Mostrando entradas con la etiqueta CCU. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CCU. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de septiembre de 2021

Huellas: CCU un capítulo de más de 25 años en el país - artículo

En este caso, la Revista Apertura, nos hace una reseña de como la Cervecera CCU se ha desarrollado en la Argentina desde su ingreso en la Argentina en el año 1995, a partir del cambio de su CEO Fernando Sanchis.

Leemos en artículo realizado por el periodista Juan Manuel Compte:

CCU cambia de CEO y cierra un capítulo de más de 25 años en el país

Fernando Sanchís deja la gerencia general de la empresa. Fue el ejecutivo que negoció la llegada de Budweiser y lideró la construcción de la segunda cervecera del país. Su "start-up" creció de 1% a 35% de share y facturó $ 40.000 millones en 2020. Quién lo reemplazará

Inicios de 1995. Santiago de Chile. Fernando Sanchís, argentino, por entonces, de 34 años, ex ejecutivo de PepsiCo, mira a su jefe, Francisco Pérez Mackenna. "¿Y si la vamos a buscar?", se preguntan. Se miraron, con esa mezcla de incredulidad, confianza y certeza con las que tientan las grandes aventuras. Diseñaban el plan del cruce de los Andes de CCU, cervecera chilena que es la piedra fundamental del grupo Luksic, uno de los mayores holdings empresarios de ese país.

Sanchís y Pérez Mackenna sostenían que, para quebrar el imperio de Quilmes en la Argentina -dueña de más del 75% del mercado local-, necesitaban una marca de relevancia internacional. En ese momento, a nivel mundial, ésa era Budweiser

Volaron a St. Louis, Missouri. Lograron que August Busch III, bisnieto del fundador de Anheuser-Busch (AB) -en ese entonces, la mayor cervecera del mundo-, les dispensara varios minutos de su atención. Los visitantes llegaron sólo con promesas: un plan de negocios que, por ejemplo, prevía una fábrica en Córdoba, hasta ese momento, sólo existente en esa carpeta. Lo único concreto era Cervecería Salta, firma regional de 140 personas, recientemente adquirida, que despachaba, apenas, el 2% del mercado nacional.

"Las chances de que nos den esto son menos 10", pensaba para sí mismo Sanchís, apenas aterrizó. Busch -alias "Third" o "Three sticks", en esos pagos- tenía fama de bravo. De ser extremadamente exigente con la calidad de "su" cerveza. "King of beers", la coronaba su slogan. Tal vez, la principal razón por la que ese ícono cultural estadounidense se fabricaba en muy pocos lugares fuera de su país. En cambio, pese a que se acercaba a la década de experiencia en la industria de bebidas, Sanchís era un debutante en un negocio de rasgos particulares, en cuanto a las características de sus productos.

"Por suerte, hicimos una buena presentación. Confiaron en nuestra capacidad de gestión. También, en la trayectoria de CCU. Su tradición cervecera se remonta a 1850. Eso volcó la balanza", analizó el argentino, hace algunos años, en charla con este cronista. "Nos creyeron", subrayó, como quien reconoce que la confianza depositada fue más un acto de fe que el resultado de una evaluación racional

En los años siguientes, religiosamente, cada viernes se enviaban muestras a Missouri para que las probaran sommeliers de AB. Y varios sábados hasta 2002, cuando se retiró, el propio "Third" llamaba a su socio argentino para hacerle saber su opinión acerca de lo que estaba haciendo con "su" cerveza. Incluso, pese a que, semanas antes de la inauguración de la línea de producción (1997), se incendiaron todos los tanques de la planta. "Esas cosas, siempre, ocurren. No te preocupes. Nos irá bien", lo tranquilizó entonces la enérgica voz del Rey de las Cervezas.

Pasó más de un cuarto de siglo. La planta terminó estando en Santa Fe: fue comprada y renovada por totalidad. Budweiser, que llegó a tener a la Argentina como su quinto mercado en ventas, ya no pertenece al portfolio de CCU. La concentración global que expermientó la industria llevó a que, ahora, pertenezca a AB Inbev, gigante cervecero cuya filial argentina es Quilmes. Y el grupo chileno está consolidado como segundo jugador del mercado doméstico, con más de tres cada 10 cervezas vendidas en el país y un volumen de negocios que el año pasado superó los $ 40.000 millones

Emplea a más de 1800 personas y sus productos llegan a 215.982 puntos de venta de todo el país. Dueña de tres plantas -Santa Fe, Salta y Luján-, su portfolio de marcas incluye su portfolio de marcas incluye Heineken, Imperial, Miller, Grolsch, Warsteiner y Hard Fresh, entre otras, además de su etiqueta emblema: Schneider. Es el líder del mercado local de sidras, con las marcas Real, La Victoria 1888. También vende licores (El Abuelo) y las marcas de vino Eugenio Bustos La Celia. En 2019, incorporó Colón y Graffigna.

"CCU nunca fue la misma. Cada tres años, se convirtió en una empresa distinta desde el punto de vista de los desafíos", explicó Sanchís en aquel diálogo. "Eso hizo que, al final, no haya sido aburrido estar tanto tiempo en la misma posición", reflexionaba. 

Faltaban, todavía, un par de años para algunos challengesla cesión de Budweiser a Quilmes, a cambio de u$s 400 millones entre un pago cash de u$s 306 millones, más marcas; el ingreso de Schneider en reemplazo de su rival como "hincha oficial" de la Asociación Argentina de Fútbol (AFA); o la creciente migración de su negocio de los envases retornables a las latas, proceso que se acentuará tras la inversión de $ 4500 millones anunciada en octubre último. 

Pero, sobre todo, todavía ni siquiera soñaba con liderar en un contexto al que, sobreviviente de todas las crisis que experimentó la Argentina en los últimos 25 años, calificó días atrás, en el CEO Profile que organizó este dairio, como "uno de los puntos de inflexión" de su carrera: la pandemia. El otro fue el estallido de diciembre de 2001, con su onda expansiva de 2002.

"Una escuela de aprendizaje brutal", definió Sanchís. "Uno se reinventa todos los días tratando de saltar escollos", confesó. En ese momento (15 días atrás), no trascendió. Pero ya estaba definido lo que CCU confirmó públicamente este martes: la asunción de un nuevo gerente general para su operación en el país.

Lo de "nuevo" es relativo. Su reemplazante, Julio Freyre, se incorporó a CCU en 1996, tras la negociación con AB. Asumió como gerente de Planificación y Control de Gestión. Su blend entre conocimiento sobre la industria del consumo masivo y experiencia en el área de Finanzas Corporativas en dos décadas y media de la Argentina le permitieron estar al frente de procesos de M&A, reestructuración de costos, gastos y búsqueda de eficiencias "para darle sustentabilidad al negocio en épocas de crisis, y tendrá el desafío de continuar con el desarrollo de los distintos negocios de bebidas de CCU en el país", se lee en el comunicado de su designación. Su función más reciente fue como gerente de Administración y Finanzas.

Desde su llegada al país, CCU hilvanó un collar de adquisiciones que incluyó Cervecería Santa Fe (reemplazante del proyecto greenfield de Córdoba que se le presentó a Budweiser), Córdoba y la fábrica de Luján, junto a las marcas Imperial y Bieckert. Esta última compra se hizo en 2006. El vendedor fue Ernesto Gutiérrez, ex CEO de Aeropuertos Argentinos 2000, que, poco tiempo antes, se las había adquirido a QuilmesFue la desinversión que le exigió el Gobierno para autorizar la venta de la cervecera nacional a la entonces InBev, la dueña de la brasileña Brahma

Quilmes no se la quería ceder a su rival. Apareció Gutiérrez, al frente de un grupo inversor. "Nos interesaba. Nosotros compramos cuando apareció la oportunidad", se excusó con gesto ingenuo el actual dueño, cuyo raid de adquisiciones en la Argentina continuó con la fabricantes de sidras Sáenz Briones, La Victoria y El Abuelo.

Movimientos de piezas claves para crecer de 1% en share al más del 35% actual. "Siempre fui challenger. En Pepsi, contra Coca- Ahora, contra un rival como Quilmes. En esos duelos, dirigir a la compañía más chica es lo que hace crecer y aprender. Y a estar, siempre, con la alerta encendida: cuando uno es challenger, no hay espacio para dormirse en laureles", contó Sanchís, hincha de Racing y, como tal, siempre más habituado a la agonía que al éxtasis.

"No tenemos otra opción que ser eficientes: competimos con un gigante que nos obliga, permanentemente, a tener un nivel de eficiencia absoluta", repitió en otra charla, algunos años después.

Para Sanchís, la salida de la trinchera no será un pase a retiro. Continuará en el directorio de la filial, con una función no ejecutiva pero sí de acompañamiento en la dirección estratégica del negocio. Desde ahí, se encargará de velar por el cumplimiento de lo que definió como "la estrategia de las tres ce": consistencia, contundencia y continuidad.

 



Páginas consultadas:

 

Entradas relacionadas:

 

CEOs y Gerentes: Fernando Sanchis de CCU

Esta vez presento al Contador Fernando Sanchis, con quien he cursado alguna materia en nuestra etapa de formación en la facultad y que por casualidad trabajamos juntos en la misma empresa al inicio de nuestra carrera profesional, actualmente es el director de la empresa Cervecera CCU, nos cuenta sus vivencias en el puesto en un reportaje realizado por Florencia Radici y publicado en la Revista Forbes Argentina

Leemos en al artículo:

Fernando Sanchis, director de CCU: "La inflación no es producto de los empresarios"

El ex gerente general asegura en su nueva posición que, a pesar del contexto desafiante de la Argentina, se puede hacer inversiones que den buenos resultados. El balance de 26 años de gestión.

Después de 26 años al frente de CCUFernando Sanchís cambió de rol. Desde el 1° de agosto ya no es más gerente general de la compañía, sino director (su reemplazo en la posición, Julio Freyre, es otro histórico de la firma). Pero su huella en la organización es profunda: como gerente fundador del proyecto de CCU en la Argentina, inició la operación con tres pequeñas cervecerías regionales en Salta, Santa Fe y Córdoba, un equipo de 200 personas y una producción de 200.000 hl en Cervecería Salta.

Hoy, CCU tiene 1.800 empleados, vende unos 8 millones hl por año y es la tercera compañía de bebidas en la Argentina, con un tercio del mercado local de cervezas (con etiquetas como Imperial, Schneider y Heineken) y más del 50% de sidras (1888 y Real), y como la quinta bodega del país (con marcas como Graffigna y Colón, entre otras), además de presencia en licores y la nueva categoría de hard seltzer. 

Uno de sus hitos: viajó a St. Louis, Missouri, convenció a August Busch III, bisnieto del fundador de Anheuser-Busch (AB), y Argentina y CCU se convirtieron en el primer país y la primera cervecería del mundo en fabricar Budweiser fuera de los Estados Unidos, otro ciclo que se cerró cuando, después de la fusión de AB con Inbev, la marca quedó en manos de Cervecería y Maltería Quilmes.

¿Cómo empieza esta nueva etapa? 

Al cumplir 60 años decidí dar un poquito un paso al costado y darle más oportunidad a este equipo que me acompaña desde hace tanto tiempo. Voy a ser director de la compañía, una función mucho más estratégica, no más del día a día, y colaborando con el corporate governance de la compañía. El día a día me apasiona y voy a extrañarlo, pero esta es una función más estratégica y de largo plazo. 

¿Cómo fue armar esta compañía desde cero? 

Fueron tres desafíos. El primero fue diseñar una estrategia de negocio de largo plazo basado en nuestros tres grandes pilares, que son crecimiento, rentabilidad y sustentabilidad. El segundo fue un plan de ejecución. Y ahí tenemos una especie de lema: el plan de ejecución tiene que tener consistencia, contundencia y continuidad, las tres C. Y, tercero, formar un equipo de trabajo que lo pueda llevar adelante, comprometido con la estrategia y la ejecución.

 Hoy, 26 años después, la compañía generó para los accionistas un valor de cerca de US$ 1.000 millones. Somos la tercera compañía de bebidas en el país, vendemos cerca de 8 millones de hectolitros, tenemos 33% de mercado en cervezas y 50% en sidras, somos la quinta bodega de vinos en el país y tenemos más de 1.800 empleados. Esos fueron los desafíos y objetivos y se cumplieron, aunque queremos ir por más

¿Cómo fue el último año? 

Fue una gran incertidumbre, distinto a todo lo pasado. Acá hemos atravesado distintos tipos de crisis, pero esta es tan distinta, nueva, sorpresiva. Definimos tres grandes lineamientos a nivel corporativo: cuidar a nuestras personas, mantener la continuidad operacional y ayudar a nuestras comunidades. Después de un año y medio, puedo decir que los cumplimos, pero sigue siendo un desafío porque no se terminó. Nos ha dejado muchos aprendizajes y oportunidades, pero esperemos que termine rápido. 

Entrando en el segundo semestre, ¿cómo están respecto de los objetivos cumplidos? 

Cuidar a las personas sigue estando en el top of the list de nuestros objetivos, seguido por abastecer a nuestros consumidores. Con esos focos nos está yendo relativamente bien este año; hemos podido capear muy bien la adversidad. Y hay dos cosas que seguimos haciendo: seguimos invirtiendo en nuestra capacidad productiva y seguimos invirtiendo en este país, donde a veces no se ven buenas noticias en ese sentido. El año pasado anunciamos $ 4.500 millones de inversión, cerca de US$ 60 millones, destinados a ampliar la capacidad productiva de nuestra planta en Luján, donde se producen todas las marcas de nuestro portfolio, y donde está la innovación, que tiene que ver con las variedades de producto.

¿En qué están innovando?

 Básicamente, estamos lanzando nuevas variedades de distintas marcas; están muy de moda las APA, las IPA, las cervezas rojas, con distinta graduación alcohólica, con distintas mezclas de malta. El consumidor está cada día más exigente, y queremos estar a la altura de su necesidad. No solo desde las variedades, también desde el empaque. 

La lata versus el vidrio... Exactamente, es algo que seguimos empujando con mucha fuerza. La lata es un empaque muy conveniente y valorado por el consumidor, porque se enfría más rápido, no tenés que llevar y traer la botella, es single serve? Cuando empezamos el proyecto de lata, representaba menos del 3% del mix de la industria; hoy está cerca del 40%. Fue uno de los tantos retos.

¿Cuál fue otro? 

El primer gran desafío, cuando empezamos, fue cómo captar la preferencia de nuestros consumidores. En aquel momento, 1995, este era un mercado cervecero básicamente dominado por una marca que tenía el 80% de la preferencia de los consumidores. El segundo era implementar una red de distribución nacional y capilar que pudiera hacerse cargo de la voluntad de nuestro consumidor; hoy tenemos cerca de un 80% de distribución ponderada, esto significa que a los 500.000 puntos de venta que hay en el país llegamos en el 80% del volumen. El tercero fue cómo terminar con la barrera de ingreso del envase retornable. Y el cuarto era proponer una propuesta multicategoría. Y a marcas como Schneider e Imperial, que existían de toda la vida, las rescatamos y hoy tienen una presencia nacional tremenda. Pasamos del 1% de share en 1995 a más del 30% hoy. 

Es un mercado muy concentrado...

 Siempre nos tocó competir con el gigante, primero nacional, después regional y ahora mundial, pero la verdad es que siempre ha sido una competencia muy leal, sana, que terminó beneficiando al consumidor. Incorporamos además otras categorías, como sidras, vinos y ahora hard seltzer, que es muy nuevo, pero en EE.UU. tiene el 10% del mercado.

¿Cuál fue el aprendizaje de haber traído Bud a la Argentina y ahora ya no tenerla? 

Estoy con el nido vacío, porque mis cinco hijos ya se fueron de casa y ahora estoy cambiando de función; y en su momento, cuando les vendimos Bud a nuestros competidores, sentía que se estaba yendo mi sexto hijo. La sigo queriendo un montón aunque sea de los competidores. Fuimos los primeros que la produjeron fuera de EE.UU. ¿Qué aprendí? Desde el punto de vista de la calidad, nos enseñaron muchísimo del cuidado y la producción. Y que nos haya tocado venderla era algo completamente lógico, lo que correspondía. Pero fue una gran experiencia personal y profesional. 

¿Cuáles son hoy tus mayores preocupaciones coyunturales? 

A nivel general, las restricciones habituales no cooperan para un contexto de inversiones que son necesarias. Es muy difícil a veces convencer a nuestros accionistas. Los cepos, todo este tipo de corsets que se le ponen a la economía creo que no son lógicos. Desde el punto de vista del contexto, la inflación es un tema que nos preocupa a todos. Pero quiero dejar en claro que este no es un problema de los empresarios con respecto a los precios. Hace 26 años que estoy en consumo masivo y este no es un tema de malos empresarios. Hay que estabilizar la macro para que no se produzca la inflación, que es la fiebre de una enfermedad que hay que tratar. 

El Gobierno tiene un gran desafío: ver cómo controla la inflación, que no es por el control de precios, en mi opinión, sino por estabilizar la macro. La Argentina es un país maravilloso desde todo punto de vista, tenemos que encaminarlo desde la administración. Ese es el gran desafío que tiene este gobierno, el anterior y todos los demás: cómo administrar esto lógicamente para que Argentina pase a ser un país normal, donde se pueda invertir, donde todos podamos crecer.

¿Por qué te parece que los empresarios tienen mala imagen? 

Honestamente no sabría decirte. En estos 26 años nosotros nunca especulamos con los precios en ese sentido. Uno busca rentabilidad, pero no se hace solo con el precio, sino con eficiencia. De eso estoy convencido: la inflación no viene producto de los empresarios, sino de desbalances macro que entre todos tenemos que corregir. 

¿Cómo cambió el consumo el último año? 

La pandemia restringió el on premise, bares y restaurantes, que sufrió muchísimo y sigue sufriendo, y potenció el canal de e-commerce, que creció una barbaridad. El on premise se compensó con el consumo en el hogar. 

¿Cómo se baja a la tierra la innovación? 

Es uno de los grandes desafíos porque nos encanta la palabra innovación, pero después llevarla a la realidad es todo un tema. Creamos una gerencia de innovación, que reporta a nivel corporativo. Y después creamos dos programas, uno externo y otro interno, Impacta y Despega. Desde ahí se crean ideas que nos pueden traer tanto desde el exterior de la compañía como del interior en términos de innovación en todas las áreas del producto. La innovación en nuestro caso está concentrada en productos, variedades, empaques, digital y transformación de procesos. La innovación disruptiva. Y tenemos un monitoreo de las innovaciones, porque tienen que aportar al crecimiento.

 ¿Y en sustentabilidad?

 Tenemos desarrollado, también a nivel corporativo, un modelo de gestión de sustentabilidad basado en tres pilares: planeta, personas y marca. Con respecto a este último, buscamos marcas con propósito y que tengan una relación transparente con su consumidor, además del consumo responsable como hábito de promoción. Con respecto al planeta, entre otros aspectos casi no generamos residuos en las operaciones y redujimos 50% el consumo de agua. Y en personas estamos muy enfocados en nuestras comunidades, y temas como brecha de género, diversidad, retención. 

¿Qué balance hacés de esta experiencia?

 Ha sido realmente una experiencia increíble. CCU es un caso de un inversor extranjero que viene a desarrollarse en un país, le ha ido bien y mantiene el compromiso, aun en un contexto muy difícil. Yo estoy contento con eso, pero no desde lo personal, sino desde cómo al final en un país complejo como este se puede. Hay que trabajar, hay que darle duro, con mucha consistencia, contundencia y continuidad, pero verdaderamente se puede. Es un país que tiene grandes oportunidades.

 


Páginas consultadas: