viernes, 19 de junio de 2026

Anécdotas Administrativas: Cuando los hooligans casi destruyen una marca centenaria - artículo

Hoy nos acerca una Anécdota Administrativa el artículo publicado en el Linkedin cuya autoría corresponde al periodista español Iván Fernández Amil:

Cuando los hooligans casi destruyen una marca centenaria

A finales del siglo XX, la compañía británica fundada por Thomas Burberry cayó en una profunda crisis de identidad. El motivo es algo que no te esperas: los hooligans...

Resulta que el característico estampado de cuadros de Burberry comenzó a popularizarse entre los sectores más conflictivos de la sociedad británica, entre ellos los aficionados radicales del fútbol, conocidos popularmente como hooligans.

Estas bestias comenzaron a usar sus prendas como su uniforme no oficial para poder camuflarse de la policía y pelear en los estadios aparentando ser ciudadanos con un alto poder adquisitivo.

La magnitud del problema alcanzó niveles tan extremos que la mayoría de los locales de hostelería y clubs nocturnos de todo el Reino Unido colgaron carteles en sus puertas prohibiendo el acceso a cualquier persona que vistiera estos diseños.

Y claro, esta inesperada asociación con la violencia callejera acabó provocando que los clientes tradicionales de la marca dejaran de comprar sus artículos por miedo a ser confundidos con estos grupos o a sufrir agresiones en los pubs londinenses.

La dirección de la empresa, que en aquel momento estaba bajo el mando de Rose Marie Bravo, tuvo que tomar medidas drásticas, retirando de la venta sus populares gorras de béisbol y reduciendo al mínimo la visibilidad de su famoso patrón de cuadros en todas las nuevas colecciones.

Para contrarrestar esta pérdida de prestigio comercial, la empresa contrató como director creativo al joven diseñador Christopher Bailey con el objetivo de modernizar por completo la línea creativa de la marca, alejándola de las siluetas clásicas que habían sido secuestradas por los violentos.

Y lo consiguió.

Su primera decisión fue reducir la presencia del estampado de cuadros, limitando su uso a menos del 10 % de todos los artículos que fabricaba la marca. Además, eliminó los cuadros casi por completo del exterior de las prendas para esconderlos discretamente en los forros interiores de los abrigos.

También ordenó modificar los patrones clásicos de las chaquetas para hacerlas más ajustadas al cuerpo, evitando los cortes holgados que solían buscar los aficionados radicales para ocultar objetos prohibidos en los estadios.

Por último, subió los precios para dificultar la compra por parte de los hooligans y contrató a actrices y modelos británicas para protagonizar campañas publicitarias que vinculaban la ropa directamente con la alta cultura y el arte. 

 


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