| Fuente: www.heraldo.es |
Nuevamente recurrimos a la Revista Apertura, quienes publican un reportaje de Marcelo Figueiras, CEO del laboratorio Richmond, productor local de la vacuna Sputnik V, realizado por la periodista Florencia Lendoiro.
Leemos en el artículo:
Los
tres "dramas" de la economía argentina tienen solución, según el
fabricante local de la Sputnik
Marcelo Figueiras, presidente de Laboratorios Richmond, cree que la inflación y los desequilibrios que genera, son el gran problema de la Argentina. Pero quitar los 'parches' que existen de forma 'no inteligente', desequilibra aun más la economía, dice.
"Hay trabas por todos lados que deben ir solucionándose. También se vio que si se eliminan de forma no inteligente, se desequilibra todo. Lo que hay que hacer para crecer y ser previsibles es establecer las 10 vacas sagradas y lograr que ningún gobierno las toque", dice Marcelo Figueiras, presidente de Laboratorios Richmond.
El
ejecutivo aclara que expresa esas sugerencias con humildad porque admite que
"es muy fácil decirlo desde un escritorio y muy difícil de hacerlo para
los gobiernos". Cree que la inflación y los desequilibrios que
genera, son el gran problema de la Argentina. También que las trabas
para exportar son un mal conocido en el país pero que si se intentan eliminar
de forma no inteligente, desequilibran aún más.
En
diálogo con El Cronista, Figueiras es igualmente optimista. Dice
que cerrará el balance 2021 en verde y que en dos meses, la vacuna Sputnik (que
en la Argentina fabrica Richmond) tendrá su aprobación global.
¿Cuál
es el mayor desafío que enfrenta la economía?
La
inflación y todos los problemas de desajustes que conlleva. Los precios
relativos que se van distorsionando. Tampoco hay una situación de inversión
consolidada. Para crecer y ser previsibles hay que establecer las 10 vacas
sagradas, los 10 puntos básicos y lograr un consenso del 70% por lo menos de la
dirigencia, para que las cosas se hagan y no cambien de un año a otro, o de un
gobierno a otro. Que ningún gobierno los toque. Que el movimiento
pendular sea cada vez menor y podamos tener un rumbo con los menores cambios
posibles y que haya gobiernos que mejoren un poquito la situación. Al
siguiente periodo, un poco más y así. No ser tan ambicioso de pensar que
alguien va a solucionar este problema porque en los últimos 90 años estamos
hablando de lo mismo. Evidentemente, es muy difícil o no se puede. Pero la
verdad, desde un escritorio es muy fácil hablar.
¿El
resultado de las elecciones de noviembre puede cambiará el escenario?
No creo
que cambie mucho. Va a cambiar cuando logremos consenso y un rumbo fijo que nos
dé un crecimiento sostenido durante muchísimos años. Esto no va a pasar ni en
una elección, ni en un periodo.
¿Cuál
es entonces la salida?
La
salida es concentrarnos en estos momentos, donde la variables macroeconómicas
están desordenadas. Las dificultades que tenemos ya las sabemos todos. La
brecha es un drama, la inflación es un drama, la alta presión impositiva es un
drama, sobre todo porque somos pocos los que pagamos. El gasto no se
puede achicar porque hay una realidad social. Yo creo que hay que ir más por el
lado de los ingresos y concentrarse por subirlos y exportar más.
Hay
muchos sectores que tienen trabas para exportar
Hay
trabas por todos lados que tenemos que ir solucionando. También ya se vio
que si se eliminan las trabas de forma no inteligentemente después se
desequilibra todo. Entonces es muy difícil. Siempre escuchamos que estamos
todos de acuerdo pero debe ser muy difícil porque nadie puede estar de acuerdo
en que es positiva una traba para exportar, nadie puede estar de acuerdo en la
alta presión impositiva o que paguen tan pocos contribuyentes. Pero de afuera
es fácil decir que se tiene que cuidar el gasto publico, los superávit gemelos.
El rol de los empresarios es tener ideas mientras se invierte y crea trabajo.
¿Cómo
ve entonces el corto plazo?
Vamos a
tener años complicados, porque la pandemia nos agarró con un envión de
muchísimos años de decadencia. Por algo tenemos hoy, el nivel de pobreza que
tenemos. Durante esta desgracia también entendimos que los argentinos podemos,
desde todos los aspectos. Nosotros, los laboratorios, estuvimos a la
altura de las circunstancias durante la pandemia en cuanto a la provisión de
medicamentos en todo el país. No faltó ni un medicamento y resolvimos
la primera fase de una vacuna acá mismo. Más allá de todas las complicaciones y
los errores que podemos cometer, tenemos que ser positivos para sacar al país
de la pobreza, generar trabajo y riqueza.
¿Qué
medida mejoraría la situación?
A
partir de un acuerdo con el FMI, que a mi criterio es fundamental, y junto con
la salida de la pandemia, se va a empezar a movilizar la economía. A la
vez, los activos en la Argentina están subvaluados con lo cual debe
haber necesariamente un interés del mundo por estos activos que son muy buenos
en capacidades productivas. Creo que va a haber mucho interés en invertir
en Argentina o en retomar la senda de las inversiones para crecer y crear
trabajo. De hecho, ya se está haciendo con el objetivo de revertir la situación
actual.
¿Cómo
pueden aportar los empresarios locales?
Siendo
lo mejor y haciendo lo mejor que hacemos cada uno. Creando riqueza y empleo
vamos a aportar nuestro granito de arena para que se puedan ir solucionando
todo estos temas que todos queremos solucionar, incluso el gobierno.
¿Tienen
alguna señal para pensar en que el repunte está próximo?
Nosotros
tuvimos señales positivas. Hemos acudido al mercado capitales y hemos logrado
inversiones por casi u$s 100 millones de mucha gente que ha querido
invertir en un proyecto que va a ser rentable para el inversor y con el que se
beneficia a la sociedad y la ciencia para los próximos 10 años. Vamos a
hacer un hub de vacunas, de biotecnología y eso son noticias importantes que
hay que seguir replicando. Yo creo que la salida es por ahí. Después
por supuesto tenemos todas las dificultades, nos podemos quejar todo el día
pero hay que trabajar.
Después
del anuncio de congelamiento para el consumo masivo, ¿cree que habría alguna
medida similar que impacte a los laboratorios?
Está
claro que los congelamientos de precios no funcionaron nunca. En nuestro caso,
y de todos los laboratorios argentinos, estamos haciendo los máximos
esfuerzos para aumentar lo menos posible los precios y estar por debajo del
índice de inflación. En nuestro caso, lo estamos logrando en la
mayoría de los productos. Después habrá algunos ajustes pero hay que ser muy
prudente y medir bien porque hay una gran cantidad de productos y el índice hay
que elaborarlo con todos los productos, no sacar puntualmente unos u otros.
¿Cuándo
estará lista la vacuna que producen (Sputnik)?
La
producción de la vacuna la hemos desarrollado en tiempo récord con los
científicos y técnicos argentinos. Fuimos de los primeros países del mundo que
pudieron hacer esta vacuna en esta fase final. Ahora estamos encarando todo el
proceso del ciclo completo. Con la inversión de los u$s 100 millones vamos a
hacer una planta multiplataforma. Con lo cual vamos a hacer biotecnología,
productos biotecnológicos, anticuerpos monoclonales y otro tipo de vacunas y
vamos a tratar de trabajar con el Conicet y otros centros argentinos para darle
aplicación industrial al gran trabajo que están haciendo.
¿Espera
que la aprobación global de la vacuna llegue este año?
Si. La
demora es un tema netamente administrativo que están solucionando en
los próximos dos meses, no tendría que pasar de eso, es inminente. Ya lo
dijo la OMS, es un tema de cómo se informa. Lo que sí se probó y sí es un
consenso entre los profesionales del mundo es que la Sputnik es una vacuna de
las más eficaces y de las más seguras del mundo.
¿Cómo
cierra este año la compañía?
El
cierre va a ser con crecimiento, vamos a tener un buen año. Venimos creciendo
sostenidamente durante la última década. Siempre por desarrollo de nuevos
productos e investigación. También por la regionalización del laboratorio.
Después está todo el tema relacionado con la vacuna que nos insumió un montón
de inversiones y gastos extras, porque la actividad que hicimos en toda esta
parte final del proceso fue sin ganancias, con lo cual nos va a pegar un poco
en el balance. Pero ya vamos a recuperar. Vamos a terminar con el
balance en verde seguro.
¿Cuándo
terminarán la planta de Pilar?
Tardará
entre un año, y un año y medio. En 2023 tendríamos que estar ya produciendo. Va
a tener una capacidad de hasta 500 millones de dosis y eso va a ser para el
mundo. Mientras tanto, vamos a ir empezando con la transferencia de tecnología
que ya se ya se está trabajando para agilizar todos los tiempos.
¿Desde
allí se exportará la vacuna?
Ahí ya,
registro y convenios mediante con otros laboratorios, vamos a empezar a
exportar. Va a ser hub de vacunas importante para Argentina.
¿Evalúan
volver al mercado de capitales a buscar fondos?
De
momento no, vamos a concentrarnos en los proyectos actuales.
El siguiente es un artículo publicado en el Blog esPublico, donde se tratan problemas referidos a la administración pública española y que contiene artículos de interés que nos ayudan a reflexionar sobre nuestras realidades, en este caso hemos seleccionado un artículo de Víctor Almonacid Lamelas: ¿Qué podemos esperar de/en la Administración cuando finalice la crisis del coronavirus?, que en medio de los problemas que la pandemia le estaba ocasionando a España, el artículo se publicó a finales de marzo, nos invitaba a analizar el día después de todo lo vivido.
Leemos en el artículo:
¿Qué podemos esperar de/en la Administración cuando finalice la crisis del coronavirus?
“No son los más fuertes de la especie los que sobreviven, ni tampoco los más inteligentes. Sobreviven los más flexibles y adaptables a los cambios” (Charles Darwin)
Bien, ante todo debo dejar claro que no tengo una respuesta “a ciencia cierta” para esta pregunta, ya que las variables son demasiadas y demasiado importantes en este momento: ¿cuánto durará esta situación? ¿Cuál será su impacto real sobre la economía? ¿Y sobre la sociedad? Y muchas otras sin olvidar la que probablemente más nos inquieta a todos: ¿Volverá este virus u otro peor?
Yo me hago, además, otra pregunta, una de puertas hacia dentro de la Administración: ¿cambiarán algunas actitudes? Y es que considero esta la pregunta clave, porque es muy cierto que el destino nos ha lanzado una indirecta imposible de esquivar para que mejoremos la organización y el funcionamiento de nuestras entidades públicas, pero para que este impulso tecnológico-telemático sin precedentes (teletramitación de los usuarios y teletrabajo de los empleados) no sea flor de un día y quede consolidado, y para que además se traduzca en una mejora real en la eficacia, la eficiencia e incluso la excelencia, los amantes de la burocracia extrema deberán quitarse la venda, eso en primer lugar, y reconocer que estaban equivocados o al menos rectificar, después. Y creo sinceramente que algunos no van a querer y/o saber hacerlo. En consecuencia, y en el peor de los escenarios, cuando todo esto acabe volveremos a las andadas.
Pero no habríamos aprendido nada. Porque nos ha ido mal, ciertamente mal, con el actual modelo. No estábamos, en absoluto, preparados. Nuestra cultura de lo urgente por encima de lo importante carece completamente de robustez para afrontar situaciones de gran dificultad. Como indicaba ayer el siempre atinado Rafa Jiménez Asensio en su blog: «No es ninguna casualidad que sean precisamente Italia y España, con sus enormes debilidades político-institucionales y administrativas (por no hablar de las financieras), los países europeos dónde, por ahora, se está cebando más la destrucción del virus. Invertir en un modelo de fortalecimiento institucional en sus múltiples facetas o dimensiones (especialmente, en lo que afecta a reforzar las capacidades institucionales y organizativas, la anticipación y prevención de riesgos, la gestión eficiente, la administración digital, los datos abiertos y la protección de datos, así como corregir la política errática e inútil de gestión de recursos humanos en el sector público, etc.), comienza a ser un reto inaplazable. También el liderazgo contextual es eso. Liderar ese cambio».
Pero en lo peor de la crisis (aunque, ojo, podría empeorar) se observan, es más, se evidencian más que nunca, las carencias más graves de algunos perfiles de lo público, sin aptitud, sin actitud, inadaptables según la teoría darwiniana, ciegos a la realidad, acomodados bajo unos procesos que consideran inamovibles, e incapaces de interpretar el contexto y ponerlo en relación con la ética, la vocación, el servicio, y otros principios y valores de lo público. También se visualizan más que nunca las patologías organizativas de la Administración, todavía diseñada a imagen y semejanza de los burócratas convencidos que concibieron un modelo de “cabos atados” que resulta absolutamente inservible en un contexto en el que el único camino posible es asumir determinados riesgos y seguir adelante, avanzando, desde la flexibilidad, la eficacia y la ética.
Pese a todo, pensamos, o quizá más bien deseamos, que esta situación suponga, a la postre, una oportunidad. Una que no se desaproveche. Otras situaciones negativas han impulsado en el presente siglo la administración electrónica en sus distintas facetas. La crisis de 2008 puso en valor esa vertiente de ahorro burocrático y económico implícita en la tramitación electrónica. Por su parte, ante la explosión de los numerosos e indecentes casos de corrupción, se entendió que un buen antídoto era la implantación de un procedimiento trazable, rastreable y por supuesto transparente. Y de repente llega el coronavirus, capaz de colapsar un país que, cogido por sorpresa, se ve obligado a poner a prueba sus recursos del presente y demostrar, ante una adversidad muy real más allá de simulacros, hasta qué punto estaba al menos mínimamente preparado. Y no lo estaba, salvo honrosas excepciones que hemos visto más en la privada y menos en la pública, con la importante excepción de nuestra maravillosa Sanidad. Pero no estábamos preparados, insisto, porque de lo contrario esta situación no nos habría hecho tanto daño, y yendo más a lo funcional, no hubiéramos tenido tantos problemas en teletrabajar (los empleados públicos), y teletramitar (los ciudadanos y otros usuarios). ¿Tan difícil es entender el concepto “oficina remota”? Muchas medidas se han tomado deprisa y a la desesperada, y tras la crisis habrá que ver hasta qué punto son válidas y susceptibles de ser consolidadas.
Y aunque es duro decirlo (pero hay que hacerlo, porque también son tiempos duros), esta crisis ha puesto en evidencia lo que era un secreto a voces: hay empleados públicos necesarios, es más, absolutamente imprescindibles, y otros que, diciéndolo una manera muy sutil (quizá demasiado), no. Y es que estamos viendo estos días qué es de verdad el servicio público, y qué no lo es. Hemos visto funcionarios que no están prestando ningún servicio, y que ni están (ni tele están) ni se les espera, mientras que otras personas, no sólo médicos y policías sino muchas de ellas integrantes de la sociedad civil, profesionales como camioneros o trabajadores de supermercados o simplemente personas particulares que se han ofrecido a hacer cosas por los demás, sí están siendo, más allá de toda duda, un servicio público. El concepto de lo público cambia a gran velocidad. Ha hecho más por el interés general estos días una persona mayor confinada que haya podido coser cien mascarillas en su casa, que algunos empleados públicos durante toda su vida. No podemos seguir manteniendo en puestos de “jefe” a burócratas ociosos que esperan de brazos cruzados cualquier atisbo de iniciativa o de innovación para tumbarlo con su interpretación restrictiva del párrafo 3º del art. 135 bis de un Reglamento preconstitucional. Esto debe cambiar inmediatamente o no resistiremos el próximo envite. Parece ser que el coronavirus afecta especialmente a las personas mayores. La Administración Pública española está muy mayor.
Mientras tanto, lo más importante a corto plazo es lidiar con esta situación extrema. Están siendo momentos muy tristes, en lo más razonable y lo más ético es seguir adelante, aportar (cada uno desde su rol) e intentar estar a la altura de las circunstancias. Y es que últimamente no sólo se han agudizado las diferencias entre productivos y rémoras, sino también las que separan a los empleados comprometidos y con verdadera vocación de servicio público, de los que simplemente estudiaron (o no) para tener un empleo fijo con una nómina segura, y a partir de ahí “que se mueran los feos”.
Y de repente se replantean, también lo observaba Jiménez Asensio, los ODS. La llamada Cuarta Revolución Industrial está siendo muy extraña. Hoy en día es prácticamente imposible ser un experto en nada, por eso me sorprende la osadía de los que hablan de conceptos como blockchain o los algoritmos sin mostrar un ápice de cautela o humildad. Yo aún estoy estudiando estas cosas, y admito que no me siento completamente seguro ni siquiera con la administración electrónica, a pesar de llevar veinte años trabajándola. El concepto de lo público sigue cambiando a cada momento. Personalmente me replanteo casi a diario conceptos como Smart City. Uno de sus paradigmas, por cierto, es el medio ambiente, la sostenibilidad, hasta el punto de que se habla de Green City. Es curioso; estos días estamos observando imágenes de vías urbanas y carreteras casi desiertas, en las que no se ven prácticamente coches. ¿Cuánto habremos contaminado durante el estado de alarma? Quizá las mejores políticas públicas no consisten necesariamente en hacer cosas nuevas, sino en no hacer alguna de las cosas que estábamos haciendo mal.