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martes, 9 de diciembre de 2025

Conociendo a los autores: Andrés Hatum

Presentamos un artículo del diario La Nación, donde Andrés Hatum nos habla de sus inquietudes, su relación con el lado organizacional y el lado B de la vida. Leemos en el mismo:

Andrés Hatum: “Los lazos familiares determinan tu vida. Hay que estar dispuesto a romperlos para encontrar tu propia identidad”

El experto en management se atrevió a correrse del perfil académico y de sus libros de liderazgo para escribir su primera novela, “Hasta la próxima orilla”, que entrelaza la memoria familiar y las pérdidas con la búsqueda de identidad

Puntual y profesional, Andrés Hatum llega a la cita a la hora acordada y se dispone a la sesión fotográfica con la soltura de quien ya lo ha hecho varias veces. Lejos del personaje académico y lejano que uno podría imaginar, Hatum se muestra accesible y dado a la charla. Graduado en Ciencias Políticas en 1993, es PhD de Warwick Business School de Inglaterra. Su doctorado es en Management and Organization.

Prolífico autor de libros y de artículos sobre su especialidad, acaba de publicar su primera novela, Hasta la próxima orilla. En sus páginas, el autor reconoce un viaje íntimo, “donde la memoria familiar, los silencios y la búsqueda de identidad se entrelazan con el amor, la migración y la pertenencia”. Hoy, entonces, asegura que en él “conviven tres perfiles: el académico, el autor de libros para todos y otro Andrés que es el más intimista de las novelas”.

Respecto a su faceta académica, dice: “Tengo cinco libros académicos en Inglaterra, algún ensayo acá, y tuve una etapa de muchos papers. De hecho, ahora publiqué un libro en Inglaterra (Organisational Flexibility in an Age of Chaos) que es sobre flexibilidad organizacional, con la editorial Routledge, pero que no es para la Argentina, es otro público”. En un lenguaje más claro y masivo, este año publicó Mejor no hablar de ciertas cosas y, el año último, Desactivar la bomba.

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–¿Cómo llega a vos la novela?

–Siempre trato de explorar el costado creativo en el aula, pedagógicamente, y a través de la escritura. Siempre hago algún taller de algo distinto para descansar la mente, para que la inteligencia se divierta. En el 2012 empecé a hacer talleres con Ana María Bovo de pensamiento narrador, que es contar historias. Esas historias quedaron acopiadas, y en 2018/2019 empecé a hacer talleres literarios con Silvia Itkin y con Luis Mey. Ahí empecé a escribir las novelas. En los talleres te pedían un capítulo por semana. Te daban feedback y, según ese feedback, iba reescribiendo. Así escribí tres novelas, y ahora ve la luz la primera con la editorial Letras del Sur. Las novelas, a diferencia de los libros de management, me llevan muchísimo más tiempo.

–¿Cómo te resultó la experiencia?

–Es un ejercicio de mucha humildad para alguien que escribió mucho, salir y que te hagan pelota y que te digan, “no, flaco, esto no”, que vos venís de otro palo. Yo sé escribir, pero esto es una escritura diferente.

–Escritor prolífico, ¿sos un lector voraz también?

–Mucho, me gusta leer muchas cosas: literatura en inglés, generalmente de todo lo que es mi laburo. Me gusta todo lo que tiene que ver con la historia del trabajo, la historia del dinero, la historia de la historia, son ensayos. Ahora estoy leyendo Range, que es un libro sobre si tenés que ser generalista o especialista en el mundo del trabajo. Y a la noche leo novelas, amo las novelas, las policiales en el verano en la playa y las más intimistas durante el año. Por ejemplo, leí a Agustina Bazterrica con Cadáver exquisito”, a Agustina Caride con Donde retumba el silencio.

–Ahora volvemos a tu novela, ¿cómo surgió el personaje de Andrés?

–Uno es lo que escribe siempre. Yo creo que, por ejemplo, en mi novela, todo ese mundo de olores, sabores, colores, no podrían haber sido escritos por alguien que no vivió esos olores, esos sabores, esa inmigración. Entonces, hay mucho de eso, de que yo viví esos olores y sabores y costumbres. Después, los personajes tienen que ver con una realidad que yo quería contar.

–Los lugares también se ven como muy vividos.

–Sí, las comidas que aparecen, vos las podés oler y eso es porque yo lo olí. Después le ponés la impronta del personaje que tiene que sentir y vivir algo particular, y vos hablás por el personaje. Vos dejás que el personaje hable.

–Los distintos personajes que se cruzan vienen de distintos niveles sociales, de distintas culturas.

–Son como estratos. La novela es como una cebolla que vas abriendo y van saliendo personas distintas que van cambiando de vida. Pero en el fondo todos hablan de algo que es una soledad que va rondando al protagonista.

–¿Qué pasa con los lazos familiares?

–Hay mucho de cómo los lazos familiares determinan tu vida. Y hay mucho de cuando vos estás dispuesto a romper con eso para encontrar tu propia identidad.

–¿Qué fue lo más difícil de experimentar con este nuevo género?

–Encontrar la voz de los personajes que no sea mi voz. Porque en los libros de management soy muy yo. Yo soy sarcástico, tengo esa cosa que aprendí en Inglaterra, la ironía. Y entonces llevo eso a la organización y la gente lo disfruta. De hecho, Desactivar la bomba, que es una historia de una oficina espantosa, es muy llevada al extremo. En la novela, encontrar la voz del personaje y dejar que el personaje hable por sí mismo y que no sea yo, eso fue lo más difícil. Fue un proceso mío de aprendizaje.

Cuando Andrés Hatum se graduó en Ciencias Políticas no se hablaba como hoy de management, de organizaciones ni de liderazgo, temas en los que se formó y que en la actualidad trata con autoridad.

–¿Cómo se dio en aquel momento viajar y hacer un doctorado en Management and Organization a Inglaterra?

–Yo quería ser profesor de Historia y de francés, y me anoté para hacer el profesorado. Mi padre casi se muere. En el último año de mi secundaria ayudaba a mi mamá en un bar que tenía en Lavalle y Florida. Laburaba con ella a la mañana y a la tarde iba al colegio. Una señora me preguntó qué iba a estudiar y yo dije, muy orgulloso, Historia y francés. Y la señora me dijo, “te vas a cagar de hambre. En francés te lo digo”.

–¿Entonces?

–Y entonces tuve que repensarme. Y encontré en Ciencias Políticas una carrera que tenía mucha Historia, mucha geografía, mucha historia de las ideas. Pensé, va por acá, porque diplomacia podía ser algo que me interesaba. Hice la carrera que da una cultura general muy linda, con una especialidad en relaciones internacionales. Y empecé a laburar en el Estado. ¿Para qué? Dije, esto no es para mí. Se me fueron las ideas de la diplomacia, del Estado, y me fui.

–¿Hubo que reconvertirse de nuevo?

–Sí, y empecé a hacer un MBA y a meterme en temas de negocios desde entonces. Después me quedé laburando ya como profesor. Pero, claro, para poder ser un profesor a nivel internacional, si no tenés doctorado, no existís.

–¿Y querías vivir afuera?

–En realidad quería profesionalizar más la disciplina de ser profesor. Y me fui a hacer el doctorado a Inglaterra. Apliqué en varios lugares y me aceptaron allí. Yo iba sin hablar bien inglés, sin saber la cultura inglesa, con mi familia recién iniciada. La verdad es que fueron varios doctorados que tuve que hacer.

Ya de vuelta en Buenos Aires, continuó su actividad como profesor. Para entonces ya daba también clases en España y en Holanda. Hoy, desde hace diez años es profesor en Management y Organización en la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella.

–¿Cómo fue esa vuelta a Buenos Aires?

–Me recibí en 2002 y la Argentina era un caos. Yo vivía en Esmeralda y Tucumán. Un día no pude entrar a mi departamento porque los piqueteros habían incendiado todo alrededor. Y me agarró un estrés enorme. Pero bueno, queríamos volver y avanzar, tener nuestra familia acá. Fue muy difícil.

–Habrá sido fuerte el cambio…

–La verdad es que fueron unos años complejos. Yo allá vivía en la campiña inglesa. O sea que lo que tenía era ovejitas, el río Avon... Y acá era un quilombo mayúsculo. Fue un estresazo.

–Cuando llegaste, ¿qué hiciste?

–Arranqué a dar clases y con consultoría en empresas. Además, seguí mis investigaciones porque seguí publicando. Tengo muchos libros publicados.

–¿En qué año comenzaste a publicar?

–Mi primer libro es de 2004. Así que hace 21 años que publico, ya tengo una veintena de libros escritos.

–¿Cómo conviven el costado académico que tenés fuerte con el otro costado de divulgación, a través de tus publicaciones, que tienen un lenguaje que llega y unos títulos gancheros?

–Mi editora siempre me dijo, tus títulos son bárbaros, pero los edito yo. Me los filtran. Yo empecé escribiendo de forma académica en Inglaterra, en editoriales muy buenas allá, pero para el mundo académico. Un día me llama Silvia Itkin, que era editora en Penguin Random House, y me dice “te vimos en la tele con Soledad Di Luca”, que también era editora en Penguin, “y nos gusta tu perfil para que escribas un libro, pero ATP” (Apto Todo Público). Me dijo “hablás de los malos líderes, pero no tenés nada escrito sobre eso, y me parece que es un tema para el público”. Lo tomé como un desafío.

–¿Cuándo fue eso?

–En 2017. Ya se hablaba mucho de liderazgo. Pero le di una vuelta al hablar del mal liderazgo, porque todos los libros que encontrás son sobre cómo ser el buen líder. El buen líder escucha, es empático. Yo me propuse tratar de ver el lado oscuro del liderazgo, y ahí salió el primer libro de estos ATP, que se llama El Antilíder, y fue una saga: El Antilíder, Infierno y Desactivar la bomba. Son los tres libros que tengo sobre el liderazgo de costados distintos, pero siempre hablando de la maldad que hay detrás de ciertas personas que nos hacen la vida imposible.

–¿Te sentís más cómodo con los temas de liderazgo o con las novelas?

–Disfruto todo lo que sea escrito. A mí me pones una resma de papel y una lapicera de pluma, por supuesto, y soy feliz. Empiezo a escribir y a diagramar. Pero esto de encontrar la voz del personaje me encantó. Tengo otra novela que escribí de una mujer de origen inglés y encontrarle la voz a ella me fue muy difícil porque me salió un insulto, me salió un sarcasmo, y no era yo, era ella. Ella era más fina, era más comedida, pero en una olla a presión.

–Le agarraste el gustito a la novela. ¿Vas a seguir?

–Sí, voy a seguir. Ahora tengo dos novelas más y dos cuentos cortos de situaciones que voy viendo. Son pequeños relatos de personas que se cruzan en la vida o en un café, se me ocurren relatos y los escribo. Algún día saldrá algún libro de relatos, pero me falta mucho.

Mejor no hablar de ciertas cosas toca el tema de la política dentro de las empresas. ¿En general, los que llegan tienen unas personalidades medio psicópatas o narcisistas?

–El nivel de psicopatía en la sociedad es del 1%, dicen los expertos; en las organizaciones es del 3%, tres veces más. Y cuanto vas más arriba, peor es. Arriba hay mucho porcentaje de egocentrismo, narcisismo y psicopatía. Y yo laburo mucho con ese tema y me gusta mucho.

–¿Qué pasa adentro de las empresas?

–El libro habla sobre lo hipócrita que terminamos siendo en el laburo, que nunca decimos lo que es y jugamos el juego. Y en realidad somos nada. La organización después te borra de un plumazo. Yo soy muy duro con los jefes.

–¿Tenés algún proyecto en camino que puedas adelantar?

–Estoy con una idea divertida sobre cómo manejar jefes de mierda, jefes basura. En Inglaterra firmé contrato para publicar Office Politics con un coautor que es Eugenio Marchiori. Y estoy preparando otro libro con él sobre Shakespeare on leadership, también en inglés. Pero eso nos va a llevar un poco más de tiempo.

–¿Qué tiene que ver Shakespeare con liderazgo?

–Tomamos cuatro o cinco obras donde hay enseñanzas para los líderes que son maravillosas. Pero estamos desgranando a Shakespeare y nos lleva tiempo.

Las investigaciones de Andrés Hatum, en general, se centran en la flexibilidad en organizaciones, cambio organizacional, gestión de talento, desarrollo de carrera y creatividad organizacional. En este diario tiene una columna. “Mis artículos en LA NACION son sobre el jefechotismo, el jefe que es malo. También hay colaboradores que son malos y empleados que son horribles. Hay un mundo organizacional y el lado B es horrible”. Aclara que no hay que generalizar y destaca que hay también gente muy buena en la cima de las organizaciones.

–¿Estaría bueno enseñar liderazgo en la facultad?

–Sería interesante ver cómo hacer para que los chicos vivan situaciones de liderazgo. Que vivan las situaciones complejas con prácticas, con algo que los haga salir de la zona de confort. Yo trato de hacer eso en clase. Trato de jugar con los role playing, con actores, con sorpresas, con obras de teatro, sacarlos a la calle a hacer actividades para que vayan a la incertidumbre total y digan, ¿y ahora qué hago?

–¿Sería para ver cómo manejar ciertas situaciones?

–No cómo liderar, sino cómo manejar ciertos personajes. Situaciones complejas e incertidumbres que hoy están en todos lados. A los alumnos los llevo a extremos de decir, ahora tenés a este hijo de puta y tenés que ver qué hacer con él. Decís, ¿cómo manejás a este pibe? Y es muy difícil.

Mercado Libre, YPF, Siemens, Repsol de España, Coca Cola, Bagó, Nestlé… La lista de empresas que contrataron a Andrés Hatum como consultor en temas de management y de organización sigue. En ellas brinda asesoría, “me siento en los comités directivos para trabajar con el CEO o los accionistas y los directivos”. ¿Qué es lo que más le preocupa de los líderes? Que estén con las competencias dispuestas para los desafíos futuros que tienen. “Muchas empresas, a veces, vienen con equipos de liderazgo de muchos años, que no se han actualizado. Entonces ahí el desafío es ponerse a tono en herramientas técnicas y competencias directivas más modernas”, asegura.

–¿Qué consejo le darías a un profesional que está iniciándose en el mundo corporativo?

–Voy a dar un paso atrás. Te diría lo que le voy a recomendar a un joven: que estudie porque en TikTok muchos te muestran idiotas. Esto me gustaría que lo digas, hay idiotas que te muestran cómo se hacen millonarios en dos minutos haciendo un curso de caca. Se están equivocando de acá a la China porque la universidad a esa edad formatea el cerebro. Como me pasó a mí, yo no hago nada de Ciencias Políticas, pero a mí me formateó el cerebro porque me permitió el primer paso para poder seguir consolidándome como profesional. Entonces, los alentaría a estudiar y después, cuando ya están en la vida corporativa, entender sobre su identidad profesional.

–¿Eso qué significa?

–Es entender quién sos y quién querés ser. Está bien cambiar los primeros diez años de laburo para poder entender qué te gusta. Pero va a haber un momento en el que van a tener que dejar de cambiar porque encontraron un área funcional que les gusta o porque hay una industria que les interesa. No decir, “no me gusta, me cambio” porque sos un malcriado. Hay que pensar esos cambios inteligentemente. Y entender que hay una edad después que, si uno no tiene tres años de experiencia, los headhunters no lo van a mirar mucho. Hay un inicio de carrera cuando uno puede cambiar y después hay que entender que hay que poder laburar para generar algo que se pueda explicar en una entrevista laboral.

–¿Cómo se obtiene una identidad profesional?

–Para tener identidad profesional –entender quién sos, a dónde querés ir– hay que pedir ayuda, elegir mentores internos y externos en la organización, mostrarse en la organización, participar en proyectos y mostrarse afuera en el mercado participando en eventos, asociaciones. Esto sirve también para poder entender qué está pasando. Y seguir estudiando, siempre, seguir estudiando, es lo mejor que pueden hacer en la vida. 


 

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viernes, 3 de enero de 2025

Conociendo a los autores: Entender las organizaciones… ¡Por fin!

Subimos este video que corresponde a la presentación que Henry Mintzberg hiciera de su último libro, aún no traducido al español: Understanding Organizations... Finally (Entender las organizaciones… ¡Por fin!) , que publicara en la editorial McGill; gracias a la gentileza del profesor Tomás Chahin que lo compartió en el grupo de whatsapp de la cátedra.

 

Leemos en la descripción del video:
 
Este es un extracto del vídeo de una recepción en la Facultad de Administración Desautels de la Universidad McGill para celebrar el lanzamiento del último libro del profesor Henry Mintzberg: Entender las organizaciones… ¡Por fin!
 
  

Se recomienda activar los subtítulos y la traducción automática en español para una mejor comprensión.

miércoles, 16 de junio de 2021

Conociendo a los autores: Edward de Bono

Edward de Bono (Malta, 19 de mayo de 1933 - 9 de Junio de 2021) licenciado en Medicina. Posteriormente se especializó en Psicología y Fisiología en Oxford y Cambridge. Fundador y director del Cognitive Research Trust (1969) y del Centre for the pranational Independent Thinking Organization, ha escrito una treintena de libros y ha dirigido dos series de televisión.

Es un prolífico escritor, psicólogo, entrenador e instructor en el tema del pensamiento y la creatividad y es el padre del concepto "pensamiento lateral", es la habilidad adquirida para hacer que el pensamiento escape a la rigidez y se convierta en creativo.

 
De Bono ha creado varias herramientas para mejorar las habilidades y actitudes de exploración, como son el P.N.I (Positivo, Negativo, Interesante), CTF (Considerar todos los Factores) y CyS (Consecuencias y Secuelas). Muchas de ellas se basan en la premisa de que debe enseñarse a pensar explícitamente. Es autor de 68 libros traducidos a 37 idiomas.



 
Según, Daniel Coleman, podemos adentrarnos en el aporte que realizó Edward de Bono a ciencia de la administración en general, a partir de su artículo que fuera publicado en el portal InnMentor.
 
Leemos en el artículo: 

¿Quién eres Edward de Bono?

Podría empezar con la historia de este gran señor por sus títulos: Lic. En Medicina y en Psicología. Británico; aunque su nombre nos lleva a curiosear como latinos más a fondo y descubrir que en realidad es Maltés, nacido en 1933. Si lo buscan en google encontrarán más de 7 millones de resultados, quizás todos correctos. Todo investigador, desarrollador, experto en creatividad, dinámicas lo ha escuchado nombrar como uno de los investigadores y expertos en Creatividad de mayor renombre.
 
Dedicó su investigación y labor a la indagación y divulgación sobre el tema del pensamiento y su aplicación en el mundo de las empresas.
 
El doctor Edward Charles Francis Publius de Bono es el creador del concepto de pensamiento lateral para el desarrollo de la creatividad del cual comentaré bastante en los posts, ya que creo que es una magnífica herramienta para pensar el futuro, predecirlo, o mejor aún: modelizarlo.
 
La pasión de Bono fue desarrollar formas alternativas de pensamiento divergente, fáciles de comprender y aplicables a todos los ámbitos de la vida.
 
Entre otras técnicas de pensamiento sencillas, prácticas y eficaces creadas por de Bono está el método de los "Seis Sombreros" para pensar, que es usado internacionalmente por muchas empresas para sistematizar el pensamiento, dado que el pensamiento tradicional no está preparado para las transformaciones que deben llevar a cabo las empresas para afrontar el futuro.
 
Según de Bono la clave del éxito estará en el valor que podamos extraer de la información, sea en tecnología, diseño o distribución de productos.

El futuro según de Bono
 
Este pensador afirma que en el futuro habrá tres “commodities” (mercancías):
 
1- La competencia. Una empresa para poder sobrevivir ha de ser competente.
 
2- La información. Nadie podrá destacarse por tener más información que otros porque todos tendremos acceso a ella.
 
3- La tecnología. Por sí misma no sirve para crear valor. Pasa lo mismo que con la información.
 
Para extraer valor de la información hace falta un pensamiento creativo, constructivo y con capacidad de diseñar, modelar e implementar algo nuevo.

Como dijera el Dr. Edward de Bono en una entrevista:
 
Tener un coeficiente intelectual elevado no implica saber pensar bien. Por ejemplo, de nada sirve tener un automóvil de grandes prestaciones si quien lo conduce no le sabe sacar todo el rendimiento.

Les paso a contar una pequeña introducción al Pensamiento Lateral, y les hablaré más a fondo de los seis sombreros de de Bono.
 
El Pensamiento Lateral
 
Se basa en romper la linealidad de la lógica normal (unidireccional) y explora las zonas laterales, que parten del supuesto de que una línea recta es la forma más corta de unir dos puntos, pero no necesariamente la más original, efectiva, o fácil de implementar.
 
Al explorar las zonas laterales del pensamiento lógico contamos con infinitas maneras de llegar a una solución, por la simple razón de transitar caminos distintos a los del pensamiento lógico.
 
El pensamiento lateral nos ayuda a escapar de las ideas fijas y de la creación de modelos fijos de conceptos, que nos limitan las posibilidades de uso de nuevas informaciones disponibles. El pensamiento lateral es un pensamiento creativo para crear ideas nuevas, y define los filtros para que posteriormente podamos llamarla "Idea valiosa", ya que toda idea valiosa debe ser lógica.
 
Por lo cual de Bono nos insta a no despreciar el pensamiento lógico. Ambos son necesarios.
 
  • El lateral, creativo: Para crear ideas.
  • El pensamiento lógico: Para desarrollar, seleccionar y usar ideas.
 
El corazón de esta teoría está en la posibilidad de cambiar en cualquier momento la posición propia por la de otros, para observar cómo se ve desde un ángulo diferente. En el pensamiento lateral en algún momento las partes miran en la misma dirección.

  


 

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lunes, 23 de septiembre de 2019

Conociendo a los autores: Mario Bunge


En las primeras materias en la universidad un de los libros obligatorios era: “La ciencia su método y su filosofía”, del filósofo Mario Bunge, donde más allá de las críticas, nos permitió entender la importancia de la filosofía en el pensamiento científico. El diario El País, con motivo de sus 100 años, publica el siguiente reporataje.

Leemos en el artículo:

“La filosofía está pasando por un mal trance, porque no hay pensamiento original”

Cumple cien años el prolífico pensador argentino, Premio Príncipe de Asturias en 1982

"Estoy muy bien de salud, gracias". Apenas se cuela un débil hilo de voz al otro lado del teléfono, que llega desde Montreal (Canadá), donde reside desde hace más de treinta años. Pero al cabo de unos segundos, cuando Mario Bunge comienza a responder, queda constancia de que sus palabras siguen siendo firmes y rotundas a pesar de la fragilidad de su voz centenaria. Bunge, uno de los científicos hispanohablantes más citados de la historia, nació en el Gran Buenos Aires el 21 de septiembre 1919. Hace cien años, pero sigue siendo severo con los filósofos y científicos, a los que ha criticado duramente a lo largo de todas estas décadas; siempre politizado, siempre combativo, siempre buscando nuevos retos intelectuales que resolver. Después de publicar cientos de artículos y docenas de libros renombrados, tras décadas de docencia y controversias, un Premio Príncipe de Asturias en 1982 (por la influencia internacional de su filosofía) y más de una veintena de doctorados honoris causa, al preguntarle cómo se encuentra responde como si no fuera para tanto, con prisa por recibir la parte difícil del interrogatorio.

Bunge asegura que no sigue tanto las noticias como antes, cuando devoraba informativos, pero tiene una forma muy particular de desmentirse a sí mismo de inmediato. "No estoy muy al tanto de la actualidad, pero una buena noticia es que John Bolton, un belicista, fue despedido o renunció de la administración del presidente de EE UU", afirma aliviado sobre una información que se había conocido unos pocos días antes de realizarse la entrevista telefónica. "Esa es muy buena noticia porque insistía en ir a la guerra", reitera Bunge, que repite varias veces durante la conversación esta palabra, guerra, como quien menciona un demonio al que nadie debería invocar.

"La política internacional me parece un desastre y los populismos de derecha son alarmantes" asegura, pero insiste en que la mejor opción es la que "está contra la guerra, porque es lo peor", como si tuviera presentes los millares de conflictos que han visto sus ojos azul claro en innumerables informativos. Pero antes de permitir que el entrevistador repregunte, el sabio le cierra el camino: "No puedo decir nada inteligente sobre política, no estoy especializado y todo lo que yo pueda decir ya lo han dicho otros mejor". No obstante, sigue hablando de política al entender mal una pregunta por culpa de sus problemas de audición: "De la política argentina no quiero hablar, he jurado no hablar porque hace más de medio siglo que no estoy allí y no estoy muy al tanto". Pero continúa: "Lo que sé es que la gente ha votado en contra de Macri porque Macri estaba empeñado en entregar lo poco que quedaba del país". Bunge llegó a Montreal en 1966 para dar clase en la Universidad McGill.

Bunge sigue trabajando y leyendo, tiene entre manos un libro de ensayos y continúa reflexionando sobre nacionalismos y sobre ondas gravitatorias. Ahora, por su cumpleaños, la editorial Laetoli va a publicar los últimos cuatro tomos de su Tratado de filosofía. Su amplísima formación académica en ciencias y letras, forjada en la Universidad de La Plata, le permite afear a Heidegger su falta de claridad o publicar manuales fundamentales sobre el método científico. Filósofo, matemático, físico nuclear, su voz se cansa, pero recupera el vigor cuando explica el rompecabezas filosófico que consume buena parte de su energía actual: los problemas inversos. "Por ejemplo, si usted le pide a alguien que le diseñe una nueva trampa para ratones, le está proponiendo un problema inverso que no es ni deductivo ni inductivo, porque va del efecto a la causa", se divierte explicando. Y continúa: "Es un tipo de problema muy descuidado por los filósofos. Porque no hay reglas, no hay algoritmos para resolver un problema inverso. Cuando no hay algoritmos se necesita inteligencia, se necesita imaginación y proceder por tanteo, ensayo y error". Y termina: "No parece muy científico, pero esa es la manera en la que se trabaja habitualmente".

Su respiración flaquea, se nota cansado al otro lado de la línea, pero sus opiniones se mantienen robustas. "La filosofía está pasando por un mal trance, porque no hay pensamiento original, casi todos los profesores de filosofía lo que hacen es comentar a los filósofos del pasado, no abordan problemas nuevos, como el que mencioné de los problemas inversos", asegura Bunge, siempre muy crítico con sus colegas. "Todo el mundo está de acuerdo en que vivir es intentar resolver problemas. Pero una tarea del filósofo debía ser analizar el concepto mismo de problema, y no lo hacen. No tengo muchas esperanzas sobre la filosofía actual", lamenta antes de cargar contra uno de sus enemigos favoritos, los filósofos que "ignoran la ciencia o incluso la atacan, los llamados posmodernos".

Pero la filosofía y la ciencia no pueden pelear entre sí, asegura Bunge. "La ciencia y la filosofía, de hecho, están unidas. La investigación científica tiene supuestos filosóficos y consecuencias filosóficas. Por ejemplo, los experimentos con las ondas gravitatorias muestran que el espacio es material, puesto que el espacio puede arrugarse y cambiar, es algo material, no matemático. Otro componente filosófico de la ciencia es el respeto por la verdad, por ejemplo, que es un mandamiento moral o ético para los científicos", explica el pensador. Aunque se muestra de nuevo pesimista porque hemos "llegado a un punto en el que la verdad no importa y solo importa el éxito".

Edición genética, inteligencia artificial, física de partículas... ¿cree Bunge, desde su perspectiva de cien años, que se está acelerando el avance científico en nuestros días? "No sabemos medir la velocidad de la ciencia, pero lo que sí sabemos es que los recortes a los gastos científicos equivalen a recortes del cerebro y benefician solo a los políticos que medran con la ignorancia".

Una de esas ciencias que están progresando, y cuyos avances interesan al filósofo son las neurociencias. No en vano una de sus cuatro hijos, Silvia Bunge, investiga en ese campo en su puesto de la Universidad de California en Berkeley, desde donde le mantiene al corriente de las novedades. "Las neurociencias están desplazando a la psicología, porque explican lo que antes solamente se podía describir", explica. "Sirven para desmentir ideas que muchas veces damos por sentadas. Por ejemplo muchos economistas daban por sentado que los seres humanos somos perezosos por naturaleza, pero un experimento muy interesante demostró que la gente que no hace nada sufre: prefiere trabajar a quedarse sin hacer nada, de modo que refutó uno de los axiomas tácitos de la teoría económica dominante", asegura. Y matiza: "Preferimos trabajar si podemos. No somos naturalmente perezosos, pero tampoco nos gusta el trabajo forzado, claro, eso es otra cosa", matiza.

Bunge suele atacar a los economistas y sus postulados como quien habla de la homeopatía, una vulgar pseudociencia sin base científica. "Las pseudociencias son muy populares porque no exigen investigación científica, pero son realmente peligrosas. La medicina es limitada, pero las pseudomedicinas, y los que dan malos consejos y dejan que la enfermedad se desarrolle mientras dan agüitas de colores, son un peligro". "Pero también son peligrosas las pseudociencias sociales", vuelve a la carga, "como los economistas que asesoran a gobiernos que pretenden resolver problemas económicos tomando préstamos que van a pesar sobre varias generaciones. O los asesores que aconsejan austeridad, cuando lo que hay que hacer es gastar en productos útiles". Bunge siempre ha considerado que las pseudociencias más peligrosas son las que se alían con el poder político.

Bunge cree que el problema de las pseudociencias "en parte es culpa de los científicos porque escriben para los colegas, no escriben para el pueblo". "Deberían escribir algunos papers [artículos científicos] para los colegas y otros de divulgación: Einstein escribía para el pueblo y Galileo también escribía para que le entendiera todo el mundo". "Y también hacen falta periodistas científicos que se informen antes de escribir", señala el filósofo, que tiene una ración de riña para todo el mundo.

Mantiene un vigor intelectual envidiable a su edad, pero ¿esperaba vivir 100 años? "Mientras residí en mi patria no imaginé que alcanzaría a cumplir un siglo, o siquiera a dormir una noche entera", asegura, "porque allá la vida dependía de la policía". "Aquí, donde no temo a los policíacos, no se piensa lúgubremente", afirma el pensador. "Pero sabemos que la longevidad, aunque depende del estilo de vida, también depende de la suerte. Yo he tenido mucha buena suerte".




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