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viernes, 29 de noviembre de 2024
jueves, 28 de noviembre de 2024
CEOs y Gerentes: Eduardo Goldfart de Valmitran
Hoy presentamos a Eduardo Goldfart, fundador de Valmitran, en un reportaje publicado en el diario La Nación, leemos en el artículo:
Se fundió y resurgió: la curiosa historia del emprendedor que le puso a su empresa un nombre que llama la atención de todos
Desde Misiones, el productor Eduardo Goldfart vende té a más de 30 países; un caso de reconversión y el por qué de Valmitran
POSADAS-. El empresario productor y exportador de té, Eduardo Goldfart, parece haber encontrado la armonía. Algo denota su mirada y su hablar pausado, sin prisas, como si el tiempo no fuera importante para él.
Goldfart es un empresario de Misiones que vende su producto a más de 20 países. Con sus socios, también porteños, tiene una planta productora de té en la localidad de 2 de Mayo y desde hace más de dos décadas va y viene entre la Capital Federal y la tierra colorada.
Su empresa se llama Valmitran y es la quinta firma exportadora de té -por volumen-, del mercado argentino, ubicada detrás de las “Big Four” o las cuatro grandes que dominan el mercado tealero desde hace mucho tiempo. Estas son las firmas misioneras Don Basilio, El Vasco, Urrutia y Casa Fuentes, controlada por la multinacional inglesa Finlays. Todas ubicadas en la zona centro de esta provincia.
Solo los íntimos saben el significado de ese extraño nombre, que encierra una historia complicada pero con final feliz y, sobre todo, con una enseñanza de vida de esas que quedan grabadas a fuego. Valmitran es el acrónimo de “Vale mi tranquilidad”.
El nombre surgió luego de que Goldfart se fundiera con sus anteriores socios en el 2008 y atravesara una etapa difícil hasta encontrar un ladero adecuado para resurgir: un profesional, amante del arte, con buen poder adquisitivo como para invertir y confiar en el “know-how” de Goldfart.
Se trata del abogado Hugo Romero, quien tiene un cuadro en su despacho de Milo Lockett que se llama “Cuánto Vale Mi Tranquilidad”. Apenas lo vio, Goldfart supo que ese tenía que ser no solo el nombre de su nueva empresa, sino también su nueva filosofía en los negocios y la vida.
“A mi me gusta mucho hablar con la gente, tenemos 40 empleados, saber lo que les pasa, no todo tiene que ver con el dinero”, explica.
Se fundió y resurgió
“Yo antes tenía una empresa tealera mucho más grande, pero un socio infiel nos dejó en la ruina. Saldé todas las deudas”, cuenta Goldfart en el Centro del Conocimiento de Posadas.
“En las familias judías es muy importante el estudio universitario, están los comerciantes, pero también los profesionales. Tras un inicio fallido en abogacía en la UBA, estudié comercio internacional en la UADE”, rememora este hombre, que tiene un hijo y una hija economistas recibidos en la Universidad Torcuato Di Tella y con posgrados locales y en el exterior.
Corría 1974 cuando Héctor Cámpora le había dejado el gobierno a Juan Domingo Perón y Goldfart empezó a buscar trabajo en bancos dedicados al comercio exterior. Le surgieron dos propuestas, una del Banco Nación y otra del también estatal Banco de Misiones y no dudó. “En un lugar chico se aprende más”, afirma.
Hasta él llegaban en los años 70, los empresarios y cooperativistas yerbateros, tealeros, tabacaleros que querían exportar. Era la época del télex y las comunicaciones telefónicas internacionales carísimas. “Todos necesitaban información sobre la operatoria para exportar”, recuerda. Goldfart terminó metiéndose en el mundo del té y dejó atrás su etapa de bancario.
Misiones es una potencia productora de té, explica el 95% de la producción argentina, el restante 5% es de la vecina Corrientes. Los Estados Unidos tienen al té como su bebida principal y a nadie le compran tanto como a la Argentina. Más de la mitad de las compras norteamericanas de la infusión son de la Argentina, que supera en ese mercado incluso a China.
En Misiones, hay unos 5000 pequeños productores de té, según datos oficiales, aunque muchos están inactivos por los bajos precios del cultivo. Hay seis cooperativas y 60 empresas, donde tallan fuerte las “Big Four”, seguidas de un segundo pelotón de media docena de pymes.
“Nosotros trabajamos con unos 100 productores de té”, señala Goldfart, que cuando viene a Misiones, con estadías más prolongadas en épocas de cosecha (octubre-mayo), vive en un departamento en la localidad de San Vicente. Junto a su mujer, bioquímica y escultora, también dedican parte de su tiempo al trabajo social en una zona rural con mucha pobreza.
Cigarrillos de lechuga
En los años 80, Goldfart empezó su periplo empresario asesorando a algunos emprendimientos de distintos rubros, pero siempre vinculados a Misiones. Se asoció con un empresario que hacía cigarros de lechuga. “Eran malos”, recuerda.
“Después vi la veta en las exportaciones del té, primero fui asesor, empecé a vender té al exterior, luego fui broker exportador y con un colega compramos una fábrica en el año 1996 que estaba en Campo Viera”, relata. Campo Viera es el epicentro tealero de la Argentina.
En el 2001 y 2002, compraron la firma Walter Hermanos que se había fundido con la crisis y asociaron al dueño. No pararon de crecer y exportar. Todo eso tuvo un final accidentado cuando un socio nuevo entró y empezó a manejar los números y terminó “haciendo un vaciamiento”.
Diversificados
Hoy con Valmitran, Goldfart y su socio buscan ir de a poco, no precipitarse y dar pasos sobre seguro. “Estamos muy diversificados en mercados”, explica Goldfart y enumera a los principales destinos del té Valmitran: Estados Unidos, Holanda, Alemania, Inglaterra, Rusia, Ucrania, Bielorrusia, República Checa, Indonesia, India eventualmente, China, Polonia, que es un mercado importante, Bolivia y Uruguay.
“En algunos no tenemos una alta participación y regularidad pero estamos siempre agregando algún mercado, como ahora Perú”, señala.
El té de Goldfart y de casi todos los grandes exportadores se envía a granel. En el caso de Valmitran, lo despacha en bolsas de papel (40 a 65 kilos), con interior de aluminio que antes traían de Sri Lanka y ahora las compran en la localidad de Alem, a 40 kilómetros de donde está la planta. “Nos salen un poco más caras comprarlas en Alem”, apunta Goldfart.
La localidad de Alem tiene empresas productoras de envase muy competitivas, que crecieron con la expansión de las marcas de yerba mate que despachan más de un millón de paquetes por día a los hogares argentinos.
Sin embargo, a Goldfart le sale más barato traer una bolsa para envasar su producto de un lugar a más de 15.000 kilómetros que debe llegar tras un largo viaje en barco y camión, que adquirirlo de la localidad vecina, altamente especializada en el rubro envases. Una metáfora de una Argentina donde, sin dudas, cada vez más lo que cotiza en oro es la tranquilidad. “Estamos muy caros en dólares y eso está perjudicando mucho al té”, dice, sobre la actual coyuntura económica y el cierre de este 2024.
Trabajo social
Pero, además de los números, Goldfart se volcó fuerte al trabajo social y a buscar la forma de ayudar a las comunidades donde opera, en especial San Vicente y 2 de Mayo, donde tiene radicada la industria. Hace tiempo reúne colaboraciones de dos colegios ingleses de Quilmes y también de la organización WIZO. Tiene una librería en San Vicente y otra en 2 de Mayo, donde apadrina la escuela hospitalaria, donde se le enseña a chicos en situación de internación. Hace poco concretó la formación de la Fundación Valmitrán, a través de la cual está canalizando las ayudas.
También promovió la creación de una obra de arte inspirada en la Cruz de Santa Ana, para el cual contrató al artista Carlos Guinzburg que le entregó en mano esa obra de arte al Papa Francisco en octubre pasado.
En septiembre Goldfart fue distinguido con el Premio a la Sustentabilidad en la Tea Conference que se realizó en Queen´s Landing (localidad cercana a Toronto), que organizan importadores de EE.UU. y Canadá cada año para reunirse con sus proveedores de todo el mundo.
“Estamos muy contentos y nos da motivación para seguir trabajando”, dijo Goldfart a LA NACION. El empresario quiere seguir creciendo, pero ya tiene bien claro que no lo va a hacer a costa de su salud. El nombre de su empresa se lo recuerda cada día: Vale Mi Tranquilidad.
miércoles, 27 de noviembre de 2024
martes, 26 de noviembre de 2024
Huellas: Es posible automatizar la enseñanza - artículo
Este artículo fue publicado en el portal Infobae, del que fuera Ministro de Educación de la Ciudad de Buenos Aires (2007-2009), Mariano Narodowski, miembro académico del Consejo Nacional de la Calidad de la Educación de la Argentina, y que nos permite analizar las inquietudes que tenemos sobre la irrupción de la inteligencia artificial generativa en la docencia. Leemos en el mismo:
Es posible automatizar la enseñanza
Mientras el mundo cambia a pasos agigantados, grandes preguntas sobre la función docente y la estructura escolar en tiempos de inteligencia artificial aún esperan respuestas
En una entrevista viralizada, Mario Pergolini afirmó que en un futuro cercano la inteligencia artificial generativa (IAG) reemplazará a los docentes en muchas de sus actividades actuales. Como era de esperar, fue durísima la reacción de muchos expertos educativos, acusándolo de no entender la especificidad de la educación y la necesidad de un vínculo humano en la transmisión de conocimientos. Pero los reproches eluden una respuesta honesta y rigurosa a una pregunta incómoda: ¿Es posible automatizar la enseñanza?
La simplificación y optimización del trabajo —desde el martillo y el arado hasta la plancha, o un brazo robótico industrial— muestran que las tecnologías permiten mejores resultados con menor gasto de energía humana. Esta automatización se acelera porque el capitalismo ya no vive de la escasez sino de la abundancia y las máquinas producen bienes, pero también otras máquinas que producen máquinas que producen máquinas: somos testigos del desenfreno maquínico.
La enseñanza también se automatizó y las escuelas son el ejemplo. Hasta el siglo XVII, la enseñanza era de un maestro a un alumno o a un grupo pequeño. Desde entonces, ese “uno a uno” se optimiza por medio de la sala de clase donde un solo docente le enseña los mismos conocimientos con el mismo grado de dificultad a un grupo grande de alumnos de la misma edad, lo que se amplifica con la conformación de grandes sistemas educativos. La nueva “tecnología escolar” permite enseñar “uno a muchos” y luego “muchos a muchísimos”, con métodos estandarizados y no personalizados que antes no existían.
Varios se opusieron a la nueva tecnología. John Locke, por ejemplo, señaló que en la escuela los niños aprenden más de sus compañeros que de sus maestros y que allí se adquieren tonterías. Pero ninguna queja detuvo la optimización de la enseñanza mediante escuelas.
Durante el siglo XX, la automatización de la enseñanza fue un objetivo central en los Estados Unidos y la Unión Soviética, que protagonizaron una suerte de “carrera espacial” pero con máquinas de enseñar que iban desde rudimentarias adaptaciones de máquinas de escribir hasta dispositivos complejos que se vendían en tiendas o que el gobierno distribuía en escuelas, creando el concepto de “tecnología educativa”.
Con computadoras personales e Internet, la automatización de la enseñanza se acelera en plataformas adaptativas que ofrecen actividades ajustadas a la dificultad del alumno, enseñanza en plataformas de acceso libre y gratuito donde podemos aprender a arreglar un calefón o entender a Hegel, enseñanza online a alumnos ubicados en cualquier lugar del mundo, bots y tutores virtuales que acompañan el aprendizaje, etc.
¿Por qué la enseñanza sería una excepción en los procesos de automatización del trabajo humano? El filósofo George Caffentzis muestra que este excepcionalismo es apenas una defensa de los trabajadores intelectuales que argumentan que lo suyo es algo especial. Lo mismo pensaban los maestros “uno a uno” del siglo XVII…
El punto que propone Pergolini es que la IAG comienza a resolver problemas concretos de automatización de la enseñanza. A eso agregaría que los nuevos modelos son muy intuitivos, no hace falta saber programar y son de acceso libre o bajo costo.
Sin embargo, hasta ahora la IAG no ha generado una tecnología específica de la enseñanza que modifique a las escuelas, solo productos que complementan pero no reemplazan. Es altamente probable que en poco tiempo una nueva tecnología basada en IAG va a emerger como surgieron los smartphones: efecto de la ciencia y del mercado y no de políticas educativas. Con el tiempo la iremos incorporando voluntariamente como lo hicimos con los celulares.
Por supuesto, quedan muchas preguntas aún sin respuesta: ¿Cambiará el trabajo docente asalariado? ¿Cómo serán las escuelas (o como se llamen)? ¿Qué sucederá con las tareas asistenciales y de cuidado de la infancia? ¿Cómo serán los procesos de socialización? ¿Qué impacto tendrá en los procesos cognitivos?
Bloquearnos frente a este debate fascinante por motivos corporativos o morales, o taponarlo frente al vértigo que nos causa ser testigos de esta aceleración exponencial no parece la mejor idea, ni siquiera para los herederos de Locke, quienes se oponen al tsunami como si su voluntad lo pudiera detener. Incluso a ellos, les va a venir bien más realismo y menos idealización. A todos nos va a brindar más capacidad para entender lo que viene; lo que ya llegó.