Hoy presentamos a Diego Cammisa, Presidente de Yamaha Motor Argentina, publicado en Infobae:
Industria de las motos: abastecimiento internacional bajo un modelo de máxima eficiencia
Diego Cammisa, presidente de la filial argentina de una productora japonesa de motos y motores de fuerza, analiza la complejidad de abastecer las líneas productivas en un sector donde el comercio exterior juega un papel clave
La industria automotriz, cuenta Diego, fue pionera en aplicar el concepto de just in time. En ese marco, sostiene que “la industria en Argentina tiene el enorme desafío de adaptar ese modelo de eficiencia extrema a un entorno muy volátil”.
¿Qué lugar ocupa la logística en la estructura de una compañía vinculada a la industria automotriz y de motores?
Muchas veces se subestima la logística, pero cuando se la entiende en profundidad, se revela como una pieza clave para el funcionamiento de la empresa y la toma de decisiones estratégicas.
Los equipos de logística interactúan con todas las otras áreas de las empresas: compras, producción, calidad, administración y ventas. Esa mirada integral permite conocer los procesos de punta a punta, desde el proveedor hasta el cliente final, y los convierte en un eslabón clave dentro de las organizaciones.
La industria automotriz siempre fue pionera en aplicar el concepto de just in time, con todo lo que eso implica en planificación y eficiencia. Ver funcionar esa maquinaria perfecta es impresionante: piezas que llegan justo a tiempo para ser ensambladas en una línea donde conviven distintos modelos, colores y configuraciones.
Con el paso de los años, la tecnología transformó mucho los procesos. Pasamos de planillas manuales a trabajar con softwares de planificación, inteligencia artificial y vehículos autónomos para el abastecimiento de línea. Eso no solo mejoró la eficiencia y la calidad, sino que también elevó los estándares de seguridad, sobre todo en áreas críticas como estampado, soldadura y pintura, donde la automatización fue clave.
¿Qué particularidades tiene aplicar el just in time en un contexto como el argentino?
La industria en Argentina tiene el enorme desafío de adaptar ese modelo de eficiencia extrema a un entorno muy volátil. Planificás piezas con siete u ocho meses de anticipación y, mientras tanto, tenés que lidiar con restricciones a las importaciones, cambios regulatorios, problemas de pagos al exterior e inflación.
Todo esto te obliga a repensar constantemente la operación para evitar la peor pesadilla: la parada de planta. Porque cuando se frena una línea, el impacto es enorme. A veces evitar estas situaciones implica aumentar stocks, resignar eficiencia o buscar proveedores locales de urgencia, con los riesgos que eso conlleva en costos y calidad. Es una tarea titánica mantener la operación en marcha en este contexto.
¿Cómo influye el comercio exterior en la operación diaria de esta industria?
El comercio exterior es el corazón de la operación. La mayor parte de las piezas provienen del sudeste asiático: China, India, Vietnam, Tailandia y Japón son mercados clave. También trabajamos con Brasil y, en menor medida, con Estados Unidos.
Esa dependencia del abastecimiento internacional obliga a estar siempre atento a los cambios en la logística global. Hoy vemos puertos colapsados, falta de contenedores y costos de flete por las nubes. Todo eso impacta directamente en la planificación y te exige ajustar constantemente las estrategias.
¿Qué aprendizajes te dejó tu experiencia liderando equipos en este sector?
La experiencia te da herramientas y te permite aprender a optimizar algo que es central: las personas. Es indispensable ser empático, saber escuchar, comunicar con claridad y dar autonomía. La clave está en lograr que cada persona se sienta parte y pueda tomar decisiones dentro de su ámbito de responsabilidad.
Me parece fundamental potenciar a los equipos, llevarlos al límite justo para que den lo mejor, pero siempre con el respaldo necesario. Eso genera compromiso y sentido de pertenencia. Y al final del día, el éxito de la operación depende de eso: de que todos entiendan su rol y lo importante que es en el engranaje general.
¿Cómo impacta la transición hacia energías alternativas en la industria de las motos?
La transición energética es un desafío enorme, sobre todo en el segmento de dos ruedas. A diferencia de los autos, donde el tamaño permite baterías más grandes y autonomías mayores, en las motos es más difícil por una cuestión de espacio y peso.
Hoy vemos desarrollos interesantes en eléctricos, pero orientados principalmente al uso urbano y distancias cortas. La gran limitación sigue siendo la autonomía. Por eso, mientras en autos la oferta de eléctricos e híbridos crece rápido, en motos el avance es más lento y enfocado en nichos muy específicos.
¿Qué expectativas tenés para el futuro del sector en la región?
Las expectativas son buenas, sobre todo en el mercado de las motocicletas. A pesar de los vaivenes económicos, la moto se consolida como un medio de movilidad accesible, adaptable a todo el país y a distintos usos: desde el transporte diario hasta el placer.
Estamos viendo un crecimiento sostenido y esperamos que se mantenga. La moto ya no es solo una alternativa, sino una solución real frente a la escasez de transporte público o las distancias. En ese sentido, la logística y la industria de la movilidad seguramente seguirán siendo protagonistas en el desafío de conectar personas, mercados y oportunidades.