Carlos Alonso nació el 4 de febrero de 1929 en Tunuyán (Mendoza) y manifestó su vocación artística a edad temprana. “Según mi madre, ya dibujaba antes de aprender a leer y a escribir”, recordó alguna vez. Esa inclinación terminó de consolidarse durante la adolescencia y a los 14 años ingresó a la Academia Nacional de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo; allí se formó con destacados maestros como Sergio Sergi, Francisco Bernareggi, Lorenzo Domínguez y Ramón Gómez Cornet.
En 1950 se mudó a Tucumán para incorporarse al grupo de Lino Enea Spilimbergo, con quien mantuvo un vínculo que comenzó como maestro y discípulo en la Universidad Nacional de Tucumán y, con los años, trascendió a una amistad que los cruzó en distintas etapas de sus vidas, tanto en el país como en el exterior.
En 1950 se mudó a Tucumán para incorporarse al grupo de Lino Enea Spilimbergo, con quien mantuvo un vínculo que comenzó como maestro y discípulo en la Universidad Nacional de Tucumán y, con los años, trascendió a una amistad que los cruzó en distintas etapas de sus vidas, tanto en el país como en el exterior.
Su obra se caracterizó por su compromiso social, su pintura tuvo un fuerte carácter expresionista y reflejó la realidad política, el dolor humano y la historia del país. Fue un gran ilustrador, de más de 30 libros clásicos de la literatura universal y argentina, entre ellos Don Quijote de la Mancha, La Divina Comedia y El matadero.
Recibió importantes reconocimientos a lo largo de su vida, como el Premio Konex de Platino y el Premio Nacional a la Trayectoria Artística.
Recibió importantes reconocimientos a lo largo de su vida, como el Premio Konex de Platino y el Premio Nacional a la Trayectoria Artística.















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