martes, 7 de enero de 2020

Huellas: Nick Hanauer, El oscuro secreto del capitalismo


Ayer presentamos un video de Nick Hanauer, donde nos presentaba el nuevo desafío de la economía capitalista. Hoy presentamos un nuevo video, que presentara en TEDxTalks, en julio de 2019.

Leemos en el resumen que se adjunta al video:

La creciente desigualdad y la creciente inestabilidad política son el resultado directo de décadas de mala teoría económica, dice el empresario Nick Hanauer. En una charla visionaria, desmantela el mantra de que "la codicia es buena", una idea que describe no solo como moralmente corrosiva, sino también como científicamente errónea, y presenta una nueva teoría de la economía impulsada por la reciprocidad y la cooperación.

El mismo empresario, nos indica:


"No es el capital el que genera crecimiento económico, sin la gente; y no es el interés propio el que promueve el bienestar público, sino la reciprocidad; y no es la competencia la que genera prosperidad, sin la cooperación."


Frases


lunes, 6 de enero de 2020

Huellas: Nick Hanauer, un nuevo capitalismo es necesario.

Presentamos un nuevo video de TED, una disertación Nick Hanauer, el primer inversor en Amazon, un empresario millonario que se plantea los problemas que la economía actual capitalista presenta al desarrollo de las naciones, y en particular a su país de origen, los Estados Unidos. En el video plantea la necesidad de desarrollar un nuevo capitalismo, más eficiente, más inclusivo y más igualitario para la mayoría de la humanidad.

Nick Hanauer (1959), nació en New York, egresado de la universidad de Washington, ha fundado, cofundado, administrado o financiado más de 30 compañías, y fue el primer inversor no familiar en Amazon, y fundó aQuantive que luego vendió a Microsoft por 6.400 millones de dólares, su fortuna ha crecido en miles de millones de dólares. (https://nickhanauer.com/)

Este es un video publicado en el año 2014: Nick Hanauer: Cuidado compañeros plutócratas, vienen las horcas.




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Telxínoe: Adolfo Bioy Casares V

El siguiente es un cuento de Adolfo Bioy Casares: “Margarita o el poder de la farmacopea” está incluido en Una muñeca rusa, Tusquets, 2013

Margarita o el poder de la farmacopea

No recuerdo por qué mi hijo me reprochó en cierta ocasión:

-A vos todo te sale bien.

El muchacho vivía en casa, con su mujer y cuatro niños, el mayor de once años, la menor, Margarita, de dos. Porque las palabras aquellas traslucían resentimiento, quedé preocupado. De vez en cuando conversaba del asunto con mi nuera. Le decía:

–No me negarás que en todo triunfo hay algo repelente.

–El triunfo es el resultado natural de un trabajo bien hecho –contestaba.

–Siempre lleva mezclada alguna vanidad, alguna vulgaridad.

–No el triunfo –me interrumpía– sino el deseo de triunfar. Condenar el triunfo me parece un exceso de romanticismo, conveniente sin duda para los chambones.

A pesar de su inteligencia, mi nuera no lograba convencerme. En busca de culpas examiné retrospectivamente mi vida, que ha transcurrido entre libros de química y en un laboratorio de productos farmacéuticos. Mis triunfos, si los hubo, son quizá auténticos, pero no espectaculares. En lo que podría llamarse mi carrera de honores, he llegado a jefe de laboratorio. Tengo casa propia y un buen pasar. Es verdad que algunas fórmulas mías originaron bálsamos, pomadas y tinturas que exhiben los anaqueles de todas las farmacias de nuestro vasto país y que según afirman por ahí alivian a no pocos enfermos. Yo me he permitido dudar, porque la relación entre el específico y la enfermedad me parece bastante misteriosa. Sin embargo, cuando entreví la fórmula de mi tónico Hierro Plus, tuve la ansiedad y la certeza del triunfo y empecé a botaratear jactanciosamente, a decir que en farmacopea y en medicina, óiganme bien, como lo atestiguan las páginas de “Caras y Caretas”, la gente consumía infinidad de tónicos y reconstituyentes, hasta que un día llegaron las vitaminas y barrieron con ellos, como si fueran embelecos. El resultado está a la vista. Se desacreditaron las vitaminas, lo que era inevitable, y en vano recurre el mundo hoy a la farmacia para mitigar su debilidad y su cansancio.

Cuesta creerlo, pero mi nuera se preocupaba por la inapetencia de su hija menor. En efecto, la pobre Margarita, de pelo dorado y ojos azules, lánguida, pálida, juiciosa, parecía una estampa del siglo XIX, la típica niña que según una tradición o superstición está destinada a reunirse muy temprano con los ángeles.

Mi nunca negada habilidad de cocinero de remedios, acuciada por el ansia de ver restablecida a la nieta, funcionó rápidamente e inventé el tónico ya mencionado. Su eficacia es prodigiosa. Cuatro cucharadas diarias bastaron para transformar, en pocas semanas, a Margarita, que ahora reboza de buen color, ha crecido, se ha ensanchado y manifiesta una voracidad satisfactoria, casi diría inquietante. Con determinación y firmeza busca la comida y, si alguien se la niega, arremete con enojo. Hoy por la mañana, a la hora del desayuno, en el comedor de diario, me esperaba un espectáculo que no olvidaré así nomás. En el centro de la mesa estaba sentada la niña, con una medialuna en cada mano. Creí notar en sus mejillas de muñeca rubia una coloración demasiado roja. Estaba embadurnada de dulce y de sangre. Los restos de la familia reposaban unos contra otros con las cabezas juntas, en un rincón del cuarto. Mi hijo, todavía con vida, encontró fuerzas para pronunciar sus últimas palabras.

–Margarita no tiene la culpa.

Las dijo en ese tono de reproche que habitualmente empleaba conmigo.




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