En los años 80 y 90 participó activamente del “under” porteño, frecuentando los lugares donde, en el arte y la noche, se reinventaba la vida post-dictadura. Pintó en aquella época retratos desnudos de amigos y amigas: actrices, bailarines, personajes de la escena alternativa de Buenos Aires que se refugiaban de una sociedad todavía cargada de prejuicios. En conjunto, sus series “Familia” (1988-1991) y “Desnudos” (1992-2001) generan un retrato de época, a la vez que dan cuenta de la íntima relación con cada una de las personas que posan para la obra. En años recientes, se ha dedicado también a pintar grandes telas de composiciones muy elaboradas, retratos nocturnos de personas en situación de calle que aparentan un crudo realismo. Se trata, sin embargo, de composiciones imaginarias: las esquinas porteñas que creemos reconocer son en realidad lugares ficticios construidos con sistemas de perspectivas imposibles.
Salvaje y sofisticada, su pintura está repleta del vigor de la pincelada diestra y convencida, el manejo certero de la atmósfera de cada imagen y la complejidad de composición de una maestra del género. Yuyo Noé escribió que “pinta sin temores, como riéndose un poco de sí misma, como si simplemente estuviese hablando a través de la pintura de su mundo-entorno con acidez y ternura al mismo tiempo”.
En 2021 obtuvo el Primer Premio Pintura del Salón Nacional de Artes Visuales.










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