Leyendo, hace un tiempo, la
novela La Formula de Dios, del
escritor portugués José Rodrigues Dos Santos, me encontré con una amena
definición del término entropía, tan utilizado en la teoría de la administración,
especialmente cuando se describe a la organización como un sistema abierto -entropía negativa o negantropía- que
fue desarrollado en una entrada anterior (Las organizaciones como sistemas).
(…) "El profesor cogió un rotulador
negro y escribió una ecuación en el encerado.
D S universo > 0
- ¿Quién sabe qué es esto?
Los alumnos miraron la pizarra.
- ¿Ésa no es la segunda ley de la
termodinámica? – preguntó uno de ellos un chico delgado con gafas y despeinado,
habitualmente uno de los más brillantes alumnos de la carrera.
- Exacto –exclamó Luis Rocha-.
La segunda ley de la termodinámica. –Señaló cada uno de los elementos de la
ecuación escrita en la pizarra-. El triángulo (D) significa variación, la “S”
quiere decir entropía, el signo siguiente representa, como saben, el concepto
mayor, y “0” es cero. En definitiva, lo que esta ecuación nos plantea es que la
variación de la entropía del universo es siempre mayor que cero. –Golpeo la
pizarra con la punta del rotulador-. La segunda ley de la termodinámica. -Señalo
al alumno que había hablado antes-. ¿Quién la formuló?
-
Clausius, profesor. En 1861, si no me equivoco.
- Rudolf Julios Emmanuel Clausius –preciso
el profesor claramente sumergido en la materia-. Clausius ya había formulado la
ley de la conversión de la energía, afirmando que la energía del universo es
una constante eterna, nunca puede ser creada ni destruida, sólo transformada.
Después decidió proponer el concepto de entropía, que abarca tosas las formas
de energía y la temperatura, creyendo que ella también sería una constante
eterna, la energía tendría que ser eterna y la entropía, también. Pero cuando
comenzó a hacer mediciones, descubrió, sorprendido, que las fugas de calor de
una máquina excedían siempre la transformación del calor en trabajo, provocando
ineficiencias. Negándose a aceptar ese resultado, se puso a medir también la
naturaleza, incluido el ser humano, y concluyó que el fenómeno persistió en
todas partes. Después de mucho indagar, tuvo que rendirse ante la evidencia. La
entropía no era una constante, sino que estaba siempre aumentando. Siempre.
Nació así la segunda ley de la termodinámica. Clausius comprobó la existencia
de esta ley en el comportamiento térmico, pero el concepto de entropía
rápidamente se generalizó en todos los fenómenos naturales. Se dio cuenta de que
la entropía existía en todo el universo. –Miró a los alumnos-. ¿Cuál es la
consecuencia de este descubrimiento?
- Las cosas envejecen –dijo el
estudiante de gafas.
- Las cosas envejecen –confirmó el
profesor-. La segunda ley de la termodinámica vino a probar tres cosas -Alzó
tres dedos-. La primera es que, si las cosas envejecen, habría entonces un
punto en el tiempo en que van a morir. Eso ocurrirá cuando la entropía alcance
su punto máximo, en el momento en que la temperatura se esparza uniformemente
por el universo. –Dos dedos-. La segunda es que existe una flecha de tiempo. O
sea, que el universo puede estar determinado y ya existir toda su historia,
pero su evolución es siempre del pasado hacia el futuro. –Un dedo-. La tercera
cosa que vino a probar la segunda ley de la termodinámica es que, si todo está
envejeciendo, habrá habido un momento en que todo era joven. Más aún; hubo un
momento en que la entropía era mínima. El momento del nacimiento. –Hizo una
pausa dramática-. Clausius demostró que hubo un nacimiento del universo." (…)
Párrafos extraídos de la novela La Formula de Dios, José Rodrigues de Dos Santos, Roca Editorial, 2008 (pags. 275 - 276).
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