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lunes, 16 de marzo de 2026

Huellas: Guerra en Oriente Medio: los centros de datos en la línea de fuego - artículo

Presento un artículo de Alfredo Moreno, respecto de los ataques que se llevaron a cabo sobre los centros de datos de grandes empresas, publicado en el portal Esfera Comunicacional, nos permite pensar y reflexionar sobre las implicancias de una guerra tecnológica global que ha escalado a lugar solo pensados en novelas de ciencia ficción que nos aventuraban un mundo distópico, al cual pareciera que nos encaminamos indefectiblemente. Leemos en al artículo:

Guerra en Oriente Medio: los centros de datos en la línea de fuego

Los ataques de Irán con drones contra centros de datos de Amazon Web Services en Oriente Medio introducen una dimensión inédita en los conflictos contemporáneos: la infraestructura digital global como objetivo militar. Lo ocurrido a comienzos de marzo pone en cuestión la supuesta invulnerabilidad de la nube y abre interrogantes sobre la relación entre plataformas tecnológicas, inteligencia militar y disputas geopolíticas.

El domingo primero de marzo millones de personas en Dubái y Abu Dabi se despertaron con una sorpresa inesperada: no podían pagar un taxi, pedir comida a domicilio ni consultar el saldo de sus cuentas desde sus aplicaciones móviles. Durante algunas horas, la vida digital que sostiene gran parte de la actividad cotidiana en estas ciudades simplemente dejó de funcionar.

La causa no era una falla técnica ordinaria. En la madrugada de ese mismo día se habían producido tres ataques contra dos instalaciones en los Emiratos Árabes Unidos y una en Baréin. La televisión estatal iraní informó que el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán había lanzado la operación «para identificar el papel de estos centros en el apoyo a las actividades militares y de inteligencia del enemigo».

El episodio marca un antecedente inquietante: el primer ataque militar conocido contra la infraestructura de un proveedor estadounidense de computación en la nube —un hiperescalador— y un hecho que pone en cuestión las ambiciones regionales de construir gigantescas instalaciones digitales como parte del nuevo mapa tecnológico global.

Los daños provocados por drones contra tres instalaciones de Amazon Web Services en Medio Oriente expusieron, además, la vulnerabilidad de los centros de datos que constituyen la base material del procesamiento algorítmico utilizado por los servicios militares de Estados Unidos e Israel.

Según la versión difundida por medios iraníes, el complejo ubicado en Baréin habría funcionado como «plataforma de inteligencia y espionaje» del Pentágono contra la nación persa. De acuerdo con esa narrativa, desde esas infraestructuras se habría brindado apoyo logístico y tecnológico a operaciones estadounidenses en el entorno del Golfo.

La división de computación en la nube de la compañía —propiedad de Jeff Bezos— informó el lunes 2 de marzo que dos centros de datos en los Emiratos Árabes Unidos fueron «atacados directamente» y que otra instalación en Baréin también resultó dañada luego de que un dron impactara en el área donde se encuentran los complejos que sostienen gran parte de las transacciones digitales de la región.

«El ataque supuso un duro golpe para la infraestructura tecnológica y de información del enemigo», señalaba un mensaje difundido a través de Telegram, uno de los pocos canales de comunicación que mantiene el país con el exterior en el actual contexto de tensiones.

Desde Amazon confirmaron que los impactos produjeron daños estructurales e interrupciones eléctricas. «Estos impactos han causado daños estructurales, interrumpido el suministro de energía a nuestra infraestructura y, en algunos casos, requirieron actividades de extinción de incendios que resultaron en daños adicionales por agua», informó la empresa en una actualización publicada en su sitio web.

Hacia el martes por la noche se indicó que los sistemas de respaldo estaban siendo reubicados en otros centros de datos, aunque el proceso implicó casi cinco días de interrupciones para numerosos servicios locales.

Una arquitectura pensada para resistir

La red global construida por Amazon está diseñada precisamente para tolerar fallas parciales. Puede absorber la destrucción de un centro regional y continuar operando. Pero no necesariamente soportar la pérdida simultánea de varios nodos estratégicos. El ataque coordinado tuvo consecuencias inmediatas. Millones de personas en Dubái y Abu Dabi no tenían servicio de internet.

Uno de los puntos críticos fue el sistema de almacenamiento S3, el servicio de objetos en la nube de AWS que permite guardar y recuperar enormes volúmenes de información por medio de internet. Su arquitectura puede gestionar la caída de una zona dentro de una región geográfica determinada, pero enfrenta limitaciones cuando varios nodos se ven afectados al mismo tiempo.

Amazon Web Services aloja gran parte de los servicios en línea más utilizados del mundo y proporciona, detrás de escena, infraestructura de computación para organismos gubernamentales, universidades y grandes empresas. La compañía dispone además de redes propias de fibra óptica que interconectan sus centros de datos y permiten trasladar cargas de procesamiento de un nodo a otro con gran rapidez.

Actualmente Amazon opera centros de datos en 39 regiones geográficas, tres de ellas en Oriente Medio: Emiratos Árabes Unidos, Baréin e Israel. Cada región se divide en varias «zonas de disponibilidad», conjuntos de centros de datos físicamente separados —a distancias que pueden superar los cien kilómetros— pero conectados por redes de latencia ultrabaja que minimizan el tiempo de transmisión de datos.

La arquitectura está diseñada para que el fallo de una instalación no afecte al conjunto. Sin embargo, la pérdida simultánea de varias infraestructuras dentro de una misma zona puede generar cuellos de botella severos: simplemente puede no existir capacidad suficiente para absorber toda la carga de procesamiento y almacenamiento. Incluso en la era de la nube, la computación sigue enfrentando límites físicos.

El nuevo frente de la geopolítica digital

Tras este golpe a infraestructuras que constituyen materia prima para el análisis de inteligencia y operaciones militares de Israel y Estados Unidos, varias empresas del sector podrían enfrentarse a un problema que trasciende a AWS.

Durante la última década, Medio Oriente se convirtió en un polo creciente de inversiones en centros de datos. Países como Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos impulsaron estos proyectos como parte de estrategias destinadas a diversificar sus economías y reducir la dependencia del petróleo.

Según la base de datos global de DataCenterMap, actualmente existen alrededor de 326 centros de datos en la región, con la mayor concentración en Israel, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos. Gran parte de estas instalaciones son operadas por gigantes tecnológicos estadounidenses como Google, Microsoft, Amazon y Oracle, que prestan servicios tanto a empresas privadas como a organismos gubernamentales y estructuras militares.

La propia Guardia Revolucionaria iraní reivindicó el ataque a través de medios estatales como la agencia Fars News. Según esa versión, las instalaciones en Baréin alojaban cargas de trabajo vinculadas a operaciones militares estadounidenses, incluyendo sistemas de inteligencia basados en modelos de inteligencia artificial desarrollados por la empresa IA Claude de Anthropic.

Ecos políticos más lejanos

Para la Argentina, la situación adquiere una dimensión particular. El presidente Javier Milei declaró recientemente: «Soy el presidente más sionista del mundo», durante una conferencia en la Universidad Yeshiva, reafirmando su alineamiento con Estados Unidos e Israel y calificando a Irán como enemigo.

En el mismo contexto, el mandatario mencionó a la provincia de Chubut como un posible destino para inversiones vinculadas a grandes centros de datos.

El episodio ocurrido en Medio Oriente introduce así una advertencia adicional: estas infraestructuras, concebidas como motores del desarrollo digital, también pueden convertirse en objetivos estratégicos dentro de conflictos internacionales.

El fin de la inocencia digital

Lo sucedido parece señalar el fin de una cierta inocencia tecnológica. La infraestructura de datos ya no es solo un soporte económico o comunicacional: es también un componente central de la guerra contemporánea.

El director ejecutivo de Palantir Technologies, Alex Karp, ha defendido abiertamente la integración entre inteligencia artificial, análisis de datos y operaciones militares. En esa visión, los algoritmos permiten observar y anticipar movimientos estratégicos a miles de kilómetros de distancia.

La cuestión de fondo, sin embargo, excede la coyuntura militar. Si la información y los algoritmos se convierten en herramientas decisivas para anticipar y dirigir conflictos —como la capacidad de ver a través de los muros de un palacio presidencial a miles de kilómetros de distancia— también plantean una pregunta más amplia: qué significa para la condición humana que sistemas automatizados participen cada vez más en decisiones que afectan el destino de sociedades enteras.

En esa lógica, el presidente argentino parece inscribirse en la lectura geopolítica formulada por Samuel P. Huntington en su libro The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order (El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, 1996): la expansión de Occidente no habría respondido únicamente a la superioridad de sus ideas, sino también a su capacidad histórica para organizar y aplicar la violencia.

Vista de una columna de humo en Baréin, donde una infraestructura de Amazon Web Services ha sido dañada / EFE

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miércoles, 23 de octubre de 2024

Innovación Tecnológica e impacto en las organizaciones - ECON 2024

Presentamos otra conferencia, dictada en el XVIII Congreso Internacional de Economía y Gestión “Econ 2024” Innovación Tecnológica e impacto en las organizaciones.

Esta disertación nos permite reflexionar sobre la nuevas formas de organizar el aprendizaje, la investigación y la transferencia de contextos de cambio tecnológicos; la misma estuvo a cargo de Emiliano Consoli, Mariando Anconetani, Yamila Kababe y Patricia Rossini y moderan: María Gabriela Rutty y Patricia Rossini, profesores de nuestra facultad (FCE – UBA); los invito a ver la conferencia: 

 

 
 
Link del video: 

miércoles, 2 de febrero de 2022

Para reflexionar: Cómo nos afecta la tecnología II

El videoclip de la canción Are You Lost In The World Like Me? (¿Estás perdido en el mundo como yo?)de Moby, que forma parte de su último trabajo discográfico, These Systems Are Failing presenta una fuerte crítica hacia la tecnodependencia de la sociedad actual. El trabajo fue dirigido por Steve Cutts, un artista de la imagen en movimiento de Londres que se inspiró en las animaciones de los años ’30 de Max Fleischer, el pionero en la producción de cortometrajes de animación, como Betty Boop o Popeye el marino.


 

miércoles, 26 de enero de 2022

Para reflexionar: Cómo nos afecta la tecnología

Hoy les acercó un pequeño cortometraje, que en las redes sociales se ha divulgado como una película egipcia "L'ALTRA PAR", ganadora del premio al mejor cortometraje en el Festival de Cine de Venecia en el año 2019. Si bien, nada de esto es cierto, la película describe cómo las personas se aíslan en la tecnología y nos lleva a reflexionar a como debemos vivir la vida. 

El video que acompaña a esta entrada, puede ubicarse en Youtube como Vida Smartphone.



 


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jueves, 18 de febrero de 2021

Huellas: La tecnofilia empieza a mostrar fisuras - artículo

Interesante entrevista realizada por el periodista Oscar Razani para el diario Página12 al autor de "Modo Cyborg", César Hazaki, sobre la realidad de encontrarnos en una sociedad hipertecnologizada y su problemática en el mundo de hoy.

Leemos en el artículo:

"La tecnofilia empieza a mostrar fisuras"

En su libro, el psicoanalista analiza a fondo la relación de los humanos con un entorno hipertecnologizado, y los cambios de foco que trajo la pandemia: "Todo lo que pudimos creer que la ciencia ficción exageraba, hoy es prácticamente posible."

El futuro llegó hace rato pero a veces no es el que todos quieren, sobre todo por la hibridación que hay actualmente entre los seres humanos y las máquinas, producto del avance tecnológico. El psicoanalista César Hazaki lo investiga con rigurosidad en el libro Modo Cyborg. Niños, adolescentes y familias en un mundo virtual (Editorial Topía). Lejos de ser un ensayo técnico para analistas, su prosa busca tomar una posición crítica sobre la era tecnofílica que permite la lectura de cualquier interesado en conocer más sobre la relación entre humanos y máquinas. Hazaki analiza en distintos capítulos los cambios que ocasiona el mundo cyborg en diversas áreas de la vida humana: la procreación, el trabajo, los vínculos, la sexualidad, la prolongación de la vida, el amor a distancia, el sueño, los distintos tipos de implantes en el cuerpo, la hiperconectividad, el tiempo, el dinero y sus modificaciones, la crianza de los niños y la problemática de los adolescentes, entre otros ejes.

¿Se está viviendo la era de la tecnofilia? Hazaki lo afirma pero, a la vez, entiende que, a partir de la pandemia del Coronavirus, se produjo una cierta fisura en esa tecnofilia. “Se empezó a demostrar que todos los sueños tecnofílicos, esto de quedarte en tu casa, de trabajar desde tu casa y que las máquinas te resuelvan todo, ahora que el hogar ha sido una imposición durante un año, hay ciertas ilusiones que se están poniendo en cuestión”, dice en la entrevista con Página/12. Cita como ejemplo que los chicos del secundario, cuando les dijeron que no había que ir al colegio, se pusieron contentos porque imaginaron que lo que venía era estar en sus casas jugando todo el tiempo a la Play (aquellos que tienen, por supuesto). “Y lo que parecía una cosa maravillosa, a los tres o cuatro meses empezó a ser una situación muy angustiante porque extrañaban el contacto con los amigos. Y ahora están podridos de la Play. Empieza a haber fisuras. Ese enamoramiento que hubo hasta no hace mucho con lo tecnológico, con la pandemia se ha empezado a fisurar”, afirma Hazaki.

-También menciona en el libro las dificultades que genera el mundo cyborg en los vínculos laborales, ya que la híperconectividad hace que la tarea vaya con uno a todas partes. Hoy se está viviendo eso a partir de la pandemia. Incluso se sancionó la ley del teletrabajo para regular el abuso laboral.

-Exactamente. Tipos como Mario Pergolini pusieron el grito en el cielo, pero en todos los países donde estas leyes intentan llevarse adelante, hay un lobby muy fuerte de las grandes empresas de internet. Porque esas regulaciones, si llegaran a funcionar, les quitarían algo de esta usurpación que han hecho de todo el tiempo del trabajador. El teletrabajo se transformó en que el trabajador trabaja más. Y no sólo trabaja más sino que lo hace por la misma plata.

-¿Hoy hay países en los que los trabajadores aceptan que les implanten un chip en su cuerpo para ser monitoreados en todo momento por las empresas en las que se desempeñan?

-Sí, en 2010 en El cuerpo mediático yo había denunciado esta situación en relación con Australia. Y estaba prohibido hablar de eso. Eso que en el 2010 era un secreto, hoy muestra que hay empresas que hacen rituales. Hay un nuevo ritual de iniciación en la clase trabajadora: las empresas van convenciendo a los trabajadores de que les pongan el chip y con cada uno que intenta ponérselo (sirve para abrir puertas, prender luces, prender computadoras), la empresa hace una fiesta. Es como un nuevo ritual de iniciación.

 -¿Es mayor la tecnofilia en aquellos que son nativos digitales?

-Bueno, los nativos digitales no conocieron otra cosa. Vienen de familias analógicas que estuvieron tan enamoradas como los chicos de la tecnología. Por eso, en vez de contarles un cuento, les dan una tablet a la noche, o máquinas de juegos electrónicos para que duerman solos. Por supuesto que las nuevas generaciones tienen una facilidad porque esa relación es constitutiva de su ser. Los que tenemos dificultad con esto somos los analógicos, pero eso no quiere decir que no tengamos enamoramiento con el celular porque acá el celular lo usa todo el mundo en todo momento, y es así. En el libro cito un ejemplo de chicos que son dejados en los autos por los padres y que mueren ahí porque los mayores van a hacer una compra al supermercado, el chico se deshidrata y sucede. Hubo muchos casos. Muchos de ellos en Israel, en el momento más crítico de la guerra. Entonces, empezaron a buscar soluciones. Una de las soluciones que consideraron más eficaces fue: "Usted ponga al chico en el asiento trasero y arriba del chico ponga su celular". Cuando se baja, no se va a olvidar al chico porque va a ir a buscar el celular.

-Generalmente tiende a hablarse bien o mal de las máquinas y la tecnología, pero estas no tienen moral: no son buenas ni malas. Eso depende de cómo se utilizan y en eso la responsabilidad es de los seres humanos. ¿Coincide?

-Vamos por partes. Primero, tenemos que formular una antepregunta: ¿Estas máquinas son herramientas o son prótesis? Si son prótesis ya no estamos hablando de lo mismo. Es la tecnología inserta en el cuerpo y el cuerpo con engrandecimiento yoico en función de esa relación yo-mundo, de ese mundo ampliado, de esa realidad aumentada. Ahora, el problema con las tecnológicas es que los capitalistas, que son los dueños, son el problema. Lo que producen no son las máquinas por sí mismas sino al servicio del gran capital. De hecho, las fortunas más grandes del mundo hoy son todas de empresas tecnológicas. Ahí es donde hay que poner la mirada. Cuando se produjo la Revolución Industrial en Inglaterra, y empezó el tejido con vapor, los luditas se la agarraron con las máquinas porque veían que los laburantes se quedaban con menos trabajo. Rompían las máquinas, hacían sabotaje o quemaban los talleres. Después, se avivaron que el problema no eran las máquinas: el problema eran los dueños de las máquinas. Y de ahí surgieron los sindicatos.

-¿Cree que es posible que hoy se dé una situación como la de la película Her, en la que un hombre se enamora de la voz de una computadora?

-El amor virtual tiene mucho de eso, y más en épocas de pandemia. Empezaron a sugerir que la norma sexual fuera el sexting, a través de una pantalla, sobre todo en aquellas personas que viven solas. Hubo países -Inglaterra fue uno de ellos- que empezaron a formular que la normativa sexual, el sexo normal, hoy sería el sexting. Eso sería un sexo que preservaría a los seres de la Covid. El amor virtual tiene mucho de eso. La carga erótica en el sexting es muy grande, pero muchas veces, o la mayoría de las veces, es una relación que se frustra a poco tiempo de que se encuentren los cuerpos. Hay muy pocos datos de gente que se encuentra y arma situaciones después de esa relación virtual.

-¿Las redes sociales crean una suerte de personalidad virtual en algunos usuarios? La duda es porque si bien la comunicación es virtual, las sensaciones y las emociones son reales. Hoy si un joven chatea por Facebook con una chica es probable que si ella le "clava el visto", el joven sufra. Y ese sufrimiento es auténtico. Pero a la vez todo eso invita a simulacros de quién es realmente una persona.

-Sí. Primero, mucho de lo virtual, como presentación en las redes, en los lugares de ligue, en general es como armar un currículum. O sea, vos ponés, como el pescador tira el anzuelo: "Sabe inglés, hace esto, hace lo otro..." Sobre cosas reales hay mucho que se infla. Y armar un perfil por ahí hoy es una de las sabidurías para tener mayor éxito. Hay una primera parte que viene medio programada. Uno se inventa, se recrea o se engrandece para atraer. Después, las emociones son intensísimas porque la movilización afectiva sigue existiendo y las máquinas, así como traen tremenda cantidad de compañía, al final, en última instancia te dejan solo. O estás solo. Cuando te das cuenta de que estás solo, buscas soluciones que mayormente son vacías desde lo afectivo. No porque la gente no se encuentre y no tenga sexo sino porque hay un vaciamiento. En la película que mencionás, Her, el señor primero tiene a la noche un encuentro de sexo telefónico con una mujer y él está en la cama, y se queda desconcertado. Y a la mañana siguiente es cuando compra el programa de la computadora.

-La tecnología hoy puede provocar cambios en el cuerpo. ¿Qué lugar ocupan el mercado y el marketing en esto? Porque el marketing del quirófano parece decir: “Venga con el cuerpo que tiene y váyase con el que desea".

-Sí, es un laboratorio tecnocientífico, donde la medicina está muy imbricada. Ya hay gente que plantea que a los hijos no hay que tenerlos más en el útero de una mujer sino que se pueden gestar dentro de una máquina. Hay mucho de llevar toda la humanidad hacia una humanidad cada vez más cyborg. Cuanto más cyborg, más relación hay con la necesidad de seguir siendo tecnofílico.

-¿En qué medida se puede asegurar que los límites orgánicos van a estar superados por máquinas que se integran al cuerpo?

-Ya hay. Hay soldados que hoy se comunican sin palabras, a través de un chip que se ponen en la cabeza, que es de recepción. Y los tipos no hablan. Sería como la telepatía. Ese es un ejemplo extremo de esa cuestión. Ahora, la lógica cyborg es que todo va a seguir avanzando. No es que esté mal en sí porque en una cultura no podés decir: "Volvamos para atrás". En general, no se vuelve para atrás en el avance científico. Lo que hay es un aprovechamiento de ese avance científico que no es solidario de ninguna manera. ¿Por qué se agudiza la desigualdad? ¿Por qué se agudiza la diferencia entre ricos y pobres? Algo tiene que ver todo este mundo tecnológico, organizado por grandes capitales. Es un cambio en el capitalismo muy radical.

-Mucho se ha hablado del hombre-máquina como una suerte de metáfora de la potencia sexual. ¿Qué lugar ocupan hoy en día las tecnologías en la sexualidad?

-Todo lo que se te ocurra. Siempre hay una genealogía, siempre hay cosas previas. Se pueden buscar mitos, hitos o situaciones que abren una cuestión y que permiten que eso después siga algún camino. Hoy hay algunos cotillones sexuales que los tiene una persona en París, por ejemplo, y otra persona estando en Buenos Aires se los mandó, pero el comando lo tiene esa persona que está en Buenos Aires. Entonces, toda esa sensibilidad que se produce en ese otro cuerpo (un orgasmo, por ejemplo), está organizado desde Buenos Aires. Y la sexualidad virtual, con aparatos y dispositivos hace que dos personas que están en dos lugares totalmente distintos, a partir de esta realidad virtual, sientan sensorialmente el contacto con ese hombre o con esa mujer o quien sea de un hiperespacio. Todo lo que nosotros pudimos creer que la ciencia ficción exageraba, hoy es prácticamente posible. De hecho, en las grandes compañías se insiste en que los trabajadores, los ingenieros sobre todo, lean ciencia ficción, como una manera de estimular la creatividad.

-¿Cuáles son las principales consecuencias de la hibridación entre los seres humanos y las máquinas en la infancia?

-Muchísimas. La primera es que aparecen islas de soledad; primero, en las familias. Ahora casi no se puede hacer porque hay menos posibilidad de ir a un restaurante, pero antes de la pandemia, vos veías cuatro personas, dos chicos y dos grandes comiendo, cada uno mirando su celular. No había diálogo. O si había era por WhatsApp. En un hogar, si hay dos o tres hijos en habitaciones distintas, y alguien está preparando la comida, no se los va a buscar ni se los llama: se les manda un WhatsApp. Esto hace una dependencia muy intensa. Y esa dependencia muy intensa conduce a la ansiedad más primaria. Si vos estás tan entrenado que pensás: "O me contesta al toque o no me está dando bola", estás todo el tiempo, aunque no lo pienses, amenazado por cierto abandono primario. Eso en las relaciones amorosas se da. Y entre los chicos también se da. Después, aparecen los usos de las venganzas, como pasar WhatsApp o videos por despecho dentro de un grupo que producen mucho dolor, como pasa en el cyberacoso o el bullying. Son armas. Hay cosas así ya en los chicos de 5º o 6º grado. Como los dispositivos son su vida, hay muchas cuestiones que se dan así. También hay chicos que han aprendido a usar las tarjetas de crédito de los padres, por lo que sea, y tienen los códigos, sobre todo los más chicos. Y usan esas tarjetas para comprar ascensos en un juego. Si llega a determinada etapa de un juego y no puede avanzar porque necesita tal arma, entonces si pone la cuota de 99 centavos (como se llama en Estados Unidos) el juego automáticamente toma ese dólar, le da ése arma y el chico sigue jugando, con un estado de excitación que no puede parar. Entonces, hay muchas situaciones en las que los padres se encuentran con que los hijos gastan dinero a ocultas de ellos, siendo chicos muy chicos, de 8 o 9 años. 

 


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jueves, 2 de agosto de 2018

Huellas: Otra mirada sobre el futuro del trabajo


Es el turno del periodista Andrés Oppenheimer, quien es reporteado en el diario La Nación con motivo de la publicación y presentación de su libro sobre el futuro del trabajo en la era de la Automatización: ¡Sálvese quien pueda!

Reproducimos el artículo escrito por el periodista Carlos M Reymundo Roberts:

Andrés Oppenheimer: "Soy tecnopesimista en el corto plazo y tecnooptimista en el largo"
 
Después de visitar hoteles con robots recepcionistas y entrevistar a futurólogos en todo el mundo, el premiado periodista publica ¡Sálvese quien pueda!, una investigación sobre el futuro del trabajo
Carlos M. Reymundo Roberts

Andrés Oppenheimer se asomó al futuro, y un poco se asustó. Lo que vio es un mundo en el que, según la proyección de los expertos, cerca del 50% de los trabajos que hoy conocemos desaparecerán en las próximas décadas por culpa de las nuevas tecnologías.

Entre el miedo y el asombro, durante cinco años investigó la nueva realidad de robots que hacen autos, dan clases, operan como cirujanos y atienden a los huéspedes detrás del mostrador de un hotel. En rigor, no es el futuro: ya hoy la inteligencia artificial está dejando fuera del mercado laboral, u obligando a reconvertirse, a millones de personas en todo el mundo.

Producto de esa inmersión en la llamada "destrucción creativa", que lo llevó por tres continentes, es su último libro: ¡Sálvese quien pueda! El futuro del trabajo en la era de la automatización (Debate), que se lanza esta semana y que presentará el 16 de agosto, en el CCK.

De 66 años, nacido en la Argentina, pero radicado desde los años 80 en Miami, Oppenheimer es un periodista multipremiado (Pulitzer, Rey de España, Ortega y Gasset, Maria Moors Cabot) que publica sus columnas en The Miami Herald y en 60 diarios de América (entre ellos, LA NACION) y Europa, y conduce un programa en CNN. Este es su octavo libro.

La entrevista con LA NACION desde Miami se hizo sin intervención de robots, pero sí contribuyó la tecnología digital: el diálogo fue posible gracias a una combinación de telefonía y chats de WhatsApp, mail y Skype.

-Después de tu investigación, ¿qué sos: tecnooptimista o tecnopesimista?

-Soy tecnopesimista en el corto plazo y tecnooptimista en el largo. Cuando empecé, era bastante más optimista. Pero después de visitar hoteles con robots recepcionistas en Japón, ver fábricas robotizas en Corea del Sur, comer en restaurantes totalmente automatizados de San Francisco y entrevistar a los principales futurólogos del mundo, creo que mucha gente se va a quedar sin trabajo a corto plazo. Y los gobiernos ni siquiera están hablando del tema. El desempleo causado por la tecnología va a ser el principal tema en los próximos años, incluso para países como la Argentina.

-¿No estará a salvo la Argentina, que parece estar a años luz de esa realidad?

-Para nada. Según un estudio del Banco Mundial, el 64% de los empleos en la Argentina van a estar en riesgo por la automatización en los próximos años.

-¡Sálvese quien pueda! ¿Quiénes podrán salvarse?

-Todas las profesiones corren riesgo. Según un chiste que escuché en Silicon Valley, las fábricas del futuro van a tener solo dos empleados: un hombre y un perro. El hombre va a estar allí para darle de comer al perro, y el perro, para cuidar que el hombre no toque las máquinas. En el libro dedico capítulos enteros a las profesiones más amenazadas: periodistas, médicos, abogados, banqueros, contadores, profesores... En los próximos cinco años, la revolución tecnológica va a transformar todos nuestros trabajos.

-Ya se habla incluso de una "clase inútil", conformada por todos los que hoy son manufactureros, cuyos trabajos probablemente desaparecerán.

-No hablaría de una clase inútil, pero creo que va a haber una clase desplazada por la tecnología. Por eso, varios países están analizando la creación de un ingreso básico universal, y Bill Gates ha propuesto un impuesto a los robots para subsidiar a quienes pierdan el empleo. Yo me inclino por una tercera variante: pagarles por ofrecer servicios sociales, como cuidar a ancianos, enseñar a los niños o entretener a enfermos. Esas son tareas tan dignas, o más, que muchos de los trabajos actuales, y deberían ser estimuladas por los gobiernos y recompensadas.

-Así como ha habido en la historia resistencia a la industrialización y a la globalización, ¿podrían surgir movimientos "antirrobotización"?

-Sí. Creo que en la próxima década veremos un movimiento antiautomatización. Ya lo estamos viendo en Estados Unidos. Después de conocerse nuevos estudios sobre las tácticas de algunas empresas para crear adicción a los celulares y a las redes sociales, hay una mirada cada vez más crítica hacia las nuevas tecnologías. Y será peor cuando crezca el desempleo.

-Lo increíble es que algunos sostienen que un mundo sin trabajo no es necesariamente algo malo.

-Precisamente empecé el libro yendo a la Universidad de Oxford, en Gran Bretaña, donde entrevisté al futurólogo Nick Bostrom, que es filósofo y experto en inteligencia artificial. Cuando le pregunté si no lo asusta la ola de desempleo tecnológico que se viene, me dijo: "No, al contrario, un mundo de desempleados sería maravilloso". Y me recordó que en siglos pasados los aristócratas veían el trabajo como una cosa de plebeyos. Los aristócratas se dedicaban a escuchar música y leer poesía. La idea de que el trabajo es lo que da sentido a nuestras vidas, dice Bostrom, cobró impulso después de la Revolución Industrial, pero no siempre fue así.

-¿Estás de acuerdo con eso?

-No, pero creo que debemos ampliar el concepto actual del trabajo.

-Vos vinculás esta amenaza al mundo del empleo con el renacer de partidos nacionalistas, proteccionistas. ¿El triunfo de Trump es un producto de ese miedo?

-Totalmente. Trump es un demagogo populista como muchos de los que conocemos en América Latina, con la única diferencia de que es de ultraderecha. Todos los demagogos populistas necesitan un enemigo para justificar su autoritarismo, y Trump se las agarra con los inmigrantes mexicanos, cosa que le encanta a su base electoral. Pero el hecho real es que la inmigración ilegal a los Estados Unidos ha caído en los últimos diez años. Lo que está amenazando el empleo no son los inmigrantes, sino los robots y la automatización.

-En el libro contás el caso de un venezolano que ha congelado cerebros de personas que murieron con la convicción de que en 30 años se habrá descubierto la forma de revivirlos. Hasta hace poco, eso y muchas otras cosas, como máquinas que piensen por sí solas, nos hubiesen sonado como locuras.

-Cité ese caso con cierto escepticismo de que yo pueda llegar a verlo en vida. Pero en cuanto a las máquinas que piensan por sí solas, ya han cambiado mi trabajo. Por ejemplo, ya no transcribo mis entrevistas: me lo hace un algoritmo en cinco minutos.

-También citás a Peter Diamandis, que dice que, gracias a la tecnología, el costo de vida se va reduciendo a pasos agigantados y pronto llegará casi a cero. ¿Cuánto sustento tienen profecías como esa?

-En los años 70, solo los ricos podían tener una cámara de video, cámara de fotos, teléfono portátil, equipo de música, reloj, enciclopedia. Diamandis calcula que todo eso costaba unos 900.000 dólares de hoy. Y hoy tenemos todo eso gratis en nuestro celular. La tecnología va reduciendo el costo de vida.

-¿Cuáles serán los trabajos del futuro?

-Entre muchos otros, estarán los del área de la salud, desde psicólogos hasta preparadores físicos. Pero también habrá un gran futuro para los técnicos cuidadores de robots y otros del campo de la tecnología, analistas de datos? Y deportistas, artistas, músicos y creadores de todo tipo, aunque estas últimas profesiones van a cambiar radicalmente. Los artistas se convertirán en pequeños empresarios, porque van a desaparecer muchas de las compañías que hoy producen y distribuyen este tipo de trabajos. El desafío que presenta el futuro es prepararnos para el cambio.

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