jueves, 19 de abril de 2012

La división del trabajo: Descentralización y Delegación

En 1776, Adan Smith publica “La riqueza de las naciones” donde analiza las ventajas económicas que obtendrían los países con la división internacional del trabajo. Este concepto, posteriormente, fue trasladado a las empresas.

Se entiende por División del Trabajo a la fragmentación o descomposición de una actividad productiva en sus tareas más elementales y su reparto entre diferentes personas, según su fuerza física, habilidad y conocimientos. El aumento de la producción que se deriva de la puesta en práctica del principio de la división del trabajo se debe, según Adam Smith, a tres causas principales:

1) aumenta la habilidad y destreza de los trabajadores;

2) ahorra la pérdida de tiempo de pasar de una tarea a otra;   

3) facilita el uso de grandes máquinas que facilitan considerablemente el trabajo y le permiten a un hombre realizar la labor de muchos. 



Como producto de la Revolución Industrial, las organizaciones sustentan la división del trabajo en dos procesos:

Delegación: mecanismo por el cual un miembro transfiere a otro de la organización una o más funciones.

Departamentalización: consiste en agrupar tareas o funciones en conjuntos homogéneos para el cumplimiento de las actividades fundamentales de una empresa (producción, ventas por ejemplo) a fin de alcanzar las metas u objetivos organizacionales.

La departamentalización es un medio para obtener la homogeneidad operativa dentro de una organización, dicho en otras palabras: es el proceso por el cual se busca establecer las modalidades para el agrupamiento de las tareas y funciones de una organización. Las mismas pueden ser:

  • por Funciones
  • por Producto o Servicio
  • por Localización Geográfica
  • por Clientes
  • por Procesos
  • por Proyectos
  • por Tiempo
  • por combinación de distintos tipos

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