En
la entrada de ayer, Carles Ramió nos
llevaba a reflexionar sobre el comportamiento colectivo y citaba al experto Amalio Rey y su libro El Libro de la Inteligencia Colectiva
¿Qué ocurre cuando hacemos cosas juntos?, Ed. Almuzara, 2022; aquí
reproducimos un artículo de su blog: Blog de Inteligencia
Colectiva, que nos permite familiarizarnos con los conceptos vertidos.
Leemos
en el artículo
Memoria
transactiva y cerebro colectivo
Cuanto más grandes
son los grupos, más falta hace ponerse de acuerdo para la gestión de su
«cerebro colectivo», pero incluso muchas parejas, que es la unidad mínima del
grupo, lo hacen cuando se dividen el trabajo de memorizar datos y desarrollar
habilidades que después mutualizan.
Los
miembros de las empresas, las instituciones públicas, los equipos deportivos e
incluso las parejas intercambian y gestionan, todos los días, grandes
cantidades de conocimiento. Y lo hacen consciente o inconscientemente porque el
solo hecho de llevar a cabo actividades en común de manera regular —que brindan
oportunidades de aprendizaje— les obliga a practicar algún tipo de gestión
colectiva de ese conocimiento.
En
muchos grupos, sin embargo, ese saber está desperdigado, es difuso, así que
cuesta más identificarlo y combinarlo. Podríamos decir que sus «cerebros
colectivos» están desorganizados porque el conocimiento aparece demasiado
disperso entre las personas y es difícil para el colectivo acceder a él de
modo efectivo. Cuando esto ocurre, se saca poco provecho de la inteligencia
colectiva y el potencial de las sinergias se debilita. Puede hacer falta crear
contenedores, una especie de «discos duros externos», en los que almacenar,
remezclar y compartir ese conocimiento de forma ágil, además de explicitar unas
estrategias de coordinación para alimentar y enriquecer esa fuente de
inteligencia expandida.
Una
dimensión fundamental del aprendizaje -y a menudo muy subestimado- es la
memoria.
Aprender implica fijar cosas en la memoria, y esta también puede ser colectiva.
Cuanto más grandes son los grupos, más falta hace ponerse de acuerdo para la
gestión de su «cerebro colectivo», pero incluso una pareja, que es la unidad
mínima del grupo, puede beneficiarse de adoptar formas explícitas y organizadas
de acceder a su saber común. De hecho, muchas parejas lo hacen cuando se
dividen el trabajo de memorizar datos y desarrollar habilidades que después
mutualizan.
Eso
es lo que consigue la llamada «memoria transactiva», un concepto
enunciado por el profesor de Harvard Daniel Wegner según el cual las personas
delegan la labor de recordar cierto tipo de información en «memorias externas»,
por ejemplo, en otras personas (¡o en Google!). Esta teoría explica cómo
los grupos se dividen y coordinan el trabajo de recordar, teniendo en cuenta
que, como afirma Wegner, «entre todos recordamos más los detalles y lo
que necesitamos saber que cualquiera por separado».
Ese
almacén compartido de conocimientos permite administrar mejor la energía
conjunta para que las memorias individuales se complementen entre sí repartiéndose
el trabajo de especializarse en lo que cada una hace mejor . De esa manera
cada cual sabe a quién dirigirse si demanda un conocimiento específico que se
ha delegado en otros. También, como he dicho, creando repositorios comunes o
«metamemorias» donde alojar ese saber para que se pueda acceder a él sin
necesidad de preguntar a nadie.
En
un curioso experimento realizado por investigadores norteamericanos se
investigó el desempeño de grupos de trabajo en la tarea de ensamblar
transistores. Los participantes recibieron un entrenamiento previo que se
organizó de dos formas: unos se formaron en solitario y otros en grupos de tres
personas. Una semana después, se les pidió que recordaran el procedimiento y
ensamblaran una radio. Los sujetos que se habían entrenado en grupo trabajaron
con los mismos compañeros, mientras que los que lo hicieron individualmente se
juntaron entre sí para formar grupos nuevos. Los resultados del experimento
indicaron que los primeros grupos recordaban mejor el procedimiento de montaje
y construyeron radios de mejor calidad que los segundos. Gracias a las grabaciones
del trabajo de los equipos se pudo comprobar que la capacitación grupal había
mejorado el desempeño sobre todo porque permitió que se aprovechara el efecto
de memoria transactiva: al aprender juntos, los miembros de esos grupos se
repartieron el trabajo de recordar los detalles y eso hizo que
colectivamente lograran un mejor desempeño.
Volviendo
a las parejas, puede ocurrir por ejemplo que —con arreglo a lo que mejor sabe
hacer cada uno— el marido confíe a su esposa la memorización del número de la
cuenta bancaria o de los teléfonos de amigos, mientras que ella delegue en él
el recuerdo de las fechas de las citas médicas o las prescripciones de los
medicamentos. Así no tienen que ocupar sus memorias con información duplicada.
Esto ocurre tan a menudo que, de hecho, uno de los efectos incómodos, incluso
traumáticos, de las separaciones de parejas que han convivido mucho tiempo
juntas es la pérdida de esa «memoria complementaria». Lo que explica que muchas
personas viudas o divorciadas reconozcan sufrir trastornos cognitivos después
haber perdido a su pareja o terminado una larga relación: les falta ese
disco externo de memoria que se han acostumbrado a usar, aun de forma
inconsciente, por muchos años, y lo viven como si se tratara de la pérdida de
una parte de la memoria propia.
Este
análisis se puede extender perfectamente a grupos más grandes en los que se da
un reparto de tareas cognitivas para optimizar colectivamente el aprendizaje y
la memoria. Pensemos, por ejemplo, en qué pasa cuando un profesional clave
abandona una organización sin haber documentado previamente su conocimiento
para que las personas que se quedan puedan seguir usándolo. El efecto de
pérdida, de vacío, es similar al que se siente con la separación de las
parejas. Por eso, me contaba Albert Cañigueral, en Ouishare se
insiste tanto en que se documente todo lo que se aprende y que esos
aprendizajes se compartan y estén asequibles de forma fácil para el conjunto de
la organización. Esto es algo que se debería hacer en todas las organizaciones
pero que, como sabemos, no es así.
(Texto extraído de mi futuro libro de inteligencia colectiva)
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