martes, 6 de septiembre de 2016

La toma de decisiones bajo presión


Reproduzco a continuación la nota publicada en el diario La Nacion, Acá mando yo: las claves de Horacio Elizondo para decidir (bien) bajo presión, que refiere al tema de la toma de desiciones por parte de los líderes, que puede ser aplicado en una organización.

Leemos en el artículo:

Tomar decisiones representa un desafío. Implica evaluar las consecuencias. Genera miedo al error. Y en muchos casos se terminan convirtiendo en obstáculos insalvables tanto en la vida personal como en la esfera profesional. Horacio Elizondo conoce del tema. Como árbitro estudió y se entrenó para una profesión que le exigió tomar 10.000 decisiones en cada partido de 90 minutos, con las pulsaciones a tope y escrutado por miles de ojos en las tribunas o por televisión. Hoy, alejado de las canchas, aplica sus enseñanzas al mundo corporativo y volcó su experiencia en el libro Partido ganado. Su clave: formarse y atender cada decisión con la máxima intensidad. "Hay que estar preparado y vivir cada momento como si estuvieras viviendo la final del mundo. Si no aprendés a autogestionarte es difícil gestionar a los demás."

Trabajar en equipo, analiza Elizondo, es otra variable clave a la hora de tomar buenas decisiones. Como cada profesional en su trabajo, él no estaba solo: en la cancha, tres asistentes complementaban su mirada, para reducir al mínimo los detalles sin atender. "Siempre hay que tener varios planes", comenta, rememorando una de las decisiones más intensas de su carrera. Fue en 2006 cuando expulsó al francés Zinedine Zidane en la final del Mundial de Alemania, un partido con más de 70.000 espectadores en el Estadio Olímpico de Berlín y 2200 millones de televidentes en todo el mundo. Elizondo nunca vio el cabezazo que el capitán de les bleus y principal estrella de aquel encuentro había aplicado sobre el pecho del italiano Marco Materazzi, pero decidió (y acertó) a instancias del cuarto árbitro, el español Luis Medina Cantalejo, quien lo advirtió sobre ese hecho. Diez años después, el oriundo de Quilmes retoma esa historia para explicar lo que considera el pilar fundamental del trabajo en conjunto: la confianza. "Todos los que fuimos a ese mundial empezamos trabajar desde 2003 juntos en talleres, cursos, mundiales juveniles. Así se armó un equipo de 70 árbitros de muchos países. No le podés pedir a un grupo de personas que trabaje en equipo si no construyeron confianza. Sin eso no se puede hacer nada", asegura.

En el funcionamiento del conjunto y en esa construcción paulatina de confianza también influye el rol del líder. "Está más obligado a escuchar al otro para modificar cosas en él mismo, en el otro y en el equipo. Tiene que involucrarse, con parámetros de trabajo claros y dejar hacer. Uno no es el único dueño de la verdad, y si adopta ese rol, el liderazgo se rompe y el grupo termina trabajando a media máquina o lo mínimo indispensable", cuenta el ex árbitro, y enfatiza en la necesidad de conocer a cada integrante para potenciar su aporte: "Hay quien necesita más espacio, porque si le estás muy encima se siente muy presionado, otro que demanda que le estén más encima. Hay que tener una actitud muy grande de empatía y lograr emocionar para que cada uno se sienta pleno y tenga sentido de pertenencia. Esa es la función del líder".

Las tribunas llenas, la billetera ajustada, el deadline impuesto por el gerente. Las decisiones siempre están marcadas por condicionamientos que siembran dudas y generan temor ante la equivocación. Para Elizondo, ese miedo es inherente al ser humano y no puede extinguirse, pero es posible entrenarse para que esa sensación no sea un freno a la hora de actuar. "Uno siempre piensa, ¿y si lo hago mal? ¿Y si pierdo? El miedo y el coraje se presentan juntos, pero las decisiones tienen que tomarse aun sintiendo miedo, porque nadie nace sabiendo. Es importante saber que te vas a equivocar. Un error puede lastimarte el orgullo, pero si te quedás quieto para no caer en el error no sirve. Aunque duela, equivocarse es vital, porque en cada decisión se aprende", reflexiona el ex referí, quien vivió al límite entre offsides e infracciones que cambiaron los resultados de partidos y campeonatos. "En cada decisión viene la sensación de confianza o desconfianza, pero tenés que hacerla desaparecer, y para eso también se necesita entrenamiento. No hay que perder de vista que enseguida hay que tomar otra decisión", advierte Elizondo.

La sugerida actitud de valentía o ambición muchas veces suele ceder ante las imposiciones o exigencias del entorno, que demanda resultados en lo inmediato. "Uno de los problemas como sociedad es que no pensamos en el largo plazo. Eso es vital que lo entiendan los mandos superiores en cualquier ámbito. Tiene que haber un plan y darle tiempo para aprender, medir y corregir. No se gana de un día para el otro."

En ese recorrido, los momentos auspiciosos y los reveses son moneda corriente. Pensar en el objetivo implica, también, saber manejar las frustraciones y no "tirar el partido" antes de terminar. "Hay que entrenar la capacidad de frustrarse y aprender de eso, y cuanto más rápido lo hagas, mejor. Trabajar en este punto es descubrir las oportunidades que siempre están ahí", advierte Elizondo, cuyo castillo pareció derrumbarse en 2002 cuando no fue seleccionado para participar del Mundial de Corea y Japón. "Podría haberme quedado en víctima o trabajar y esmerarme para que eso me proyectara", recuerda sobre un momento que lo catapultó a su mayor triunfo. Ese logro personal, pese a todo, no estuvo exclusivamente en sus manos. En el Mundial de 2006, si la Argentina de Pékerman y Riquelme vencía Alemania, el anhelo de la final para Elizondo hubiera quedado trunco. "Es cuestión de prepararse, sabiendo que hay muchas cuestiones que pueden surgir. Del lado de uno, la entrega tiene que ser total. Hay que tomar cada decisión con la misma actitud y responsabilidad como si fuera la última o la más importante."

Fuente de inspiración

Partido ganado, el libro que está presentando Horacio Elizondo, se inscribe dentro de una tendencia -que ya dejó de ser nueva- del management de inspirarse en referentes que no vienen del mundo corporativo. Si bien la ciencia y el arte aportan ejemplos exitosos de figuras consagradas que cuentan sus historias con la mira puesta en ayudar a un ejecutivo a la hora de tomar una decisión en su empresa, el deporte es, sin duda, la mayor fuente de generación de gurús "no corporativos". La lista es interminable, de Pep Guardiola a Cachito Vigil, pasando por Carlos Bianchi o Marcelo Bielsa. Lo que seduce a las empresas es que los hombres que vienen del deporte -y en especial los directores técnicos- están acostumbrados a convivir con fuertes presiones y muchos talentos, en un entorno supercompetitivo.



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