jueves, 3 de abril de 2025

CEOs y Gerentes: Diego Cammisa de Yamaha Motor Argentina

Hoy presentamos a Diego Cammisa, Presidente de Yamaha Motor Argentina, publicado en Infobae:

Industria de las motos: abastecimiento internacional bajo un modelo de máxima eficiencia

Diego Cammisa, presidente de la filial argentina de una productora japonesa de motos y motores de fuerza, analiza la complejidad de abastecer las líneas productivas en un sector donde el comercio exterior juega un papel clave

La industria automotriz, cuenta Diego, fue pionera en aplicar el concepto de just in time. En ese marco, sostiene que “la industria en Argentina tiene el enorme desafío de adaptar ese modelo de eficiencia extrema a un entorno muy volátil”.

¿Qué lugar ocupa la logística en la estructura de una compañía vinculada a la industria automotriz y de motores?

Muchas veces se subestima la logística, pero cuando se la entiende en profundidad, se revela como una pieza clave para el funcionamiento de la empresa y la toma de decisiones estratégicas.

Los equipos de logística interactúan con todas las otras áreas de las empresas: compras, producción, calidad, administración y ventas. Esa mirada integral permite conocer los procesos de punta a punta, desde el proveedor hasta el cliente final, y los convierte en un eslabón clave dentro de las organizaciones.

La industria automotriz siempre fue pionera en aplicar el concepto de just in time, con todo lo que eso implica en planificación y eficiencia. Ver funcionar esa maquinaria perfecta es impresionante: piezas que llegan justo a tiempo para ser ensambladas en una línea donde conviven distintos modelos, colores y configuraciones.

Con el paso de los años, la tecnología transformó mucho los procesos. Pasamos de planillas manuales a trabajar con softwares de planificación, inteligencia artificial y vehículos autónomos para el abastecimiento de línea. Eso no solo mejoró la eficiencia y la calidad, sino que también elevó los estándares de seguridad, sobre todo en áreas críticas como estampado, soldadura y pintura, donde la automatización fue clave.

¿Qué particularidades tiene aplicar el just in time en un contexto como el argentino?

La industria en Argentina tiene el enorme desafío de adaptar ese modelo de eficiencia extrema a un entorno muy volátil. Planificás piezas con siete u ocho meses de anticipación y, mientras tanto, tenés que lidiar con restricciones a las importaciones, cambios regulatorios, problemas de pagos al exterior e inflación.

Todo esto te obliga a repensar constantemente la operación para evitar la peor pesadilla: la parada de planta. Porque cuando se frena una línea, el impacto es enorme. A veces evitar estas situaciones implica aumentar stocks, resignar eficiencia o buscar proveedores locales de urgencia, con los riesgos que eso conlleva en costos y calidad. Es una tarea titánica mantener la operación en marcha en este contexto.

¿Cómo influye el comercio exterior en la operación diaria de esta industria?

El comercio exterior es el corazón de la operación. La mayor parte de las piezas provienen del sudeste asiático: China, India, Vietnam, Tailandia y Japón son mercados clave. También trabajamos con Brasil y, en menor medida, con Estados Unidos.

Esa dependencia del abastecimiento internacional obliga a estar siempre atento a los cambios en la logística global. Hoy vemos puertos colapsados, falta de contenedores y costos de flete por las nubes. Todo eso impacta directamente en la planificación y te exige ajustar constantemente las estrategias.

¿Qué aprendizajes te dejó tu experiencia liderando equipos en este sector?

La experiencia te da herramientas y te permite aprender a optimizar algo que es central: las personas. Es indispensable ser empático, saber escuchar, comunicar con claridad y dar autonomía. La clave está en lograr que cada persona se sienta parte y pueda tomar decisiones dentro de su ámbito de responsabilidad.

Me parece fundamental potenciar a los equipos, llevarlos al límite justo para que den lo mejor, pero siempre con el respaldo necesario. Eso genera compromiso y sentido de pertenencia. Y al final del día, el éxito de la operación depende de eso: de que todos entiendan su rol y lo importante que es en el engranaje general.

¿Cómo impacta la transición hacia energías alternativas en la industria de las motos?

La transición energética es un desafío enorme, sobre todo en el segmento de dos ruedas. A diferencia de los autos, donde el tamaño permite baterías más grandes y autonomías mayores, en las motos es más difícil por una cuestión de espacio y peso.

Hoy vemos desarrollos interesantes en eléctricos, pero orientados principalmente al uso urbano y distancias cortas. La gran limitación sigue siendo la autonomía. Por eso, mientras en autos la oferta de eléctricos e híbridos crece rápido, en motos el avance es más lento y enfocado en nichos muy específicos.

¿Qué expectativas tenés para el futuro del sector en la región?

Las expectativas son buenas, sobre todo en el mercado de las motocicletas. A pesar de los vaivenes económicos, la moto se consolida como un medio de movilidad accesible, adaptable a todo el país y a distintos usos: desde el transporte diario hasta el placer.

Estamos viendo un crecimiento sostenido y esperamos que se mantenga. La moto ya no es solo una alternativa, sino una solución real frente a la escasez de transporte público o las distancias. En ese sentido, la logística y la industria de la movilidad seguramente seguirán siendo protagonistas en el desafío de conectar personas, mercados y oportunidades.

 


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martes, 1 de abril de 2025

Huellas: En una década, la inteligencia artificial hará innecesarios a los humanos para la mayoría de las cosas - artículo

Hoy acercamos un artículo publicado en National Geographic, donde Bill Gates diserta sobre la Inteligencia Artificial. Leemos en el artículo:

Bill Gates, cofundador de Microsoft: "En una década, la inteligencia artificial hará innecesarios a los humanos para la mayoría de las cosas"

El magnate y filántropo augura una era de “inteligencia gratuita” que podría redefinir el papel de los seres humanos en el mundo del trabajo, la educación y la medicina.

“Dentro de diez años, la mayoría de las tareas humanas podrán ser realizadas por inteligencia artificial”. Esa fue la afirmación tajante que lanzó Bill Gates durante su paso reciente por el programa de Jimmy Fallon y en una conversación posterior en Harvard con el profesor Arthur Brooks.

Pero detrás de esa frase hay más que una provocación: hay una visión, inquietante y prometedora a partes iguales, de un mundo en transformación radical. Para Gates, la IA no es un simple avance tecnológico, sino el siguiente gran paso de la revolución digital que él mismo ayudó a iniciar. Si en los años 80 puso un ordenador en cada escritorio, hoy vaticina una inteligencia ubicua, invisible y gratuita, dispuesta a infiltrarse en todas las capas de la vida humana

“La inteligencia será completamente libre”, afirmó, anticipando un horizonte donde la escasez de expertos —médicos brillantes, maestros extraordinarios— se verá sustituida por sistemas automatizados capaces de ofrecer diagnósticos y tutorías al alcance de todos.

UNA INTELIGENCIA GRATUITA

La idea de una “inteligencia gratuita” —entendida como el acceso universal a capacidades cognitivas antes reservadas a los más capacitados— suena seductora. Pero Gates no oculta su inquietud: “Es algo muy profundo e incluso un poco aterrador… porque está ocurriendo muy rápido, y no hay un límite superior”, confesó durante su charla en Harvard. 

Esta velocidad, que no espera por nadie, plantea una pregunta que sigue sin respuesta: ¿qué lugar ocupará el ser humano en un mundo dominado por inteligencias artificiales?

EDUCACIÓN Y MEDICINA

En ese futuro inminente, Gates vislumbra una IA que transformará radicalmente dos pilares de la sociedad: la educación y la medicina. Imagina tutores digitales que no solo enseñan, sino que también motivan, detectan puntos débiles y personalizan el aprendizaje en tiempo real. Ya no hablamos de un aula del siglo XX con pizarras digitales, sino de una pedagogía algorítmica que podría hacer desaparecer la figura del maestro tal y como la conocemos.

Pero donde Gates ve un impacto más inmediato —y tal vez más revolucionario— es en la medicina. La IA, afirma, podrá superar a los médicos en diagnósticos complejos al integrar información genética, síntomas, bases de datos clínicas y publicaciones científicas a una velocidad sobrehumana. 

En lugar de reemplazar al doctor, lo multiplicará, llevándolo a zonas remotas, hospitales colapsados o regiones en desarrollo donde la atención sanitaria aún es un privilegio. “La escasez de médicos podría convertirse en un problema del pasado”, sentenció.

¿PROMESA O AMENAZA?

Sin embargo, no todos comparten el optimismo mesurado de Gates. Mustafa Suleyman, CEO de IA en Microsoft y autor del libro The Coming Wave, advierte que estos desarrollos no serán simplemente herramientas para mejorar el trabajo humano, sino sustitutos directos. En su opinión, esta ola tecnológica tendrá un efecto “enormemente desestabilizador” en la fuerza laboral, rediseñando profesiones enteras y provocando una disrupción sin precedentes en casi todas las industrias.

Suleyman no niega el potencial económico de la IA: al contrario, la define como una fuerza que desbloqueará crecimiento y riqueza. Pero, al mismo tiempo, la describe como esencialmente “sustitutiva del trabajo”. En otras palabras, el auge de la inteligencia artificial no sería una evolución del trabajo humano, sino una transición hacia un nuevo modelo productivo donde muchas manos ya no serán necesarias.

Esta tensión entre promesa y amenaza no es nueva. Gates, que dedicó décadas a cerrar la brecha digital, hoy reconoce que el verdadero desafío no es el acceso a la tecnología, sino su uso ético. “A veces, cuando empoderas a los humanos, no siempre se dirige en la dirección correcta”, dijo, recordando cómo las redes sociales y las plataformas digitales han amplificado discursos falsos y polarizados. El problema ya no es tener tecnología, sino qué hacemos con ella.

En ese sentido, el propio Gates se mueve entre el entusiasmo y la cautela. Su visión no es distópica, pero sí muestra cierta alerta. La IA, en su mejor versión, podría democratizar la excelencia —en la educación, la medicina, la ciencia— y corregir desigualdades históricas. Pero, mal empleada, podría reforzar desigualdades, desplazar trabajadores y sembrar confusión en lugar de conocimiento. Como en toda gran revolución, el desenlace dependerá de quién tome el timón.

 


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