. Para Ponte, el rol del CEO se vuelve "mucho más ágil y más dinámico", con la desafiante responsabilidad de equilibrar la atención en el corto plazo, indispensable para la supervivencia, con una sólida visión de mediano y largo plazo. 

"Una empresa con 350 años de historia como Merck ejemplifica esta capacidad de trascender lo inmediato para construir un futuro", resaltó el ejecutivo quien destacó la necesidad de contar con "equipos preparados para la inestabilidad, que sean intrínsecamente resilientes, capaces de aprender rápido y de reacomodarse constantemente a las nuevas circunstancias". 

El CEO, en este panorama, debe ser un facilitador que garantice "estructuras horizontales" y sirva como "fusible" crucial entre las necesidades y realidades de los niveles locales y las estrategias de las casas matrices. La cultura organizacional, lejos de ser impuesta unilateralmente por un CEO, se construye colectivamente, y la capacidad de escuchar activamente a los equipos se convierte en una herramienta indispensable. 

El director general del Grupo Merck Argentina remarcó que para las nuevas generaciones, que ejercen una creciente influencia en el mercado laboral y las dinámicas corporativas, "valores como la diversidad, la inclusión y la responsabilidad social no son meros agregados, sino condiciones sine qua non para el compromiso y la lealtad".

Por su parte, Stefanini introdujo una capacidad que consideró primordial para el liderazgo actual: "aprender a desaprender". En un mundo donde el conocimiento se vuelve obsoleto a una velocidad vertiginosa, los líderes deben estar dispuestos a abandonar viejas formas de hacer las cosas y abrazar nuevas soluciones con una mentalidad abierta y experimental. 

A esta habilidad fundamental, Stefanini sumó "la conexión de personas en un mundo hiperconectado, reconociendo el poder de la colaboración y la sinergia" entre individuos y equipos. Pero a la vez, enfatizó la capacidad de armar equipos que construyan soluciones, impulsando la descentralización de las decisiones a través de hubs de toma de decisiones, lo que fomenta la autonomía y la agilidad.

El CEO de LATAM de Stefanini Group, subrayó que el norte o propósito de la compañía debe mantenerse inalterable, pero el "cómo se ejecuta" y "con quién se ejecuta ese cambio" son factores absolutamente cruciales. 

La escucha activa a las nuevas generaciones y la capacidad de equilibrar la innovación sin poner en riesgo el rumbo estratégico son desafíos constantes para los líderes. Con una sólida presencia global en 110 países, Stefanini tiene una perspectiva única sobre la gestión de las crisis. Observa que Argentina, a pesar de su histórica inestabilidad, siempre ha buscado crecer y mejorar, generando un profundo orgullo por el país y una innata capacidad de superación. 

Esta experiencia acumulada en lidiar con la incertidumbre y la crisis, tanto en Argentina como en Brasil, otorga a sus empresas y a sus equipos una "ventaja exponencial" en el escenario global actual, permitiéndoles no solo sortear las dificultades, sino también "sacar lo mejor de este momento" para sus clientes.

 


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jueves, 29 de mayo de 2025

Huellas: Cómo convertirte en un CEO "todoterreno" y triunfar en 2025 - artículo

Hoy presentamos un artículo publicado en la Revista Forbes respecto a cómo impacta en este 2025 las nuevas tecnologías en la función ejecutiva en las organizaciones y como impacta en el liderazgo: Leemos en el artículo:

Cómo convertirte en un CEO "todoterreno" y triunfar en 2025

Liderar en 2025 exigirá visión multidisciplinaria, adaptabilidad y la capacidad de conectar ideas en un mundo impulsado por la IA.

La vida está llena de oportunidades por explorar, si tan solo nos atreviéramos a sumergirnos en ellas. Como solía decir Yogi Berra, con su particular lucidez: "Es difícil hacer predicciones, especialmente sobre el futuro".

Sin embargo, a veces las señales son claras y están a la vista de todos. Para la próxima generación de directores ejecutivos, el mensaje es inequívoco: la clave del éxito radica en la capacidad de adaptación y en una visión amplia del conocimiento.

Atrás quedaron los tiempos en los que basar una carrera profesional en la especialización dentro de un único ámbito garantizaba el liderazgo eficaz de una organización. Hoy, los líderes deben adoptar con urgencia un enfoque multidisciplinario, capaz no solo de derribar silos, sino también de propiciar el intercambio de ideas entre ellos. De lo contrario, corren el riesgo de quedar rezagados.

Si esto parece una paradoja, no es extraño.

Como nos enseñó Malcolm Gladwell, invertir las célebres 10.000 horas en una disciplina es un paso crucial para la maestría. De la misma manera, el concepto de grit (determinación) propuesto por Angela Duckworth sigue siendo relevante: el compromiso, la dedicación y la capacidad de afrontar desafíos difíciles aún son fundamentales.

No obstante, el paradigma cambió. Si bien el conocimiento profundo en un área sigue siendo esencial para el éxito, ya no es suficiente. Hoy, la clave reside en la capacidad de integrar distintas perspectivas, adaptarse con rapidez y desafiar los límites del saber tradicional.

En el 2025 de Sam Altman, el éxito transformador no se logra únicamente recorriendo un único camino de 10.000 horas, sino transitando múltiples trayectorias en paralelo. Al igual que el agua que fluye en un arrozal, las bases del éxito en el año entrante se construirán sobre el dominio simultáneo de diversas disciplinas, fluyendo hacia donde se presenten mayores oportunidades.

Los directores ejecutivos que se atreven a salir de su zona de confort e integran conocimientos de distintos campos tienen muchas más probabilidades de prosperar en un mundo en constante cambio. Por eso, el concepto de alcance resulta clave para el liderazgo en 2025. La pregunta es: ¿cómo cultivarlo?

La IA impone una nueva realidad para los directores ejecutivos

La evolución del trabajo moderno no es un fenómeno nuevo. De hecho, las descripciones de los puestos actuales ya difieren significativamente de lo que eran hace apenas una década.

Hoy, las empresas demandan profesionales capaces de alternar entre análisis de marketing, gestión de marca y comunicación digital en el transcurso de un solo día, una exigencia que habría sido impensable hace algunos años. Lo que antes requería la intervención de varios especialistas altamente capacitados, ahora suele recaer en un solo rol, reflejando una transformación estructural más amplia: el trabajo dejó de ser lineal, una realidad que impacta especialmente en la figura del CEO.

Sí, la famosa fábrica de alfileres de Adam Smith sigue ofreciendo lecciones valiosas sobre eficiencia y especialización. Sin embargo, la inteligencia artificial está reconfigurando esa ecuación en dos aspectos fundamentales.

En primer lugar, la IA hizo que el conocimiento especializado sea más accesible y menos escaso, reduciendo el valor de su dominio exclusivo a lo largo del tiempo.

Lo que a un individuo le lleva años aprender, la inteligencia artificial puede procesarlo en cuestión de segundos. Herramientas como los grandes modelos de lenguaje y la IA generativa (Gen-AI) son capaces de analizar datos complejos con velocidad vertiginosa y sintetizar investigaciones de nicho que, en otros tiempos, habrían demandado meses de trabajo a equipos especializados.

Es cierto que, hoy en día, la precisión de estas herramientas no es perfecta y la calidad de los resultados depende en gran medida de la calidad de las indicaciones y del encadenamiento de comandos. Sin embargo, quien crea que llegaremos al final de 2025 sin una IA capaz de igualar la experiencia de profesionales de negocios altamente especializados, "tengo un puente para venderle".

Pero la revolución no termina ahí. La IA no solo democratiza el acceso al conocimiento especializado, sino que también amplifica nuestra capacidad de ejecución. Cada persona se convierte en una potencia de acción potencial, siempre que sepa cómo utilizar la información disponible de manera estratégica.

Y es precisamente aquí donde cobra relevancia la necesidad de desarrollar una comprensión amplia del mundo, los negocios y el entorno. Invertir 10.000 horas en cavar un pozo de diez millas puede llevarte a encontrar oro, pero también puede hacerte perder de vista las oportunidades que existen a solo unos metros de distancia. Abrazar lo posible adyacente es clave.

Para los líderes, esto significa adoptar una perspectiva más amplia y multidisciplinaria. En lugar de profundizar sin cesar en una única especialización, los directores ejecutivos deben aprender a identificar y evaluar múltiples oportunidades, dirigiendo a sus equipos hacia los puntos estratégicos donde conviene perforar.

Como consecuencia de esta nueva realidad, el rol del CEO está evolucionando. Ya no se trata únicamente de dirigir una empresa en términos tradicionales, sino de convertirse en un coordinador, un facilitador y un conector de ideas, talentos y oportunidades.

Ejemplos de esta transformación ya pueden verse en figuras como Jeff Bezos, Elon Musk y Mark Cuban, quienes aprovecharon su conocimiento central para incursionar en industrias dispares, desde la exploración espacial hasta la biotecnología y los productos farmacéuticos.

Ya sea excavando túneles bajo grandes ciudades o impulsando la inteligencia artificial en el sector de la salud, estos líderes demostraron que el éxito no depende de una única habilidad profundamente especializada, sino de la capacidad de capitalizar el conocimiento en distintos dominios y conectar puntos aparentemente distantes.

En definitiva, el día a día de un CEO debe evolucionar del clásico "yo dirijo esta empresa" al más amplio "soy el pastor de esta empresa". Guiar a su equipo con eficacia exige mucho más que un conocimiento técnico o una experiencia profunda en un solo campo; requiere una visión estratégica que le permita saber dónde pastar y cuándo avanzar.

¿Cómo pueden los directores ejecutivos expandir su alcance?

¿Cómo puede un director ejecutivo, inmerso en un sinfín de responsabilidades, cultivar intencionalmente una visión amplia sin sacrificar los beneficios de la concentración y la determinación?

Contrario a lo que se suele creer, desarrollar un enfoque más abarcador no implica dispersar esfuerzos de manera caótica. Tener un amplio alcance no significa carecer de enfoque o compromiso.

En cambio, es útil concebirlo como el arte de cultivar una serie de debilidades intelectuales, análogas a aquellas debilidades sociales que, en ciertas circunstancias, pueden generar resultados extraordinarios.

En su expresión más simple, esto implica darse permiso para explorar brevemente temas intrigantes, aventurarse en proyectos paralelos que quizá no prometan un retorno inmediato de la inversión, pero que podrían ser la semilla de una innovación futura, y, simplemente, "entusiasmarse" con una idea hasta que surja el impulso de pasar a otra.

Aceptar el cambio de mentalidad: de un propósito limitado a una pasión intelectual amplia

Es momento de considerar la diversidad de intereses como un activo y no como una traición a la experiencia principal de cada líder.

El concepto de tenacidad propuesto por Angela Duckworth resalta la importancia del compromiso sostenido. Sin embargo, si se lo interpreta de manera demasiado rígida, se corre el riesgo de limitar el desarrollo profesional. En cambio, ese compromiso puede extenderse a una cartera de intereses diversos, cada uno de los cuales contribuye a enriquecer la perspicacia general para el liderazgo.

La clave está en analizar cómo la experiencia principal interactúa con los nuevos campos que se exploran y en atreverse a incursionar en áreas completamente desconocidas.

Después de todo, así es como aprendemos y crecemos.

Ampliar el horizonte intelectual

Curar listas de lectura diversificadas

Leer en profundidad es valioso, pero leer con amplitud lo es igualmente. La clave está en combinar publicaciones académicas, relatos históricos, biografías de pioneros y artículos de líderes de opinión contemporáneos. Al exponer la mente a múltiples perspectivas, se multiplican las posibilidades de hacer conexiones inesperadas, esas que pueden revelar oportunidades que otros aún no detectaron

Prepararse para colaboraciones inesperadas

Los silos existen porque los construimos nosotros mismos. Romper ese ciclo y salir de la burbuja profesional requiere un esfuerzo consciente: comprometerse a dialogar con colegas de departamentos o disciplinas completamente distintas.

Hacer preguntas clave puede abrir puertas inesperadas: ¿Cómo funcionan sus procesos? ¿Cuáles son sus mayores desafíos? ¿Qué innovaciones los entusiasman?

De estas conversaciones pueden surgir herramientas, enfoques o aplicaciones novedosas que encajen de manera perfecta en el propio ámbito de trabajo.

Cultivar vínculos intelectuales débiles a través de proyectos paralelos

No todo debe generar un retorno inmediato de la inversión ni necesariamente escalar hasta convertirse en una ventaja competitiva. Aprender a pintar o a programar, inscribirse en un curso de psicología en línea o estudiar un nuevo idioma son actividades que, aunque parezcan ajenas al mundo de los negocios, pueden reconfigurar la forma de pensar y abrir nuevas perspectivas.

Para un director ejecutivo, esta plasticidad mental puede marcar la diferencia entre una mejora incremental y una innovación revolucionaria.

Adoptar una mentalidad Tema+

Al evaluar sus habilidades actuales—ya sea en marketing, ingeniería de software o economía—preguntate: ¿cuál es el componente "+" que podría catapultarme más allá de las aplicaciones obvias?

La clave está en identificar áreas periféricas que nutren su especialización. Por ejemplo, un ingeniero de software podría beneficiarse del pensamiento de diseño, un economista de la ciencia de datos, y un líder de negocios de la psicología conductual. Dedicar tiempo a aprender al menos los fundamentos de estas disciplinas expande la capacidad de análisis y fomenta la innovación.

La variedad como hábito

En esencia, la variedad no es más que un hábito de curiosidad intelectual sumado a una exposición selectiva a nuevas ideas. No se trata de ser un experto de talla mundial en todos los campos—ni siquiera sería deseable—sino de alcanzar un nivel de comprensión suficiente en distintas áreas para detectar sinergias y ampliar la visión estratégica.

Con la inteligencia artificial como aliada, el conocimiento ya no es una barrera insalvable. A menudo, basta con una ligera idea del primer paso a dar para sorprenderse con lo lejos que se puede llegar.

Nota publicada en Forbes US.

 


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lunes, 26 de mayo de 2025

Huellas: Elegimos líderes por cómo se ven, no por lo que hacen - artículo

Presentamos un reportaje realizado por el periodista Andrés Hatum y publicado en el diario La Nación, al Psicólogo organizacional Tomás Chamorro-Premuzic, quien profundiza el tema del liderazgo en las organizaciones:

“Elegimos líderes por cómo se ven, no por lo que hacen”

No ser “auténticos”, no “seguir la pasión”, desconfiar del “populismo” del carisma: el psicólogo organizacional Tomás Chamorro-Premuzic incomoda al poder, sacude los sesgos laborales y obliga a pensar

Cuando Tomás Chamorro-Premuzic dice que “el problema no es que haya tantos hombres incompetentes en posiciones de liderazgo, sino que los elijamos”, no busca provocar: describe una realidad respaldada por años de investigación. Psicólogo organizacional, escritor y académico en las universidades más prestigiosas del mundo, ha dedicado su carrera a desarmar los sesgos con los que premiamos el carisma por sobre la competencia, y la seguridad por sobre la empatía.

En tiempos donde la inteligencia artificial irrumpe en todos los rincones del trabajo, él propone una pregunta inquietante: ¿cuánto de lo que creemos saber sobre talento, liderazgo y potencial está realmente fundado en evidencia? Desde su mirada crítica pero profundamente humana, invita a pensar distinto sobre el poder, la personalidad y el futuro.

Psicólogo organizacional, vicepresidente global de Innovación de la empresa ManpowerGroup, autor de bestsellers y profesor en Harvard y Columbia, Tomás Chamorro-Premuzic lleva años investigando por qué tantos líderes son incompetentes, cómo la confianza suele disfrazarse de talento, y qué puede enseñarnos la inteligencia artificial sobre nosotros mismos. En charla con LA NACION, reflexiona sobre el futuro del trabajo, el exceso de narcisismo en el liderazgo y la necesidad urgente de redefinir el mérito.

–¿Cómo fue el camino que te llevó de la psicología a convertirte en una voz destacada en temas de liderazgo en el mundo corporativo?

–A veces cuando me preguntan consejos de carrera me siento incómodo porque a mi me surgió fortuitamente, pero siempre supe lo que no quería. Empecé en la UBA estudiando psicología, que era análisis lacaniano y yo era parte de esa secta, pero empecé a descubrir la psicología de verdad, la neurociencia, la investigación. Al final de la carrera tomé materias optativas de psicología conductual, comencé a buscar becas y me salió la del British Council y me fui a Londres. Me costó mucho, pero me dio una base de investigación para el doctorado. Me recomendaron hacer un doctorado sobre la relación entre personalidad y la inteligencia, y siempre pensé que iría a trabajar a McKinsey, BCG. Un profesor me tiró la idea abajo porque no tenía pasaporte europeo ni visa. Terminé como profesor y me fui abriendo camino. Hoy sería difícil replicarlo, porque si empezás en el mundo académico es difícil combinar las cosas que yo hago. La brecha entre la teoría y la práctica existe en todas las disciplinas, pero en recursos humanos no debería ser así. Hay muchos que son tan teóricos que rayan lo metafísico. Yo trato de cerrar esas brechas con lo que escribo y mi trabajo.

Tomás Chamorro-Prémuzic nació en Buenos Aires, tiene 49 años y hoy vive en Roma, cerca de plaza Cavour, al lado del Vaticano. Estudió un master en University College London, donde también hizo su doctorado. Creó el programa de psicología organizacional en esa universidad para competir con otras universidades y escuelas de negocio.

Sobre talento y liderazgo

–¿Qué es lo que más sobrevaloramos al elegir líderes hoy en día?

–Yo creo que por lo general sobrevaloramos el estilo y apariencia y subvaloramos la sustancia. La autoestima y carisma y la capacidad de “chamuyar,” la confianza que esa persona tiene en sí misma, la habilidad política y la inteligencia social son aristas de la personalidad que sobrevaloramos. Pero cuando esa persona no tiene escrúpulos, esas características son peligrosas. La gente se sorprende por lo que hace Trump. Hoy en Estados Unidos hoy hay dos narcisistas de texto clásico liderando, difícil que salga bien [Se refiere a Trump y Elon Musk]. Se sobrevalora ese carisma, esa alta estima, gente dominante con propensión a tomar riesgos grandes y a sobrevenderse. Esa gente nos confirma nuestros egos y valores pero no nos hace reflexionar sobre lo que tenemos que hacer nosotros. Es una visión de la realidad confortante pero no realista. El populismo en las organizaciones termina con ese perfil que sobrevalora al caudillo, a la personalidad fuerte. Uso a Messi como ejemplo. Por mucho tiempo fue el mejor jugador del mundo, pero hasta que no tuvo un equipo no pudo hacer nada. Solemos sobrevalorar lo individual, esa faceta si se quiere maradoniana. Pero Maradona tenía talento, muchos líderes carismáticos en las organizaciones, no.

–¿Qué tipo de talento pasa desapercibido en las organizaciones y por qué?

Cuando se hace una evaluación de desempeño, esta suele tener dos partes: hacer las cosas técnicamente bien y ser un buen ciudadano de la organización. Esta última parte se subvalora. Las mismas empresas que dicen que la cultura es importante terminan siendo víctimas de la política interna y subvaloran eso. Los datos también son subvalorados, la habilidad que tienen las empresas para usar los datos para poder medir qué es lo que hace una persona. Si le preguntás a un directivo de recursos humanos quiénes son los directivos que más aportan, los que son honestos te tendrían que decir “no tengo la menor idea”. Esto no debería pasar. No valoramos la humildad, la integridad, la honestidad, estas cosas que en las organizaciones son superadas por el juego político.

–¿Por qué creés que muchas veces las personas más competentes no llegan a posiciones de liderazgo?

–A veces uno puede ser competente pero no tener ni talento o interés en ser líder. El “Principio de Peter” dice que todo el mundo es promovido hasta su nivel de incompetencia, y es cierto. Ahora bien, muchas veces en las empresas promovemos a gente en base a lo que hizo antes, su expertise técnica, hard skills, títulos universitarios. Es como decir que un gran jugador tiene que ser un gran director técnico. Necesitás habilidades diferentes. Lo lógico es tomar a alguien a quien se le haga una evaluación donde se evalúen otras inteligencias, la social, la emocional. Deberíamos promover gente a cargos de liderazgo no en base a lo que han hecho, sino a su potencial. A lo mejor esta es la era del fin del talento. El talento es ser muy bueno en algo. Hoy eso ya no sirve, porque hoy hay que contratar a la gente que tiene el potencial para hacer cosas en el futuro.

–¿Cuál es el impacto del narcisismo en la percepción del liderazgo?

–Soy un psicoanalista en recuperación, me gusta decir. Muchos pensamientos de Freud tienen mucha sustancia y siguen siendo validos hoy. Fue el primer intelectual en escribir conectando narcisismo con liderazgo. Decía Freud que somos animales sociales pero también antisociales. Nuestro instinto de competir y superarnos siempre surge y de ahí al narcisismo hay un paso. La función principal de un líder es articular este conflicto, este choque entre querer ser parte de un algo colectivo y ser mejor que los demás. Un líder narcisista no sirve por esto mismo que expliqué. Amar a gente que se ama a sí misma es una manera de amarnos a nosotros, porque el líder narcisista te lubrica el ego. En los grupos prehistóricos nos guiábamos por instintos para elegir al líder, hacía falta coraje, saber cazar e integridad. Hoy es más difícil eso. Sin embargo, al elegir un líder hoy nos basamos en nuestros instintos arcaicos. El primer predictor para elegir candidatos políticos es la altura y luego el debate televisivo. Esto surge de investigaciones en Estados Unidos. Cuando ves a alguien narcisista que no tiene ansiedad, se maneja sin temores y nos da la sensación de que podemos confiar, lo elegimos El autoengaño evolucionó porque mientras más te autoengañás más podés engañar a los demás. Si yo soy alguien que se autocuestiona, que duda de sí mismo, que duda de lo que sabe, mis dudas van a ser contagiosas, y los seguidores salen corriendo. Si estoy autoengañado y siento que soy brillante, cambia la sensación de los seguidores. Los primeros estudios que hice sobre el tema, la correlación entre confianza y competencia es muy baja. En el 91% de los casos no están alineadas. Castigamos a los que saben mucho pero dudan de sí mismos pero compensamos a los que no saben nada pero se lo creen. Bertrand Russell dijo que el problema fundamental del mundo es que los estúpidos están muy seguros de sí mismos, mientras que los inteligentes están llenos de dudas.

Sobre personalidad, género y poder

–En tu libro ¿Por qué tantos hombres incompetentes se convierten en líderes? (y cómo evitarlo)(Empresa Activa), hablás del exceso de confianza en los hombres. ¿Cómo podemos entrenar a las organizaciones para reconocer la competencia real por sobre la confianza?

–Lo primero es entender que eso es lo que hay que hacer. Los programas DEI (Diversidad, Equidad, Igualdad) no empiezan por ahí, quedan estancados con ideas de que hay que tener más mujeres porque sí, pero no se centran en el talento. Hay que estructurarlo como una cata de vino a ciegas, hay que centrarse en el talento o potencial. Las organizaciones tienen que tratar de minimizar el impacto de la observación. Cuando digo que se puede matar la entrevista laboral me dicen que estoy loco, pero la entrevista laboral es donde se introducen todos los sesgos. Hay que asegurarse de tener un esquema para evaluar el rendimiento de la gente porque sin eso el trabajo se convierte en un concurso político donde todo es subjetivo. Los indicadores son imprescindibles. Hay que usar datos para predecir los perfiles, entender los conocimientos técnicos de la gente, el nivel de autoconocimiento, la integridad, la inteligencia emocional. Estas dimensiones son clave. Si hiciéramos esto, el 60% de los managers serían mujeres. Con más mujeres en roles de liderazgo se aportan perspectivas diferentes. Es la forma de evitar sesgos también.

–¿Qué rol juega el género en la forma en que evaluamos el potencial de una persona?

–Acá está el tema de que los mismos rasgos se evalúan en forma positiva o negativa dependiendo de si estamos frente a un hombre o una mujer. Si es un hombre que demuestra rasgos ambiciosos no se lo castiga; si es mujer, sí. No se les permite a las mujeres proyectar o tener rasgos que están relacionados con lo masculino. Por otra parte, hombres que son cálidos, que tienen inteligencia emocional y humildad, son rasgos considerados más femeninos; si lo tiene un hombre decimos que no da el perfil. Nos gustan los hombres alfa, eso es más problemático que el género. Y algo importante, si elegimos hombres y seguimos eligiendo narcisistas no sirve, y si elegimos mujeres que también lo son, tampoco sirve.

–¿Qué rasgos de personalidad deberíamos empezar a valorar más en líderes del siglo XXI?

–Aunque el mundo parece que cambia disruptivamente, en realidad cuanto más cambiamos menos cambia lo que necesitamos. Lo que ha pasado en los últimos años con la IA (inteligencia artificial) demuestra más que el conocimiento o el contenido técnico no es tan importante y que las habilidades blandas son importantes. Hoy serían indispensables líderes inteligentes que aprenden rápido, humildes, éticos e íntegros para no usar mal las nuevas tecnologías y abusar de su poder; y con inteligencia emocional. Con todo esto vas a decir “sí, quiero”, pero son los mismos rasgos que hace muchos años atrás existían. Cuanto más se aceleran los cambios tecnológicos, más hace faltan los líderes más humanos y humanistas.

Sobre inteligencia artificial y el futuro del trabajo

–En tu libro I, Human (Harvard Business Review Press), hablás de cómo la tecnología nos está moldeando. ¿Qué riesgos ves en la creciente dependencia de la IA en el trabajo?

–El riesgo principal va más allá del trabajo, es casi existencial. Nunca inventamos una tecnología para trabajar más: el fuego, la rueda, el lavaplatos se inventaron para trabajar menos. La IA es lo mismo, pero la IA no automatiza las labores manuales, sino las intelectuales. La inventamos para trabajar menos. Daniel Kahneman , el psicólogo galardonado con el Premio Nobel de Economía, habla de dos sistemas, el 1 y el 2. Mientras que el sistema 1 es rápido, intuitivo y emocional, el sistema 2 es más lento, deliberativo y lógico. Entonces, aunque los seres humanos somos seres lógicos, el 80% del tiempo actuamos sin pensar. Nos quedaba un 20% del día para pensar, para pensarnos a nosotros. Sin embargo, hoy creamos la tecnología para no pensar. La paradoja es que mientras más la usamos más productivos somos. Ahora bien, si llegás a tener un trabajo y no requerís pensar, sos irrelevante totalmente. Y eso me asusta un poco. Hoy la mayoría de los problemas que tenemos en el mundo es porque no pensamos, imaginate con la IA. Esto nos resalta una oportunidad: que nuestro trabajo y existencia sean lo menos predecibles posible, porque mientras más predecibles somos, somos menos útiles. Acá viene la esperanza, si es tan predecible lo que la IA puede hacer, evidentemente ese trabajo no es creativo, que lo haga. Pero ¿qué hacemos con el potencial humano que liberamos? Si hay algo creativo o interactuamos de manera creativa algo nuevo puede venir. Los que no pueden hacerlo, dependen del upskilling y reeskilling que le podemos ofrecer nosotros. Un analista de mercados, un contador ahora son más vulnerables que un maestro, enfermera o parrillero. Porque usan estas herramientas y aportan poco. A fines de los 2000 la gente se tomaba días de digital detox, en poco tiempo tal vez digamos que un día por semana no vamos a usar ChatGPT. No creo que nos atrofiemos, pero es un musculo que no se usa, es preocupante. Por primera vez en la historia hay gente que se muere por comer demasiado y no por comer demasiado poco, dice Yuval Harari. Imaginate si por primera vez en la historia tenés que hacer actividades para usar el cerebro, sin usar la tecnología.

–¿Creés que la IA puede llegar a identificar el potencial humano mejor que un humano?

–Sí, totalmente. En parte porque los humanos somos malos haciendo esto. Los mayores avances de esta tecnología han tocado un techo en el poder predictivo, lo que aporta es reducción de costo, mayor eficiencia. Y podemos modelar y predecir cuántas veces nos vamos a equivocar. Cuando una empresa usa IA lo que hace que el producto o servicio sea bueno es el componente humano. No usar IA hoy en ninguna parte del proceso de selección es casi criminal, pero depender de eso exclusivamente, está mal.

-¿Qué podemos hacer como individuos para conocernos mejor profesionalmente?

-Hay una falacia conceptual que todos cometen que es pensar que el autoconocimiento se basa en la introspección. Para autoconocimiento habría que ir a la India o experimentar con psicodélicos o psicoanalizarte. Ahí vas a pensar que te conocés y vas a llegar a un modelo de lo que sos, pero que no tiene nada que ver con lo que realmente sos. La mejor forma de autoconocimiento es entender cómo impactás en los demás y cómo te ven los demás. La teoría interpersonal de la personalidad tiene más de 100 años. Charles Cooley decía: “No soy quien vos pensás que soy; no soy quien yo pienso que soy; soy quien yo pienso que vos pensás que soy”. Los demás son la fuente de nuestro autoconocimiento. Una identidad sana puede incorporar todas las versiones que tienen de uno los demás. Esa es una versión menos narcisista y egocéntrica, que nos permite centrarnos en los demás y hace que no la compliquemos demasiado. A uno lo contratan o echan según cómo lo ven los demás. Ronald Reagan tenía cero introspección, era un actor “cowboy” de tercera y pasaba cero tiempo haciendo introspección, pero sabía muy bien cómo impactaba en los demás, si decía una palabra en cierto tono tenía cierto efecto. El modelo más acertado de uno lo tienen los demás. A un líder sin autoconocimiento es difícil coachearlo.

-¿Qué tipo de feedback creés que realmente transforma a una persona en su desarrollo laboral?

-El feedback más importante tiene cualidades o atributos: uno, te tiene que sorprender, tiene que ser algo que no sepas. Si lo escuchaste muchas veces no vas a cambiar nada; tiene que venir de alguien que sepa del tema, tiene que venir de alguien que te conoce y conoce lo que hacés; tiene que ser algo crítico o negativo; si no, el feedback no es efectivo. Finalmente, tiene que darse en forma constructiva y la persona tiene que creer que el otro quiere que mejore. Las culturas corporativas tienen hoy algo que les impide proporcionarle feedback negativo a la gente. Nos volvimos más “buenos” pero, si hay alguien que nos importa, hay que poder ser críticos. Hay un libro que se titula Infantalized, de un antropólogo danés, que dice que la cultura moderna nos infantiliza y no nos permite tener charlas críticas porque son como violaciones a tus derechos. Somos muy defensivos. Sin embargo, la gente que más nos puede ayudar es las que nos dice también lo que hacemos mal. Lo que todo el mundo dice de Trump es que está rodeado de gente que le dice a todo que sí, entonces nadie lo corrige y se amplían las barbaridades. Hay que tratar de extraer feedback negativo de los demás.

-¿Cuál es el peor consejo que le podés dar a alguien que quiere crecer profesionalmente?

-Seguir tu pasión, porque que a vos te apasione algo no significa que a los demás les interese y te morís de hambre. Las pasiones son efímeras, y puede que no te apasione más. Si no le dedicás esfuerzo y persistencia, esa pasión se convierte en un hobbie. Conviene asesorarte con gente que sabe. La biografía de Walter Issaacson de Leonardo Da Vinci nos muestra una carta que Leonardo le envía al duque de Florencia y es una de las primeras solicitudes de trabajo que hay. Le dice: “Querido duque soy Leonardo”... y lista sus competencias, pone 10 cosas que sabe hacer bien y en la posdata pone “también sé pintar”. Hoy las personas están más confundidas que Da Vinci por lo que si a la duda le agregamos la pasión, es una receta espantosa. Mi recomendación es no dejar de aprender y no dejar de invertir en la parte social y en las relaciones que eso conlleva.

-Estás sacando un nuevo libro este año: Don´t be yourself (Harvard Business Review Press), sobre el valor de la autenticidad. ¿Qué es la autenticidad y cómo nos puede servir en la vida?

-Defino la autenticidad en el contexto de autoayuda, porque intenta mejorar la conducta y decisiones que alguien toma y tiene algunas dimensiones: siempre tenés que ser honesto con todo el mundo, decirles a todos lo que pensás y no ocultar nada a nadie; siempre seguir tus valores, que suena muy bien pero si sos un dictador tal vez no convenga. El mundo se tribaliza porque no somos capaces de cuestionar nuestros valores. Otro aspecto de la autenticidad es la idea de no preocuparse por lo que piensan los demás y llevar tu identidad al trabajo. Mucha gente quiere poner distancia entre la identidad del trabajo y la personal. Presento estas dimensiones muy puras y los problemas que te genera ser tan literal. En una segunda parte, hablo de las alternativas que podemos seguir para el desarrollo de carrera y liderazgo. Cuando hablás de un líder auténtico no hablás de alguien que dice lo que piensa sin filtro, sino de alguien que es predecible y no te va a dar un cuchillazo por atrás. ¿Trump es auténtico o no? Mucha gente lo votó pensando que Trump puede ser cualquier cosa, pero es auténtico. Fue catártico hacer este libro porque en Estados Unidos el culto de la autenticidad es algo que está siendo observado.

-¿Qué deberían hacer las empresas que quieren ser más meritocráticas pero se enfrentan a culturas organizacionales muy jerárquicas o políticas?

-La ciencia progresa de un funeral a la vez, dijo el científico Max Plank. El liderazgo evoluciona a medida que se retiran los líderes. Es difícil avanzar con líderes que no cambian. Hay que cambiar el 30 o 40 % de líderes si queremos ver cambios. Si hay voluntad de cambiar y ser meritocrático, se puede cambiar. La cultura organizacional impacta mucho, es el liderazgo sin líderes, es cómo actúa la gente cuando los líderes no están. Tratar de cambiar la cultura es un error, la cultura está ahí, el desafío es qué procesos puedo implementar para que tenga impacto el cambio. La cultura es difícil de cambiar, pero hay que crear incentivos para que la gente cambie.

-¿Cuál fue el mejor líder que tuviste en tu vida, y qué aprendiste de esa persona?

Tuve bastantes buenos y muchos malos. Mi primera jefa en ManpowerGroup, Mara Swan, fue intelectualmente brillante, una persona que no necesita más de 30 segundos para entender cualquier cosa; pese a tener una personalidad impulsiva, logra comportarse de manera empática aunque internamente es un volcán; y porque para mí la dicotomía de líderes estratégicos y de los que son operativos existe y ella es un ejemplo de alguien que podía subir y bajar, ver el detalle operacional y saber visualizar. Visión, inteligencia lógica y emocional, brillante.

-Tres libros en la mesita de luz

-Marriage, a history, de Stephanie Coontz (Penguin Books, 2006). Es la historia del matrimonio desde 2500 años hasta ahora. Mindmasters: The Data-Driven Science of Predicting and Changing Human Behavior, de Sandra Matz (HBRP, 2025). Un libro sobre cómo la IA cambia nuestra conducta y comportamiento. Los buenos y malos usos de la IA. The Anxious Generation: How the Great Rewiring of Childhood Is Causing an Epidemic of Mental Illness, de Jonathan Haidt. (Penguin Press, 2024). Sobre cómo afecta a los chicos estar todo el tiempo en las redes.

 


 

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